Ejemplos de la vida real

cartomancia
elemental
para aquellos
que tienen
poca información

Había hecho intención de no repetirme con lo publicado en la revista Casi Nada, pero he cambiado de idea pues hay un relato donde se describe en detalle una consulta de Tarot que es muy útil para usar como referencia y metáfora, y como actualmente no es accesible para mí poner los enlaces adecuados en la página de Casi Nada, Volveré a publicar aquí aquel relato, con los enlaces y los naipes ilustrando las tiradas que salieron... Se refiere a una experiencia, relativamente larga, pues se extiende a lo largo de casi dos o tres meses, que me tocó vivir en los comienzos, cuando aún era muy novato con los naipes, debido a que hacía pocos meses que los había descubierto...

Historia de
cierta consulta
en un barco...

IBIZA 1977
El angosto tablón que permitía subir al barco se movía suavemente al compás de las pequeñas olas que el viento rizaba en el interior del puerto de Ibiza.
Enrique se quedó contemplando las letras prolijamente pintadas en la popa, con el nombre del barco: "CALA VIRGILI". Se dijo si no sería preferible llamar a su amigo Carlos desde ahí, y no arriesgarse a trepar por una pasarela tan precaria.
Atisbó en la zona visible del interior del barco, que no era muy amplia, pues estaba amarrado con la popa contra el muelle, y sus 42 metros de largo, más su altura -la borda quedaba muy por encima del borde de visión- hacían imposible divisar la proa, y mucho menos su interior.
Tenía en su poder las llaves de la casa de Carlos, con quien se encontrara la noche anterior, después de algunas semanas de no verse... Celebrando el encuentro, habían seguido juntos, compartiendo el típico trajín de una noche ibicenca: reunión musical en casa del propio Carlos y un variopinto grupo de amigos...
Terminaron de madrugada, recorriendo diversos lúgares, a esa hora bastante concurridos, de los alrededores del puerto...
Cuando llegó la hora de ir a dormir Carlos le había dado las llaves de su casa y le dijo: -Dormí todo lo que quieras. Luego me traes las llaves al barco donde estoy trabajando... De paso te lo enseño, te va a gustar...
-¿Así que trabajás de marinero? No te conocía aún en esta faceta...
Carlos meneó la cabeza negativamente:
-Estamos pintando y reparando un barco viejo. El trabajo no está mal pagado y me divierte hacerlo... ¿lo de marinero? ¡quien sabe..! Ya veremos...
Y allí estaba ahora, parado en el borde del muelle, en puntas de pie, intentando descubrir a alguien a quien preguntar por Carlos, pero sólo se oían voces y ruidos de gente trabajando, localizados fuera del radio de visión.
Se resignó a subir a bordo, pisando con exagerada prudencia los dos metros y pico de tabla lisa sin barandilla, que lo condujeron a la cubierta de popa, atiborrada de cuerdas, maderas, herramientas y objetos diversos, reveladores de una gran actividad.
Claudia se encontraba en el puente superior, junto al timón, cuando advirtió que alguien había subido al barco, por lo que se descolgó ágilmente por una oxidada escalera que le llevó al encuentro del visitante.
-Hola. ¿tu eres el electricista?- le preguntó a boca de jarro, tasándolo con mirada inquisitiva.
Enrique esgrimió el llavero, mientras consideraba perplejo las palabras de la muchacha.
-Pues.. Si, soy electricista... Traigo las llaves... -Suponía que Carlos podría haberle dicho que alguien llevaría unas llaves, pero le extrañó lo de electricista, puesto que no recordaba haberle contado a su amigo de su trabajo en Formentera. No había tenido literalmente tiempo para hacerlo.
-¿Qué llaves? -preguntó Claudia extrañada.
Hacía tres días que esperaba impaciente la llegada de alguien que se ocupara de una puñetera vez de la iluminación del barco... Estaba harta de tener que hacerse cargo de todo, mientras Jean C. , el Capitán, aparecía durante un par de días y volvía a ausentarse otros diez... La última vez le había dicho:
-Sabes perfectamente, Claudia, que no puedo permitir que los carpinteros que reparan la popa del Fuego hagan una chapuza! ¡Después de todo, aquél es NUESTRO barco! Este es solo un encargo de un amigo... Y un modo de ganar algo de dinero para pagar aquel estropicio...! Y tú PUEDES, yo sé, perfectamente! que tú PUEDES hacerlo sin mí..! Ten paciencia, Niña, te lo pido por favor, ya verás como te mandaré un electricista de Valencia antes de mi proximo regreso..- Y había partido una vez más, montado en su poderosa moto, hacía ya más de tres días...
-¿Te manda Jean C. con esas llaves?
-No, no! -Enrique sonrió, comprendiendo que lo confundían con otra persona. -Son las llaves de la casa de Carlos, que trabaja aquí...
Claudia suspiró desalentada. -Ya entiendo... Pasa, lo encontrarás en la proa... -Y desentendiéndose del asunto, volvió a trepar por la escalerilla por la que había venido. Enrique se adentró por la cubierta, descubriendo inmediatamente que el barco era mucho más grande de lo que le pareciera desde tierra... Sorteando cajas y tabiques, descubrió a Carlos en la cubierta de proa, provisto de una espátula y soplete, descascarando una gruesa y maloliente capa de pintura de la puerta que daba acceso a las cabinas de la tripulación. Cuando vió llegar a Enrique lo saludó con una exclamación de bienvenida, mientras apagaba el soplete y salía a su encuentro.
-Hola... Qué te parece el barco... Hace apenas un mes que empezamos a trabajar, y hay para dos o tres meses más, como mínimo...
-Es muy impresionante! He subido a muy pocos barcos en mi vida, y no entiendo mucho, pero este parece un gran velero, ¿no? -Enrique pasaba revista con los ojos a lo que más bien le parecía la escenografía de un film de piratas... - Me da la sensación de estar metido dentro de una postal...
-No es para tanto, che, y todavía no es precisamente un gran velero, puesto que sólo tiene dos mástiles y una máquina enorme, para poder trabajar como carguero, que es lo que fué... Lo han comprado unos franceses para convertirlo en atracción turística, y creo que tienen grandes proyectos con él... Mientras tanto hay que restaurarlo y aquí estamos... Ganando el pan con el sudor...
En el otro extremo del barco, Enrique divisó a la joven que lo recibiera, muy atareada con un bote y unos aparejos.
-¿Y aquélla, quién es?
Carlos sonrió, divertido por el matiz admirativo que captara en la voz de Enrique.
-Se llama Claudia. Es la mujer del capitán. Y la que manda en su ausencia... Yo ya le tengo hechado el ojo, pero es muy dura de pelar... -Carlos se volvió para presentarle a un corpulento individuo que asomaba la cabeza por la borda, trepando desde el exterior del casco.
-Este es Miguel... -y a otro que venía tras de él. -Y este es Santis... Están rascando la pintura del casco... Llegás justo para la hora del descanso...
A los pocos minutos se habían congregado media docena de sudorosos y visiblemente fatigados individuos, en edades comprendidas entre los 25 y los treinta y pico, que acudían a sus respectivas cabinas, bajo la cubierta de proa; alguien arrojó un cubo por la borda y lo extrajo con agua, con la que llenó una palangana y comenzó a refrescarse; otro más allá se mojaba con el chorro de una manguera; reinaba un ambiente de broma y jarana.
-Los muchachos están contentos, porque hoy es sábado y por la tarde no se trabaja. Además, tiene que llegar el capitán con la guita de la semana. Toca cobrar... Bueno, disculpame un momento mientras me cambio de ropa... Enseguida vengo...
Por unos minutos Enrique se quedó solo, absorto con la vista del puerto y su intensa actividad; acababa de entrar un barco de la Transmediterranea, similar al que lo trajese en su llegada a las islas.
El mar reflejaba la luz del sol, quebrándola en escamas plateadas. Era una tarde transparente y luminosa. Se podía ver hasta la línea del horizonte, y si miraba hacia la ciudad, no podía menos de reparar en la multitud de matices refractados por el riguroso blanco con que se pintaba todo...
Desde el muelle, le llegó el sonido de una potente motocicleta que había visto llegar con el rabillo del ojo cuando aún ignoraba que se dirigía al barco. Le había llamado la atención su tamaño y grandiosidad... Para su asombro, el individuo de larga barba que venía trepado sobre élla se detuvo junto al barco y ascendió a grandes zancadas por la pasarela que tanta desconfianza le inspirara al momento de utilizarla. "Debe ser el electricista que esperaba aquella chica", pensó, desviando su atención hacia Miguel, que se había sentado a pocos pasos de donde se encontraba, disponiéndose a leer un libro .
Sus cejas eran tan espesas que casi se unían sobre el puente de la nariz en una sola protuberancia de pelo negro e hirsuto.
-¿sos argentino?- indagó con curiosidad de compatriota.
-Si. Vos también?
Miguel asintió sin decir nada más.
Por unos minutos quedaron en silencio; de la popa les llegaba sonido de voces hablando acaloradamente.
-Ese que llegó recién es el capitán... ¿viste que pedazo de moto tiene?
-¿El capitán? Yo creía que era el electricista...
-¿Qué electricista? -Miguel lo miraba con extrañeza.
-No se.. Uno con el que me confundió Claudia cuando llegué.. Me preguntó si yo era electricista; lo gracioso es que de veras soy electricista... Desde hace un mes, que estoy trabajando en Formentera... ¡soy electricista, nomás! ¡me tendrías que ver pasando cables por las paredes de piedra..!
-¡No jodas! ¿Nada menos que en Formentera? ¿y te pagan bien?
-Cuatro mil quinientas por semana y me ceden un ciclomotor para mi uso particular... -Miguel lo escuchaba muy atentamente.- ... y teniendo en cuenta lo difícil que es encontrar trabajo en esa dichosa isla...
-Pues claro..! Los trabajos que hay se los guardan para ellos, seguro que te recomendó alguien...
-En absoluto!. -negó Enrique. -Este trabajo lo conseguí yo mismo. Fuí y me presenté al dueño del único negocio de electricidad que hay en San Francisco y le pregunté si no necesitaba un instalador. Siempre hay obras en construcción en donde hay que pasar cables... Me pregunto si yo era hippie, mirá vos qué pregunta me hizo...
-Pero de eso te hablaba yo recién..! -Miguel expresaba su vehemencia con ademanes amplios y vigorosos. -Los payeses están en guerra contra los hippies! No los tragan, y no los quieren ni ver, porque se sienten invadidos..! ¿Y vos qué le dijiste?
-Que era técnico y que podía efectuar cualquier trabajo que me encomendara... Total, que me puso a prueba una semana, y ya pronto hará un mes que estoy allí... Es muy buena persona... Trabaja muchísimo por toda la isla... Lo peor hasta ahora fué cuando tuve que ponerme los clavos y subirme a un par de postes de la luz... Hacía viento y el poste se movía un poco... Yo temblaba... Me da vértigo...
-Pues entonces, si tuvieras que trepar al palo mayor para izar velas... Ahí seguro que te acojonás...
En esos momentos, Enrique divisó a Claudia y al sujeto de la moto, que venían hacia ellos; ahora que lo veía más de cerca, percibió que no era tan joven como le había parecido antes: sobrepasaba los cuarenta quizá, aunque la barba siempre engañaba mucho cuando se trataba de evaluar edades... Ella en cambio no aparentaba más de treinta, a pesar de su ropa varonil y su expresión distante y aplomada.
Miguel saludó a Jean C. con ademán cordial y amplia sonrisa que éste correspondió; era un fornido belga de mente despierta que sabía cómo tratar con las tripulaciones, imponiendo su estilo campechano y directo. -Hola, Miguel... -Y dirigiéndose a Enrique: -Quiero hablar contigo. ¿Es cierto que eres electricista?
-Pues si... Casualmente de eso estaba hablando con Miguel...
Jean C. y Claudia se habían sentado en sendos rollos de cuerdas. Enrique se sentía observado por la joven. "esta no tiene un pelo de tonta", se dijo, mientras el belga encendía un auténtico puro cubano. Luego de una pausa pregunto:
-¿Te gustaría trabajar en este barco? Necesito a alguien que haga toda la instalación eléctrica de nuevo, más el mantenimiento de la dínamo y las baterías, que deben cargarse cada día... Habría trabajo para varios meses, incluyendo un viaje a Marsella...
("espero que acepte! -pensaba Claudia- o sino no terminaremos nunca! , ¡venga ya! Jean C. , convence a este tío de una buena vez...").
La llegada de Jean C. con la noticia de que no había encontrado a nadie en Valencia que quisiera venir a trabajar en el barco la había exasperado...
-¡Pero dijiste que ya hoy tendríamos resuelto este asunto! Te digo que no hay nadie en este barco capaz de usar la dínamo, excepto tu y yo, porque el de la máquina...
-¿Qué pasa con el inglés?
-¡Pues que anoche por poco incendia todo, con un cortocircuito! Es un gilipollas que no se entera de nada... Demasiado joven para confiar en él... Entonces ¿qué!? ¡Ya te veo venir: Que te irás a Valencia y me volverás a cargar nuevamente con el fardo eléctrico... A ver: dime cuánto le ofreces a la gente, para que nadie acepte... ¿Es que te quieres ahorrar una paga o qué?
-¡Sabes muy bien que eso no es cierto!
-Pues en este momento, hay en la proa un electricista amigo de Carlos. ¿por qué no le hablas?
-¡Ah, bon! -Jean C. se asomó a la cubierta y contempló desde allí al individuo que charlaba amigablemente con Miguel. -¿Lo conoces? -preguntó, sabiendo que la intuición de Claudia rara vez se equivocaba con las personas.
-Lo ví hace un rato, cuando llegó. Es sudamericano, pero no tiene cara de crío... --Claudia suspiró ruidosa y burlonamente - como los que últimamente tú traes de Valencia...
Jean C. sonrió ante la ironía.
-Pues si Niña. Esta vez tienes razón. Alguien me ha dejado plantado... Pero aquí tenemos otro que a lo mejor... ¡merde! Probemos..!
Y allí estaba el argentino mirando muy serio a Jean C. y diciendo -Hombre! La verdad es que me gusta mucho su propuesta... Me agarra muy de sorpresa, imagínese: yo sólo vine a traer unas llaves y... No se qué decirle... Actualmente estoy trabajando en un buen lugar...
-Te ofrezco seis mil por semana, casa y comida. ¿qué dices a esto? La primera semana de prueba.
Enrique dió un brinco al escuchar la oferta que le hacían. No pudo disimular su excitación, pero preguntó con candor:
-Qué quiere decir "casa y comida"?
-Un camarote para tí y comes con nosotros. Trabajamos de nueve a dos, una hora y media para comer, y luego hasta las siete.
Se quedaron mirándose durante una fracción de segundo, y entonces Enrique dijo:
-Muy bien. Acepto. Necesitaré un día para arreglar mis cosas en Formentera...
Jean C. le ofreció la mano, que Enrique estrechó con fuerza.
-Claudia es la contramaestre de este barco. En adelante te entenderás con élla y será como élla diga. ¿has trabajado en barcos?
-No. pero aprendo rápido, y la electricidad es la misma en todas partes. No tendrá problemas conmigo.
-D'acord! Todo irá bien. Bienvenido al Cala Virgili. Vamos a convertirlo en un hermoso velero de tres palos... y lo haremos navegar después de años de abandono... Hay mucho trabajo por hacer... Bueno. Instálate. Claudia te enseñará tu camarote. Cuando quieras te vas a Formentera a buscar tus cosas... Y luego, a trabajar.
Claudia lo invitó a seguirla con mirada afable. Había desaparecido el deje distante con que lo tratara hasta ese momento. Ahora le hablaba de igual a igual, mostrándole su flamante habitáculo: metro y medio por dos, una litera y una especie de asiento mesa, aprovechando las características del casco y ciertas vigas que cruzaban un sector del camarote. Ninguna abertura al exterior. En cambio disponía de espacio hacia arriba, en forma de estantes y huecos donde poner libros y objetos.
-El lunes, cuando abran las tiendas compraremos colchón nuevo y almohada. Este lo llevas a la proa. ¿tienes sábanas? No importa. También compraremos sábanas. Manta hay en el armario pero no creo que la necesites demasiado. El baño es en la proa: se recomienda usar el cubo, arrojarlo al agua, vaciarlo y dejarlo limpio. La ducha aún no funciona. Si tienes calor te tiras al agua; también hay una bomba que escupe agua de mar con fuerza... ya te espabilarás...
Enrique la escuchaba sin hacer comentarios. Todo le parecía bien.
-Ven. Te mostraré tu lugar de trabajo. - La puerta del camarote comunicaba con un salón mediano, uno de cuyos sectores constituía la cocina; al fondo estaba la puerta de la sala de máquinas: una inmensa mole de hierros, palancas, poleas, engranajes, depositos, etc. que consumía un espacio tres veces más grande que el salón de popa.
-Las baterías hay que cargarlas cada día, pues se descargan por la noche al encender las luces. Toda la instalación está podrida. Tendrás que hacer un cálculo de los materiales que haya que comprar para cambiarla, y si es posible, mejorarla. Falta luz en muchos sitios del barco. Hazte cargo de todo lo que haga falta...
("Esto, más que un trabajo, parece un premio de lotería"). Enrique sentía que le hormigueaba la sangre de entusiasmo.
Claudia había captado el interés que experimentaba Enrique por lo que le mostraba. Había querido confrontarlo con su futuro trabajo temiendo que se arrepintiera, al ver lo anticuado que era el equipamiento, o la insoportable pequeñez de los camarotes, que ella detestaba, cuando los comparaba con los de su propio barco. Pero éste no había dicho ni mu, y cuando lo llevó al fétido tugurio que pomposamente llamaban "sala de máquinas", en lugar de quejarse del calor o la estrechez de espacio, se había quedado como embobado... Bueno. Podía respirar con alivio. Un problema menos.
-Puedes mirar cuanto quieras. ¿Te quedarás a cenar? Ten en cuenta que hoy es sábado y ya no tendrás lancha hasta mañana... Haz lo que te parezca mejor. -y salió, sin esperar respuesta.
Enrique no había vuelto aún de su asombro. De pronto todo sucedía, y él se sentía como un corcho arrastrado por acontecimientos incontrolables y trascendentales. Devolver un llavero significaba cambiar nuevamente el rumbo por completo... Olía a guiso. Recordó que no probaba bocado desde hacía muchas horas. Se encaminó hacia la popa, donde reinaba en esos momentos intensa actividad. Ya todos los tripulantes habían cobrado y algunos se disponían a salir sin esperar la cena, mientras que el resto esperaba la señal de sentarse a la mesa, que no tardaría en servirse en el salón de popa.
Enrique se dirigió a su camarote, entre las miradas curiosas que lo estudiaban sin disimulo. Jean C. y Claudia charlaban en el camarote contiguo.
Se sentó al borde del catre, y se quedó escuchando el ruido del agua que golpeaba contra el casco, produciendo extraños e intrincados ritmos... ("Habrá que empezar a acostumbrarse a esta música..."), pensó, pero no imaginaba que dormiría en esa litera por espacio de casi nueve meses...

tres meses
más tarde...

-Permiso... ¿se puede? -Baeza, el cocinero, introducía su cabeza por el estrecho hueco de la puerta entreabierta de la sala de máquinas, al tiempo que procuraba no derramar el agua de la pava que llevaba en su mano.
Enrique estaba encaramado sobre una maraña de hierros, martillo en mano, instalando un grueso cable que salía por entre las vigas del techo
-Pasá, pasá que en seguida te acepto un mate, solamente me falta un clavo... -dijo, mientras martillaba sonoramente. -Es la madera más dura que he visto en mi vida..!
-¿Es cierto que zarpamos dentro de una semana?- Baeza se cebó un mate, sorbiéndolo despaciosamente, mientras esperaba que Enrique descendiera hasta el estrecho sector que constituía su lugar habitual de trabajo.
-Pues si señor! Así parece... Como mucho en diez días... -Enrique se había sentado sobre un tosco banco de madera, y se dispuso a paladear el mate que le ofrecían. -
-¿Y se puede saber a dónde carajo vamos?-. La cara de Baeza delataba curiosidad mezclada con fastidio, lamentando en secreto tener que abandonar el puerto de Ibiza, lugar que lo había fascinado por completo.
-El capitán quiere aprovechar un turno que se produce en un dique seco.
-¿Eso significa que sacarán este barco del agua..?
Enrique asintió con un gesto de resignación.
-Años sin navegar, amarrado en este muelle, han podrido toda la pintura del casco. Lo van a limpiar y calafatear, que buena falta le hace... Es por eso que hay que ir a un dique seco... Y después... Ahh!! -Enrique suspiró complacido -seguiremos rumbo a Francia... Esto sí que me interesa!
Baeza hizo un gesto de desdén.
-Hablás de Francia como si fuera el paraiso... Y flor de desengaño te vas a llevar cuando conozcas el modo de ser de los franceses...- Baeza se encogió de hombros. No estaba interesado en seguir hablando de su experiencia al respecto.
Por la claraboya entreabierta les llegó nítidamente el familiar sonido de la última barca que salía para Formentera.
Enrique miró su reloj.
-Sólo queda una hora de trabajo. ¿tenés algún plan para esta noche?
-No. Como no sea tomar una cerveza en la proa, con los muchachos... O leer un rato... Así que, ¿un dique seco, dijiste? ¿Y eso dónde será? ¿En Valencia?
-No. El dique seco está en un pequeño puerto a 80 Kms... Se llama Burriana.
-Parecés la Guía Peuser. ¿Cómo te enterás de tanto chimento?
-Porque el capitán habla con su vozarrón, que no tiene secretos, y charla con Claudia, que tampoco hace nada para que no la oigan... Y yo estoy acostado en el camarote de al lado, y me entero... Pero todo esto ya lo han charlado con los otros, en el momento que vos estabas comprando comestibles, casualmente hoy, después del desayuno...
-Y, digo yo... ¿Es cierto lo que me contaron?: que nunca has trabajado en un barco? ¿no tenés miedo de meter la pata y..?.- La mano de Baeza trazó un gesto fatalista de barco que se hunde.
Enrique soltó la carcajada. -¿¿EEehh!! ¿tenés miedo de naufragar? ¡no seas tan pesimista!! ¿me ves cara de Robinson Crusoe? Dale, Baeza! Y yo ¿cómo sé que con un cocinero como vos no nos vamos a morir todos de un calambre en el estómago..? Vení, confesá, que me parece que vos en toda tu vida jamás freiste ni un huevo..! Yo por lo menos, cuando el capitán me salió con lo de hacerme cargo de la sala de máquinas le dije la verdad: ¡que no tenía ni idea..!
Había seguido los pasos de Baeza y se encontraban ahora en el salón de popa al que daban las puertas de los cuatro camarotes, más las dependencias de la cocina, donde Baeza había dispuesto un montón de patatas para pelar.
-...pero cuando Claudia te preguntó si tenías experiencia para cocinar para muchos...-insistió Enrique.
-Si, es verdad! Mea culpa! Yo le dije que sólo había que cambiar la cantidad de arroz... Y le dí a entender que si tenía experiencia... ¿y qué? ¿acaso no comen mejor ahora que con el cocinero anterior? ¡Vos porque sos un hincha pelotas, que te fijás en detalles insignificantes! -Y agregó socarrón: -Y si alguien quiere hechar una mano, yo no me cierro a ninguna sugerencia...- y señalaba las patatas con ademán invitador -Pero ya veremos qué pasa en este barco si a la máquina le pasa algo por inexperiencia del jefe de máquinas... -sonrió recalcando lo que decía -¡O de su ayudante..! ¡Que Dios se apiade de nosotros con semejante ayudante que te han asignado... Un presumido, que -¡como vos y yo!- no ha pisado un barco en toda su vida. Sólo me falta enterarme ahora de que el capitán se recibió por correspondencia y me da un ataque...
-Lo que pasa es que vos no tenés intuición mecánica y crees que todos somos como vos! Seguro que ni tenés carnet de conducir...
-Ni falta que me hace! Ya me dirás, en un barco, para qué quiero un carnet de conducir...
-¡Por eso mismo! Porque no tenés intuición mecánica es que no sabés ni siquiera como funciona el motor de un ventilador... - Enrique sonrió conciliador. -Pero bueno... Yo en cambio tengo muy poca intuición legal. Fijate que hasta hace poco creía que la justicia es justa..!
Baeza rió de buena gana. -Un poco tarde para descubrir algo así, ¿no? Pero quizás tengas razón en lo de la intuición aplicada a las cosas... Mirá si tendré olfato legal que estoy en este barco, trabajando de cocinero... A charco de por medio de...
-De tu buffete de abogado... Y de los problemas de ejercer tan arriesgada profesión en un sitio como Bs. As... Y eso de empezar desde cero, a tus cuarenta y pico...
-¡Así es! Lo que se dice "foja cero absoluto". Podés estar seguro que todas mis cosas están conmigo en mi camarote...
-¡Qué impresionante! ¡Eso es lo que se dice salir corriendo ¿no?
Se quedaron un rato en silencio, pelando patatas, abstraídos, cada cual en su propia historia...
Enrique rememoraba su nombramiento como "Encargado de la sala de máquinas" con que el capitán lo sorprendiera, semanas atrás, cuando le preguntó a boca de jarro "si sabía cómo funcionaba un motor de moto..."
Puesto que Jean C. poseía una Harley Davidson amarrada cuidadosamente en la cubierta de proa, supuso al principio que querría encargarle algun mantenimiento o algo parecido. Le contestó que había manejado un ciclomotor durante poco tiempo y que sólo tenía un conocimiento teórico al respecto... -Y supongo que tu moto es bastante diferente de una "mobylet"...
Jean C. había cambiado bruscamente de tema:
-¿Te has enterado que el inglés se ha marchado hoy?
Enrique se quedó mirando los ojos entre traviesos y ardientes que lo miraban inquisitivos.
-Te refieres al maquinista.
-Si. Necesito un Encargado y creo que tu puedes hacer ese trabajo sin demasiado problema...- Y como si no reparara en la expresión de sorpresa y negativa que irradiaba el rostro de Enrique. -Escúchame. No me interrumpas. El motor de este barco es idéntico al de un ciclomotor... En escala gigante...
Enrique lo miraba pasmado, sin terminar de creer lo que oía.
-Tendrás tiempo de sobra para aprender a controlar y hacer funcionar ese motor. Ven conmigo... -y lo había llevado a la sala de máquinas, para mostrarle en qué consistiría su futuro trabajo.
-Mañana quiero que estés aquí cuando venga el mecánico que se encargará de desarmarlo... Va a calibrar y poner a punto todo lo que hay aquí dentro. Quiero que seas su ayudante y su sombra. Estará por aquí durante unas dos o tres semanas... Tiempo de sobra para hacerle preguntas... Suspende cualquier otra actividad...
-Y qué hago entonces con la instalación eléctrica que me habías encargado?
-Te pondré un ayudante, para que puedas repartirte...
Jean C. se quedó a la espera de un pedido de aumento de salario, pero Enrique lo había contemplado perplejo, y luego había sonreído, diciendo:
-¡Okey capitán! No tengo ni puta idea de cómo funciona este motor, pero me tranquiliza saber que habrá un mecánico que me explique todo lo que yo necesite saber... Y digo yo; ¿qué pasaría si me mareo y no puedo ni apretar el freno?
-Cuando se trabaja, uno no se marea. La responsabilidad hace que no te marees. Pero además serán dos los que estarán aquí. En alta mar sólo hay que vigilar el medidor de gasoil. El motor trabaja solo. Tendrás más tiempo libre que nadie de la tripulación.
-¡Si! ¡Y mayor responsabilidad también..! ¿Cuánto le pagabas al inglés?
-Te diré lo que haré: le diré a Claudia que agregue dos mil pesetas más en tu paga semanal... A partir de la fecha en que me llames para mostrarme que lo has puesto en marcha tu solo sin ayuda de nadie...
Enrique le extendió la mano.
-De acuerdo. Trato hecho, capitán. Puedes contar conmigo.
Y así, se hallaba, a partir de ese día, inmerso en una gigantesca Caja de Pandora: la "Sala de Máquinas", repleta de secretos mecánicos que había que despejar lo antes posible...
La voz de Baeza lo sacó de su evocación.
-Se puede saber en que pensás,? Tenes una cara como si... ¡No sé..!
Enrique meneó la cabeza, restando importancia a las palabras de su amigo. La llegada de Claudia los interrumpió.
-¡¡Eh!! ¿Qué haces, tú, aquí, pelando patatas? ¿Ahora haces de pinche de cocina? - Había abierto la puerta de su camarote, y sin entrar, los contemplaba, divertida. -¡Eh! ¡Baeza..! ¿Te estás apalabrando a alguien para que cocine por tí en tu día de descanso?
-Je, je... Siempre tan oportuna..! -Baeza no se dejaba intimidar por la rudeza de la muchacha- La verdad es que podrías ser un excelente candidato..! ¿vos qué decís? -Ahora era Baeza el que se divertía. -Podrías hacer huevos fritos para todos...
-Pero vos serías el encargado de romperlos, que es tu especialidad...
Todos rieron. Enrique se lavó las manos y mientras se secaba dijo:
-Ahora, hablando en serio. No tengo ningún problema en cocinar algo de cuando en cuando...
-¿Lo has hecho alguna vez? -Claudia lo miraba con ojos calculadores.
-Para tanta gente, no, pero, como dice Baeza... Sólo hay que poner un poco más de arroz en la olla y...
-Vale. Te tomo la palabra. Cada quince días te tocará a tí... Veremos lo que haces...
Baeza contemplaba admirativo la velocidad de reacción de Claudia.
-Acabás de sacar a Claudia el peso de tener que reemplazarme cada siete días...
Pero Enrique pensaba: "Es la única manera de comer algo decente de tanto en tanto, que entre Baeza y Claudia, como cocineros, no sabría con cual quedarme..!
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-...Pero bueno! -Baeza miraba a Enrique con cara de cómplice -¡No querrás hacerme creer ahora que con las cartas se pueda hacer nada... Como no sea jugar...
-Pues en esto estás equivocado! Pero no me extraña que hables así, porque me consta lo difícil que resulta creer, así por las buenas, que las cartas funcionan... La verdad es que yo tampoco creía...
-Pero cómo podés creer en una cosa así? ¿No te das cuenta que es todo pura ignorancia y suspertición?-. Baeza contemplaba la expresión desolada de Enrique con verdadero pasmo. -¿De veras creés? ¿O me estás tomando el pelo..?
-No, Baeza! ¡No te estoy tomando el pelo! Lo que pasa es que no lo conocés, por eso hablás así... Si te tomaras un poco de trabajo en informarte...
-¡Pero qué loco que estás! Acaso te creés que yo estoy para perder el tiempo con chucherías de gitanas engaña bobos!??- Baeza hizo un gesto de conmiseración. -A no ser que me digas que la gitana que te enloqueció con lo del tarot estaba buena... ¡Eso cambiaría las cosas..! -sonreía con sarcasmo.
-Ni era gitana ni nada de nada! ¿Sabés lo que pasa Baeza? Creo que sos algo así como un "bárbaro especialista", de los que se especializan en algo y de eso saben mucho... ¡Pero sólo de eso! Y del resto tenés una vaga idea... -Enrique gesticulaba con vehemencia -Vos te tragaste los años de Universidad de Derecho, y te mamaste todas las leyes... Y por eso te pensás que tenés la verdad con mayúscula... Te falta humildad, viejo, te falta saber escuchar..! ¡En vez de hacer tantas afirmaciones deberías hacer más preguntas..!
Baeza no se dejaba convencer fácilmente.
-¡Huy, no! ¡No empecés con sermones! Una cosa es un montón de dibujos, y otra, que pretendas venderme que con eso se puede adivinar el futuro! ¿Cómo me venís con semejante tontería? ¡Ni el pasado ni el presente ni nada se puede adivinar..! ¿Cómo un montón de cartones va a tener algo que nunca nadie, ni la Ciencia ni nadie, ha conseguido? ¡No me hagas reír che! ¿Me viste cara de boludo?
-No, si lo más loco de todo esto, es que yo, hace unos pocos años, decía exactamente lo mismo... Pero lo que pasa es que he presenciado algunas situaciones realmente impresionantes... Y la verdad es que pasa bastante más de lo que vos te imaginás... ¿Alguna vez te tiraron las cartas? ¿O viste tirarselas a alguien?
Baeza se quedó cortado.
-No. Nunca. En el cine... ¡Ah, sí! ¡En la ópera Cármen!.- Apoyó la barbilla en la palma de la mano y se dispuso a escuchar -con un leve deje resignado, aunque con atención:
-Dale, contá lo que te pasó, pero no me envuelvas con delirios chinos, porque yo... -Lo miró con gesto de escepticismo, como diciendo: "yo no me dejo embaucar"
-No es fácil de contar, porque luego, cuando se está viviendo la situación...
-Cuando se está viviendo ¿qué situación?
-Cuando alguien que sabe, va y te las hecha, y te dice cosas que no puede saber de ninguna manera...
-¿Cómo qué? ¿Qué tipo de cosas? "¿Que te vas a casar?", "Que vas a tener suerte en el amor?"
-¡Hombre! No me digas, que si estás a punto de casarte, y aparece alguien que no te conoce, y te lo dice así sin más...
-¡Bah! ¡Eso es pura casualidad!
-Ya, ya..!- Enrique rió condescendiente- Ya te dije que una cosa es contado y otra muy distinta cuando lo estás viviendo... A mí me adivinaron todo en menos de diez minutos..! Y yo mismo, he adivinado cosas, de la vida de personas a las que nunca había visto antes!
-Pero, ¿en qué quedamos? ¿lo adivinabas o te lo decían las cartas?... -Baeza meneaba la cabeza, como descartando cualquier respuesta.
-Te digo que salen en la tirada! Si uno pregunta, por ejemplo, él y su mujer, y salen cartas de separación, es que están separados o a punto de separarse... En cambio, si salen cartas de amor, es que se entienden de maravilla...
-Pero, ¿no te das cuenta de que puede salir cualquier combinación? En una puede salir que se separa, y a la siguiente, puede salir que se casa...
-Y dale! Vos estás empeñado en imponer lo que a vos te parece, como lo único posible... Si fueras un negro del Africa te resistirías a creer que los blancos tienen radio... Porque: ¿Cömo se va a poder meter alguien en un lugar tan pequeñito, para poder hablar como si estuviera lejos..?
-¡Por favor! ¡No me compares con un negro del Africa que me muero de risa! ¿No ves que es exactamente al revés? Vos sos el negro del Africa, que cree en magias y adivinos... - Baeza lo miraba atentamente: -Pero lo asombroso es que te hayas creído... que algo sucedió de verdad, cuando lo más probable, es que haya sido una simple casualidad..! Un poco inflada para que parezca un milagro..! No sé! Lo veo como un planteamiento un tanto ingenuo... ¿Qué querés que te diga?
-Está bien, por mí podés creer todavía que la Tierra es plana y que el Sol gira en derredor... No hay peor ciego que el que no quiere ver..!
-¡Bravo! Tendrías que haber sido abogado defensor..!- Baeza había agarrado unos naipes de arriba de la mesa, y los examinaba con curiosidad. -Estos parecería que tuvieran más de quinientos años! ¿qué pasó? ¿Se te cayeron en algún lado?
-Si, nos caímos, los naipes y yo, de la higuera... Y si seguimos así, en vez de echarlas sobre la mesa, creo que te las voy a tirar por la cabeza...
Baeza soltó la carcajada.
-¡Eso! ¡Así ya no podré seguir diciendo que nunca me han tirado las cartas..!
La figura de Claudia se perfiló en la puerta, interrumpiéndolos.
Enrique empezó a guardar los naipes, pero Claudia lo paró con un chistido.
-EEhh! ¿Quién lee cartas aquí? Tú? -se había parado junto a la mesa con el brazo extendido, reclamando los naipes para verlos.
-¿Sabes leerlas?
-Si, un poco... Todavía estoy estudiando...
-¿Y las lees bien? -lo apremió con los ojos: -¿Me las leerás a mí? Luego. .. Más tarde...
Enrique percibió la fuerza de esa mujer que lo medía de igual a igual, y que sin dar vueltas, iba derecho al grano. No podía negarse... (también se sentía observado por Baeza, que sonreía con disimulo, divertido por la situación que se planteaba).
-Si. Lo intentaré lo mejor que sea capaz...
-Vale. Esta noche después de cenar, ahora tengo que irme... -y salió sin dar más explicaciones.
La cara de Baeza lucía una sonrisa socarrona.
-Esta yo no me la pierdo por nada del mundo! Ahí te quiero ver! ¡Nada menos que Claudia..!!!
-Finalmente estamos de acuerdo en algo... -Enrique se había quedado pensativo, levemente tocado por la atracción casi salvaje que irradiaba Claudia... -Yo tampoco me la pierdo... Si puedo...
Burriana
El sol caía a plomo sobre la cubierta, castigando los sudorosos cuerpos de los marineros, que maniobraban activamente con las amarras, atentos a las indicaciones que el capitán impartía desde el puente.
Jean C. contemplaba el puerto de Burriana, prácticamente saturado de embacaciones, en su mayoría de pesca, que acaparaban los muelles, sin dejar ningún sitio apto para las necesidades del Cala Virgili... No había más remedio que amarrar junto a un barco carguero, y esperar hasta que tocara el turno de entrar en el dique seco.
Luego de las formalidades de rigor con el capitán del carguero iniciaron la maniobra de amarre, sin novedad. Excepto que no tenía manera de bajar la moto de la bodega al muelle. Tendría que quedarse en el barco hasta conseguir un sitio donde poder operar con la grua.
Claudia lo llamó desde la popa para avisarle de algo que ya sabía: era necesario dar marcha atrás para neutralizar el envión que traían y terminar de acercarse con suavidad...
Presionó la palanca que trasmitía la orden de invertir el giro de la hélice a la sala de máquinas y calculó mentalmente los segundos de inevitable espera... Sabía que los de abajo estaban realizando la maniobra más delicada, que exigía un sincronismo especial, so pena que se parara bruscamente el motor... La máquina tosió de pronto, como estremeciéndose por el esfuerzo, hubo esa sutil pequeña pausa en que el engranaje cambia el sentido de giro, e inmediatamente el agua se encrespó en la popa, mientras el barco se resistía aún a detenerse.
Jean C. esperó sólo unos segundos e inmediatamente dió orden de parar la máquina.
El súbito silencio que sobrevino, le hizo reflexionar en la vetuztez del barco que le tocara comandar "por devolver un favor a un amigo..."
Hubiera preferido poder negarse y no perder tanto tiempo... Tiempo robado a su verdadero amor: un hermoso velero de tres mástiles, anclado en Valencia, aquél si que era un BARCO! ¡no este cascajo! Habrá que insonorizar un poco la sala de máquinas, o los turistas que viajen aquí se quedarán sordos... -
Jean C. hizo una seña a Claudia, quien contestó afirmativamente: lentamente, las bordas de ambos barcos se acercaron hasta quedar sólo separadas por los neumáticos que colgaban en los costados, haciendo de topes.
Jean C. bajó del puente y se dirigió a la popa para verificar la tirantez de las amarras. Hizo un gesto de aprobación a Bermúdez, que había debutado como marinero en la corta travesía realizada desde Valencia... -"Un cascajo tripulado por novatos... ¡Las cosas que hay que hacer en esta vida!" -Se dijo para sí, mientras daba la orden para instalar la pasarela, que permitiría pasar al barco vecino y poder así descender a tierra... Aunque, sin moto, daba igual...
Esa noche, inmediatamente después del postre, Baeza servía el café: una enorme bandeja atestada de pocillos, cucharitas y azucarero, además de la gran cafetera enlozada, -capaz de almacenar sus buenos tres litros y pico de café- y mientras, observaba de reojo los rostros de los comensales, que en número de diez, rodeaban la mesa... Estaba alerta para ver si Claudia insistía en que Enrique le leyera las cartas.
Después del café la tripulación se dispersó; algunos se fueron a sus cabinas, en proa, y otros decidieron bajar a tierra y tomar una cerveza en el único bar disponible..
Claudia había hecho una señal a Enrique para que se quedara.
-¿Qué?! ¿Te atreves a leerme las cartas, o no?
Enrique asintió de buen grado. -Si, si... ¿Prefieres aquí o en el camarote?
-Aquí, aquí! Quiero que Jean C. también escuche lo que salga... Quiero preguntar por el barco y por L'Ascantoir, la compañía francesa que nos paga... Se puede, ¿no?
Enrique había traído sus cartas del camarote, ubicado al lado mismo de donde estaba sentado.
-Puedes preguntar lo que quieras...- Disponía y ordenaba los naipes sobre la mesa, captando al mismo tiempo la mirada tranquila de Jean C. , que fumaba su puro con toda parsimonia.
Baeza se había inventado un pretexto para acercarse y se había quedado parado en la puerta del su camarote, procurando pasar inadvertido.
Claudia se acomodó en su asiento, mientras preguntaba lo que tenía que hacer.
Enrique había extendido una manta de lana sobre la mesa, a modo de tapete, y le indicó la forma de mezclar los naipes, ambas palmas hacia abajo, mientras formulaba la pregunta.
-Quiero preguntar si tendremos éxito con el Cala Virgili... Y también con los que pagan...
-De acuerdo. Primero hare una tirada por ti y el barco.... Según lo que salga, ya veremos... Corta en tres con la mano izquierda...
Luego de solicitar unos números, Enrique dispuso ciertos naipes que extrajo del mazo, formando una cruz ...
Estas fueron las cartas que salieron aquel día a la mesa.
Claudia
consulta por
el barco

           
           
Los naipes no parecieron favorables a los ojos de Enrique, que hizo un gesto de perplejidad.
-La verdad es que no han salido muy buenas cartas de futuro..! - las estudió brevemente-. Las que hablan del momento presente sí que son correctas, y hablan bien de tí y también del barco... Sales representada como alguien con mucha fuerza y potencia y controlas perfectamente tu posición... El barco está representado por el Carro: carta de viaje y de éxito... Y viniendo de una pasado donde ha habido orden, y una actuación responsable. El Emperador también dice que ha habido un correcto uso de la autoridad, esto probablemente signifique que te llevas bien con el Capitán -Enrique lo miró con simpatía, - aunque también podría estar dando buenos antecedentes de la Compañía por la que querías consultar, después de todo éllos son la máxima autoridad...
-Y entonces ¿Dónde están los problemas?
-En el futuro. Se ha dado vuelta la carta de la autoridad, lo que augura conflictos importantes, para peor reforzados con la confusión que incorpora la Luna...
-¿Para cuándo serán esos problemas?
-Yo diria... Que... Primero habrá un viaje por mar... Casualmente es una de las interpretaciones clásicas de La Luna...Y que luego es cuando se plantearán los problemas.... Como por ejemplo, que un trato no se cumpliera, o peor, una pelea con alguien influyente...
-Claudia y Jean C. intercambiaron una mirada con gesto de duda.
-¿Crees que pueda haber problemas con L'Ascantoir..?- Jean C. se adelantó por pocos segundos a la pregunta de Claudia.
-No lo sé todavía... Quizá convenga preguntar por esta primera hipótesis...
¿Por qué dices "primera hipótesis"? ¿Es que hay alguna otra?- Claudia lo miraba con curiosidad y algo de sorpresa.
-Claro, después de todo existen otras autoridades, como el capitán, por ejemplo, o la policia...
-¡Anda, pues es verdad..! ¡No había caído... ¡Venga ya! A ver qué sale- Claudia había recogido los naipes nuevamente, disponiéndose a mezclarlos. -Hazme una por L'Ascantoire.
Baeza no pudo reprimir una semi risa, sofocada inmediatamente, a la que Jean C. se sumó, divertido por el giro que tomaba la situación.
Baeza preguntó: -¿Y quedaría alguna otra posible variante?
Enrique se sentía un tanto cohibido. Lamentaba no tener más conocimientos para entender mejor lo que el Tarot decía. Asintió con la cabeza.
-Sí, quedaría la posibilidad de que el problema con la autoridad significara que perdiera su autoridad con algún tripulante... Después de todo, élla es la que manda en ausencia del capitán...
-¿Y no puedes saber cual variante es la verdadera?
-Volviendo a preguntar por alguna de éllas quizá tengamos más indicios! y dirigiéndose a Claudia: -Piensa en el francés que manda en Marsella... A ver si sale representado con buenas o malas intenciones...
Baeza se había sentado en el borde de la mesa, maravillándose para sus adentros de la desfachatez de Enrique para representar lo que él consideraba una farsa... Se preguntó si Jean C. realmente se lo tomaría tan en serio como aparentaba -bueh, no tan en serio, puesto que se había reído uno minutos antes...- y escrutaba el semblante de Enrique intentando descubrir un indicio, un gesto que lo confirmara en su sospecha...
Enrique había vuelto a pedir cuatro números a Claudia, números que utilizaba para seleccionar los naipes que extraía del mazo.
-¿Cómo se llama el que manda en L'Ascantoir?
-Philip Vernier.
Claudia
consulta por
Philip Vernier

           
           
-Pues aquí lo tenemos -Enrique señalaba la carta que lo representaba: El Papa al derecho.- La verdad es que sale muy bien representado: un buen amigo y un correcto profesional. El hecho de que haya salido dos veces repetida la Justicia, en el pasado y en el futuro, parecería dar a entender que es gente de absoluta confianza... No creo que tengas problemas con este tal Philip, la verdad es que tu también sales muy bien representada: La Rueda es sinónimo de cordialidad, simpatía y buen humor... Da la sensación de que en el pasado se han relacionado en circunstancias muy propicias y agradables... La Justicia es casi casi como un certificado de buena conducta... Evidentemente se ha cumplido todo cuanto se haya pactado hasta ahora... Y aunque parece que habrá una especie de demora, o retraso... -Enrique dudaba, escogiendo las palabras -Quizá haya una desconexión o un momento de espera... Hablo del futuro próximo...
-Hombre, el futuro próximo lo pasaremos en Burriana... Es lógico que no nos veamos... -La expresión de Claudia no denotaba lo que pensaba.
-No, no... El Colgado es un poco más grave que eso... Algún problema habrá, porque si no, tendría que haber salido una carta más inofensiva... Sin embargo, el final es irreprochable: ¡no tendrás problemas con Philip Vernier! Puede que te preocupes un poco pero todo saldrá bien.
-Pero dices que habrá retrasos...
-La verdad es que no estoy muy seguro... Enrique recogía los naipes mientras se decía a sí mismo que tenía que repasar las interpretaciones del Colgado, un Arcano que le resultaba algo más enigmático que otros... Especialmente al revés, en que no recordaba si empeoraba o no su significado...
Baeza, entre tanto, se preguntaba hasta donde serían capaces de soportar una conversación tan disparatada y delirante. Realmente esta gente parecía no tener sentido del ridículo... A no ser que se estuvieran divirtiendo a costa de Enrique, pero no estaba muy seguro de que esto fuera así. Ni Claudia ni Jean C. habían ironizado hasta ahora ni siquiera con la mirada... Para su asombro, escuchó como Jean C. decía:
-Esto elimina a L'Ascantoir como posible causa de problemas... -Miró impávido a Enrique. -¿Crees que se puede averiguar algo más?
Enrique sintió que la boca de su estomago se tensaba; se arrepintió de haber sugerido la posibilidad de que Claudia pudiera tener problemas con Jean C. Lo había dicho maquinalmente y ahora advertía que no era conveniente meterse en semejante lio... Entre otras cosas porque sabía que se llevaban bien como pareja... (He aquí un ejemplo típico de cómo interfiere en el lector, la información que cree saber, saboteando su neutralidad al respecto de lo que está leyendo) Por un instante creyó percibir un fugaz brillo en la mirada de Jean C. que atribuyó a un posible descontento de la manera como estaba llevando la consulta con Claudia.
-Sugiero que preguntes tú y la tripulación... -Enrique mantenía su aplomo sin exteriorizar la tensión que comenzaba a embargarlo.
Baeza no perdía detalle. También había captado cierto matiz sutil, de la pregunta de Jean C., que podría traducirse con algo parecido a "cuidado con lo que dices...". Se dijo que tal vez Jean C. seguía el juego de Enrique para no contrariar a Claudia, que por cierto, mezclaba con verdadero entusiasmo...
Nuevamente ciertos números designaron ciertas cartas y Enrique volvió a enfrascarse en la lectura...
Claudia
consulta por
la tripulación

           
           
-Bueno. No cabe ninguna duda de que el conflicto es con la tripulación... Vuelve a salir el Emperador al revés en el futuro próximo, junto con la Torre al revés... ¡Como presagio no podría ser peor! Parecería como que tendrás que tratar con gente un poco necia y con algunas artimañas que te harán enojar mucho... La tripulación sale descrita por el Mago al revés... No creo que hable de TODA la tripulación, claro... -miró de reojo la cara de Baeza que traslucía su incredulidad sin ningún disimulo -Quizá sólo se trate de algún pícaro, que te hace alguna trastada....
-¿Yo, aquí, soy el Diablo?¿ -Claudia miraba el naipe con gesto desdeñoso.
-Es la carta que te representa, si.- Enrique se sentía aliviado interiormente, porque el resultado de la tirada, con ser muy malo en sí, había supuestamente "eliminado" la hipótesis por la cual pudiera ser Jean C. quien se peleara con Claudia...
La voz de Claudia traslucía un deje de fastidio.
-No eres demasiado concreto que digamos... ¿Siempres es tan impreciso el resultado? ¿No puedes decirme con quién tendré problemas "de autoridad"?
Enrique negó con la cabeza.
-Ojalá estuviera aquí mi maestra... Ella seguramente te diría muchísimo más... -Comenzó a guardar los gastados cartones. -Me temo que no habrá más remedio que esperar a ver qué pasa y con quién...
-¿Cuánto tiempo?
-No más de dos meses... Digamos mes y medio... Pero esto no significa que necesariamente tengas que caer en un problema con nadie... Si estás alerta puedes prevenirlo y que no suceda...- dirigiéndose a Baeza -¿No quedó un poquitito de café..?
Jean C. aprobó con la cabeza -Es una buena idea... Yo también tomaré... ¿Un mes y medio has dicho? Es lo que tardaremos más o menos en llegar a Marsella... Ya veremos para entonces si sabes o no sabes de naipes... ¿Desde cuándo te dedicas a esto? No imaginaba que con la electricidad se tocaran estos temas...
Todos rieron. Baeza soltó una carcajada desde el sector donde se encontraba, preparando café.
Enrique también rió, de mala gana, porque sentía que no estaba satisfecho con su interpretación.
-Lo que se dice conocerlo, lo conozco desde hace un año y medio, pero que lo estudio... poco más de nueve meses... Todavía estoy verde... Aún me falta mucho por aprender... En Bs. As. está absolutamente prohibido... No existen libros, ni siquiera venden los naipes... Estos me los hice yo mismo, pegando un poster francés que alguien me trajo... Mi maestra decía que así y todo, en esta época de imprentas y láminas, era muy bueno hacerse uno su propio mazo... Está más cargado de vibraciones...
Baeza acababa de depositar la bandeja con los pocillos y las cucharitas.
-¿Ahora a la grasa de las manos la llaman vibraciones..? ¡cada día que pasa aprendo algo nuevo..!
El olor del café inundó la "Cámara de Popa".
Jean C. sonreía divertido mientras se servía una taza humeante.
-En mi país, y creo que en Francia también... Venden tarots en los estancos de tabaco, en las librerías... Pronto podrás comprar El Tarot de Marsella, en la propia ciudad de origen....
-Ya me lo habían dicho... Estoy deseando llegar a Marsella... -Enrique bebía su café con pequeños tragos, lamentando que Baeza no fuera más exigente a la hora de calcular las cantidades: estaba demasiado cargado y muy amargo. -Al menos tú y Claudia conocen el Tarot... Pero lo que es éste... -señalaba a Baeza, que reía sin poder disimular lo que pensaba de todo lo sucedido.- Este viene del campo... Lo único que conoce es el mate y el asado...
-Y a mucha honra, che! Pero no te pongás melodramático que sólo estoy haciendo broma...
-Sí, broma... ¡Las grandes verdades se dicen en broma..!
-¡Es al revés: las grandes bromas se dicen como si fueran verdades...! Mirá si no los Hare-Krishna...! Pero bueno. En fin. Como dice el refrán: cada loco con su tema...
Claudia y Jean C. , reían calladamente, cogidos de la mano, mientras Enrique y Baeza jugaban su inagotable ping-pong de palabras sin conseguir ganar nunca del todo al oponente...
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La descripción anterior quedaría incompleta si no contara qué pasó luego...
Esta fué una experiencia excepcional, puesto que yo estaba metido dentro de la historia... Había tomado nota de las configuraciones en mi cuaderno, sabiendo que tarde o temprano las necesitaría... Y así fué.
Los trabajos de reparación del barco se hicieron más rápidamente de lo calculado, con lo que llegamos a Marsella antes de lo previsto, en vísperas de una fiesta nacional, y todo el mundo había decidido irse de vacaciones, aprovechando el buen tiempo; las oficinas de la Cía. L'Ascantoir estaban cerradas, pues no había nadie.
A nosotros se nos debían las últimas tres semanas de paga, y Claudia, para acallar el descontento de la tripulación, había prometido que se nos pagaría "no bien llegáramos a Marsella"...
La razón de todo este lío había sido que Jean C. , en lugar de ir con su moto (a Marsella), a buscar el dinero de las pagas, se había quedado trabajando en Valencia, pues su propio barco estaba en reparación y habían surgido problemas imprevistos donde había que tomar decisiones que nadie más que él podía tomar. (esto es lo que él decía).
Así pues, en lugar de salir por las noches a tomar cerveza al bar del puerto, nos habíamos tenido que resignar a "tomar mate" en la popa, escuchando siempre los únicos tres casetes que había a bordo...
Los tripulantes más jóvenes, -yo secretamente los llamaba "El Cuarteto de Burriana", parodiando la famosa novela de Durrel...- eran los más traviesos e inquietos... y también los que más se quejaban del retraso en cobrar...
Al llegar a Marsella, y puesto que no nos esperaban aún, los funcionarios de Prefectura o Aduana, sólo Dios lo sabe, nos habían hecho amarrar en el muelle más remoto del puerto, hasta que se decidiera dónde sería nuestro lugar de amarre definitivo... Así que había que caminar al menos una hora, para poder salir a un barrio, donde tomar un café costaba cinco veces más que en España...
Para colmo, Jean C. , al día siguiente que llegamos, había salido pitando con su moto y no habíamos vuelto a tener noticias de él...
Finalmente, el descontento se convirtió en motín al estar por cuarto día consecutivo en Marsella, sin que nadie diera señales de vida con respecto a nuestra llegada... Así pues, los marineros se enfrentaron a Claudia y le dijeron que no harían ningún trabajo más hasta que les pagaran lo que se les debía... Con lo que una parte del trabajo de pintura de la cubierta, aún pendiente... Se quedó por hacer...
Yo sabía que Claudia no tenía la culpa de lo que pasaba, porque la había acompañado varias veces, en sus intentos por localizar a Philp Vernier, quien se hallaba ausente de Marsella y "hasta que no regresara..." no había nada que hacer.
El problema con la tripulación fué muy grave.
Fueron días de gran tensión, pues todo el mundo andaba con cara de perro.
Conmigo también se enojaron, porque no quise plegarme a la huelga, pero yo sabía que "dejar el barco a oscuras" por las noches hubiera sido demasiado terrible para Claudia, y personalmente estaba en desacuerdo con semejante actitud, pues me constaba que era verdad lo de que "élla no tenía la culpa por tener que esperar...". Supongo que en el fondo, ellos no le perdonaban que algunos días los hubiese hecho trabajar con cierto rigor -Claudia tenía mucho genio, a la hora de dar órdenes- y ahora se desquitaban desobedeciéndole...
Ocho días permanecimos allí, -casi se agotaron por completo las provisiones de la cocina!- hasta que llegó finalmente Philip Vernier, acompañado de su secretaria en un lujoso automovil. Cuando Claudia lo vió llegar salió a su encuentro y se lo llevo aparte, obviamente para informarle de la situación...
Finalmente nos reunieron a todos para decirnos que cobraríamos inmediatamente todo lo que se nos debía... Hasta el día que se inició el motín... Y que al día siguiente todo el mundo debía abandonar el barco... (excepto yo, que me ofrecieron quedarme como cuidador porque conocía la máquina, y me necesitaban... pero eso es ya otra historia...).
(y poco tiempo después supe que Claudia y Jean C. se separaron como pareja, luego de que élla se enterara de que él tenía una amante en Valencia...).

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Hasta aquí, lo que se publicó en Casi Nada.
La verdad es que como consulta al Tarot fue bastante tosca y simplona, pues se quedó en apenas un mero planteamiento, que no fue desarrollado en ninguna de sus posibles vertientes... O sea, las lecturas fueron claramente insuficientes y poco descriptivas... Propias de un lector muy novato, que es lo que yo era por aquel entonces...
La primer consulta de Claudia preguntando por el barco, -como empresa, proyecto, para ver sus posibles resultados-, implicaba tácitamente a Jean C. en la pregunta, pues Jean C. era el Capitán, es decir, la persona más importante relacionada con el barco... Así pues, si Claudia, en vez de consultar por algo, (el barco), hubiera preguntado desde el comienzo por Jean C. , se habría sabido enseguida y fácilmente de quien se estaba hablando en el pronóstico...
Ahora que ha pasado el tiempo y se conoce el desenlace de aquella situación, la salida del emperador al revés en el futuro parece de una claridad y simplicidad meridianas... (al derecho, en el pasado significa unión, compromiso, acuerdo y al revés en el futuro... pues exactamente lo contrario...)
En aquella época, conciente de mi falta de experiencia, me había planteado no utilizar las cartas del consejo pues temía no saber qué decir al llegar a éllas (ya me había pasado anteriormente) y la presencia de espectadores muy críticos (el cocinero) me obligaban a ser cauteloso y no hablar de más...
Este es un asunto importante a tener en cuenta: cuando hay que leer las cartas, se es mucho más eficiente en la lectura si uno no está implicado en la situación... Incluso ya el hecho de tener amistad o parentesco con el consultante modifica drásticamente la situación de lectura, pues el lector cree saber cosas de la vida del consultante al margen de lo que digan las cartas lo cual deforma su capacidad de captación, restándole objetividad y contaminando muchas veces la respuesta con su opinión...

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NOTA:
El consejo de la Tirada de la Cruz se ha de leer teniendo en cuenta lo que se ha dicho anteriormente durante la lectura... Y valorando al mismo tiempo los dos naipes que lo componen en términos de: "si haces lo que dice aquí... Pasará lo que dice acá...".
Ahora bien, si el pronóstico futuro de la tirada es adverso y el resultado del consejo es "bueno" , se puede valorar en el consejo una alternativa a tener en cuenta para que el mal augurio no se cumpla...
Y viceversa...
Y si ambos terminan bien, se refuerzan mutuamente, etc...
Todo esto siempre referido al tema de la consulta, y no a toda la vida del consultante... La Tirada de la Cruz es una tirada breve, para examinar temas puntuales pero no abarca toda la realidad del consultante. Es imposible con tan pocas cartas semejante proeza, para ello están las tiradas más grandes y los restantes arcanos menores, que no se usan con la Tirada de la Cruz...

Hay muchas preguntas que no tienen una respuesta clara... ¿Podría Claudia haber evitado el motin de la tripulación si hubiese tenido una respuesta explícita al respecto? ¿Podría haberse evitado el final con Jean C. si hubiese captado el aviso subyacente de aquel Emperador al revés..? Antiguamente, cuando llegaba la peste a un poblado... Se morían muchos y ese era el destino de las epidemias... Hasta que se descubrieron los microbios y luego las vacunas y ahora ya no existe la amenaza de un destino tan duro... El conocimiento permite no ir a ciegas... Tomar conciencia significa captar la realidad sin autoengaño ni error, y obrando en consecuencia, encontrar la manera más adecuada o correcta de actuar... Muchos accidentes imprevistos podrían evitarse si se enfrentara uno a las situaciones de riesgo en verdadero estado de alerta!
A medida que uno va descubriendo diferentes modos de ver las situaciones en que se implica, más posibilidades tiene de no meter la pata y salir airoso... Pero cuando uno está metido en algún lío, a veces necesita luz exterior para clarificarse...
El Tarot es una formidable caja de Pandora, que se va destapando a medida que uno lo va descubriendo... Aparecen palabras como "evolución", "trasmutación" -del plomo en oro, según los alquimistas-, "Conciencia" -se supone que de sí, cosa peliaguda donde las haya!- y sin olvidarnos de "clarividencia", o "adivinación de cosas del pasado, presente y futuro de quien haya mezclado...".
La Cartomancia "describe" todo este asunto, y hasta ahora la ciencia ha pasado olímpicamente de investigar o verificar de qué se trata... Ya creen saberlo antes de mirarlo, con lo que, cuando lo ven, suponen que ya saben lo que es...
La primera vez que yo reparé en el tarot fue poque me quedé mudo de asombro ante lo que estaba oyendo decir a un desconocido, sobre cosas que estaban sucediéndome ese mismo día...
El asombro, la sorpresa, especialmente si uno es un escéptico verdadero e incorrupto por la ilusión o la fantasía, o carece de la ingenuidad de los que creen en los ángeles, y sabe con la certeza que da la cordura, que aún no se ha podido capturar ni un solo ángel que permita a la ciencia dar un brusco salto adelante en la búsqueda de la Verdad...
En fin, digamos que con personas que funcionan en esta frecuencia, cuando el tarot funciona, la expresión de la mirada y en general toda la cara, parece como si estuviera mirando a un marciano recién bajado de un ovni...

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