Curso de formación Vocal y Auditiva |
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ESCUELA UNIVERSITARIA
FORMACIÓN del PROFESORADO
‘AUSIAS MARCH’
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| 0. Introducción |
La Formación Vocal y Auditiva, desde el punto de vista del quehacer artístico, constituye un único sistema funcional que incluye una educación para la percepción auditiva y una educación para el canto: ambas son elementos fundamentales para una educación musical en un sentido amplio y global, tal como se contempla desde la nueva ley de educación (LOGSE). No se debe olvidar que la música se percibe enteramente mediante los procesos auditivos; a través de ellos y de la educación musical, se han de desarrollar la capacidad musical y las diferentes habilidades (o destrezas) que la constituyen.
Así pues, este curso asume desde el principio
que la audición es la función básica y fundamental
de la conducta musical, y que está presente en un alto grado en
todas y cada una de las habilidades musicales que el niño desarrolla,
tanto si ésto ocurre durante la primera infancia de un modo holístico
o integrado, como durante la etapa primaria cuando el niño va siendo
progresivamente capaz de discriminar los diversos parámetros auditivos
y musicales. Por lo tanto, un objetivo esencial a la hora de planificar
o elegir un tema o una actividad es tener siempre presente el tipo de habilidad
que se quiere potenciar desde el punto de vista auditivo (p.e., la memoria
auditiva, la discriminación de timbres y de sonidos naturales del
entorno, la percepción del tono o de la intensidad, etc.).
Desde una perspectiva evolutiva de la conducta
vocal (lenguaje y canto), la percepción auditiva y el control del
gesto vocal aparecen estrechamente relacionados en el hombre, y constituyen
capacidades innatas que, al igual que otras actividades de la mente humana,
son susceptibles de ser educadas y desarrolladas de un modo hábil
y conveniente.
El canto es una actividad altamente perfeccionada que requiere grandes dosis de esfuerzo, tiempo, energía y concentración (no obstante, algunas personas son capaces de desarrollar una conducta vocal extremadamente eficiente de forma aparentemente natural y sin una preparación técnica: ésta actividad les resulta evidente en sí misma, es decir, saben cantar sin tener ningún conocimiento acerca de su instrumento). Hablar, en cambio, resulta mucho más sencillo. Hablamos desde los 3 años y una gran parte de nuestra actividad social y cotidiana se lleva a cabo mediante el habla. Sin embargo, cuando la persona que habla lo hace ante una audiencia y sale de los parámetros normales de la conversación, las condiciones respiratorias y vocales se ven alteradas por la vehemencia del locutor y por las condiciones acústicas y ambientales, y se acercan de este modo a las que se dan durante el canto. Aprender a escuchar nuestra propia voz y a mejorar nuestro control sobre ella, es desarrollar la sensibilidad auditiva y unos hábitos correctos de salud y conducta vocal, especialmente si tenemos en cuenta la futura labor educadora del profesor, mediada principalmente por el habla.
No es el objeto de este curso formar cantantes para que, a su vez, formen a otros cantantes, sino formar educadores que han de desplegar y transmitir la enseñanza de la música como una materia más del curriculum ordinario que todas las personas tienen el derecho de recibir. Y, al mismo tiempo, hacerles conscientes de que la voz es una herramienta y un instrumento poderoso, de que con ella se afirma, se niega, se pide, se concede, se ríe, se llora, se halaga, se ama, se engaña, se aprende, se comunica el pensamiento, se canta, se contrastan las opiniones y las ideas,... durante muchos miles de años, hasta la aparición de la escritura, la tradición cultural de los pueblos se transmitió de generación en generación y permitió que las sociedades prosperaran.
Un último objetivo, y quizá el principal,
del presente curso, es concienciar a los futuros educadores especialistas
en música de que la voz cantada es la habilidad musical más
natural del niño y el recurso más accesible de que dispone
el profesor, pero no necesariamente el más sencillo o el más
simple, y hacerles evidente que la voz puede y debe ser educada.
| 1. FUNDAMENTOS de la PERCEPCIÓN AUDITIVA |
En el caso de la audición, en cambio, existen al menos 6 estaciones de relevo neuronal desde la cóclea (oído interno o caracol, en donde se transduce el impulso mecánico generado por las ondas de presión que llegan al oído medio en impulsos eléctricos que viajan hacia el córtex) hasta su destino cortical final .
El sistema auditivo es, en efecto, más complejo. Sabemos por estudios en animales que algunos componentes de la señal (p.e., la intensidad y la duración) son disociados y tratados en forma diferente desde las primeras estaciones (KONISHI, 1993). Parece ser que la cóclea actúa al modo de una mesa de mezclas altamente sofisticada, que analiza, recompone, y codifica, la información sonora, para su posterior interpretación a nivel cortical. A este nivel, al igual que en el caso de la visión, existen una variedad de áreas dedicadas a funciones auditivas específicas relacionadas con esta interpretación (p.e., localización del sonido, decodificación de la frecuencia, decodificación del habla, o vocalizaciones específicas de la especie).
A la hora de abordar en edades tan tempranas como
los 2 ó 3 primeros años de vida la descripción de
los procesos neurológicos y mentales que están aconteciendo
en el cerebro de un niño — en nuestro caso procesos auditivos “centrales”
—, hemos de considerar necesariamente sus respuestas (motoras, vocales,
o incluso autónomas) a estímulos que se presentan en la modalidad
auditiva. La modalidad auditiva incluye principalmente dos tipos de procesos
cognitivos: lingüísticos y musicales.
De la observación de estas “respuestas”
y de conductas espontáneas que aparecen durante el desarrollo en
amplias muestras de población, inferimos diferentes períodos
o “momentos críticos” del desarrollo neurológico infantil.
En nuestro caso, parece que el desarrollo referido al lenguaje y el referido
a la música siguen “rutas” diferentes desde muy temprano, aun cuando
muchos momentos parecen coincidir. Además, es importante tener presente
que algunos parámetros acústicos , como p.e. la frecuencia
fundamental (f0) son utilizados en ambos procesos. La frecuencia fundamental
está directamente implicada en la percepción — y, por supuesto,
también en la producción, puesto que realimentamos nuestras
producciones mediante la audición — del tono, del intervalo, la
melodía, las vocales y la entonación o melodía del
lenguaje (prosodia).
Estos dos procesos constituyen dos códigos
muy diferentes, aunque también estrechamente emparentados . Un código
representa un sistema complejo y articulado capaz de transmitir información
en diversos grados y a diferentes niveles, sistema que ha de ser necesariamente
aprendido con objeto de alcanzar una competencia efectiva que permita interaccionar
con otros individuos sobre la base de convenciones pre-establecidas. Hablar,
p.e., no es producir sonidos aleatorios indiscriminados, sino utilizar
las convenciones fonológicas, articulatorias y sintácticas
propias de un determinado idioma y, además, utilizarlas correctamente
para expresar acontecimientos del mundo, nuestros propios pensamientos
o eventuales pensamientos de los demás. Del mismo modo, ser musicalmente
competente implica conocer unas reglas básicas instrumentales y
procedimentales (técnica) además de criterios culturales
y formales (estilos y formas) propios de una determinada sociedad o grupo
social, y además combinar todas estas destrezas para producir obras
social y culturalmente “reconocidas” como tales.
Así pues, hemos de centrarnos en la observación
de la competencia que el oído humano va adquiriendo en los primeros
años de vida, para comprender la naturaleza de los cambios centrales
que están aconteciendo, y que sirven de base (o substrato) a dicha
competencia. Al observar una respuesta “nueva”, más compleja, o
perteneciente a un nivel superior en una determinada jerarquía,
podemos estar razonablemente seguros de que la estructura que la sustenta
está ya desarrollada.
En las personas sin conocimientos de música, su hemisferio derecho es predominante en la percepción de melodías. En cambio en los músicos (que perciben tanto global como analíticamente), lo es el hemisferio izquiedo. Para el ritmo, en cambio, parece ser el hemisferio izquierdo el gestor principal. Según qué tareas, esta lateralización varía. Según el modo de presentación de los estímulos, también; y, por supuesto, también según los sujetos.
Por otro lado, la enseñanza de la Música ha recobrado buena parte del prestigio del que ha gozado durante las épocas de mayor esplendor cultural (p.e. la Grecia clásica o el Renacimiento), épocas en las que siempre ha estado presente en la educación y en las que ha sido considerada como una de las facultades más elevadas del ser humano. Las últimas décadas de nuestro siglo han asistido a una reforma educativa en los países desarrollados que ha devuelto al arte la categoría intelectual que merece dentro de las habilidades humanas. Como consecuencia, el curriculum obligatorio de estos países incluye ya a la música como una asignatura más en la formación de las personas.
La habilidad musical es, además, una habilidad “poco ortodoxa”, es decir, presenta mucha variación entre los individuos, incluso entre los que reciben la misma instrucción formal: no es lo mismo componer que tocar, o que, simplemente, escuchar. Además, las destrezas que los diferentes instrumentos exigen (y que dependen en alto grado de la práctica) y las características idiosincráticas de cada cultura (con sus diferentes valoraciones) también colaboran a esta diversidad.
Apenas existen personas a las que no les guste la música, independientemente de su formación. La mayoría de personas son capaces de recordar y reproducir una melodía simple. Pero a partir de este punto, la naturaleza de la habilidad musical se torna compleja y variopinta.
1.1. Parámetros Fundamentales del sonido
En líneas generales, la función del oído externo en su onjunto es recoger las ondas sonoras y conducirlas hasta el oído medio. La principal función del aparato auditivo externo, y en concreto del pabellón de la oreja, es la de permitirnos localizar la fuente emisora del sonido. Los recovecos de la oreja contribuyen también a incrementar la intensidad del sonido.
El conducto auditivo externo actúa como una cavidad de resonancia, sobre todo para sonidos de una gama determinada de frecuencias. A través de él, la onda sonora llega al oído medio, cuya misión es la de la transformación del sonido. Esta, es realizada por la membrana timpánica y la cadena de huesecillos; su movimiento originará el vaivén de la ventana oval. Este vaivén produce cambios de presión en el líquido que contiene la rampa coclear del caracol. Estos cambios estimulan las células del órgano de Corti (que se encuentra en esta rampa), las cuales transmitirán la información recibida al cerebro.
Debido a que los sonidos son de tono, timbre e intensidad diferentes, toda teoría de la audición debe tener en cuenta la capacidad del oído humano para discriminar tales diferencias.
Los sonidos de tono grave (baja frecuencia) producen un efecto máximo sobre las células del órgano de Corti cercanas al vértice del caracol, y los sonidos de tono más agudo (frecuencias altas) producen su máximo efecto en las zonas cercanas a la base.
Existe además una organización espacial de las fibras del nervio auditivo. Las fibras nerviosas de cada zona del caracol terminan en su región correspondiente de la corteza cerebral. Se admite que existen dos tipos de corteza cerebral implicados en procesar la audición: la receptiva, que permite una percepción más "grosera", y la interpretativa, responsable de la integración de la sensación auditiva con los conceptos e ideas almacenados en la memoria, permitiendo así un reconocimiento y clasificación del estímulo recibido.
Todo este complejo mecanismo para el reconocimiento del tono en el hombre, sólo es realizable para sonidos cuya frecuencia esté comprendida entre 16 y 18.000 ciclos /sg. aproximadamente; para frecuencias inferiores y superiores, el oído humano no es capaz de procesar, a diferencia de lo que ocurre en algunos mamíferos.
Las variaciones del timbre dependen del número y tipo de sonidos armónicos que acompañan a otro llamado fundamental. Así, cuando un oboe, un violín y una trompeta están dando la misma nota al unísono, el oído es capaz de distinguir el sonido de cada instrumento gracias a que los sonidos armónicos que emite cada uno son diferentes.
Estos sonidos armónicos son capaces de estimular células diferentes del órgano de Corti, y éstas a su vez estimulan diferentes fibras del nervio auditivo, y el mensaje que llega a la corteza cerebral es, en cada caso, diferente.
El oído puede discriminar cambios en la intensidad del sonido desde el susurro más bajo hasta el ruido más intenso posible, que posee aproximadamente 1 billón de veces más energía sonora. Sin embargo, el oído interpreta esta gran diferencia de intensidades aproximadamente como una progresión de 1 a 1.000 .
Esta peculiaridad se formula mediante la Ley de
Weber-Fechner: "para tener sensación de un aumento de intensidad
en progresión aritmética, la fuerza empleada en producir
el sonido deberá ser aumentada en progresión geométrica".
Así, un gran aumento en la energía del soplo de un instrumentista,
por ejemplo, puede verse traducido en un pequeño y casi inapreciable
aumento de intensidad del sonido para el oyente.
Además de la vía de conducción
de impulsos (desde el órgano periférico -- el oído
-- hasta el sistema nervioso central) existe una segunda vía de
sentido inverso, cuya función es principalmente inhibidora. Ello
permite que una persona dirija su atención a sonidos de una determinada
calidad y que excluya al resto, inhibiendo las fibras nerviosas que envían
impulsos que en ese momento no interesa o no se desea recibir.
El oído humano establece “categorías”
o límites dentro de los cuales agrupa diferentes variaciones de
una misma señal. P.e., la consonante /p/ en todos los modos que
pueden producir todos los hablantes de un mismo idioma; o incluso, en el
caso de este fonema, en todos los idiomas del mundo. Este fenómeno
se conoce como PERCEPCIÓN CATEGÓRICA AUDITIVA.
La percepción categórica auditiva
nos permite reconocer múltiples variaciones de una misma señal,
agrupar estas variaciones en unidades mayores (sílabas), segmentar
estas unidades o agruparlas para identificar palabras, y por tanto, reconocer
y discriminar todo tipo de matices lingüísticos y acústicos.
También reconocemos de este modo (por ejemplo en el caso de los
músicos) como una determinada nota musical (p.e. SI bemol) todas
sus versiones mal afinadas o “desafinadas”.
El aprendizaje categórico no está
restringido a los sonidos del habla. Es aplicable también a otros
eventos acústicos:
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CUTTING & ROSNER,
1974; HARRIS & SIEGEL, 1975
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BURNS & WARD,
1973; SIEGEL & SOPO, 1975; MILLER et al., 1976; BURNS & WARD, 1982
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LOCKE & KELLAR,
1973
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CUTTING & ROSNER,
1974
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| 2. FUNDAMENTOS de la PRODUCCIÓN VOCAL |
Desde el primer año de vida, comenzamos a experimentar con todo tipo de sonidos vocales, unos característicamente lingüísticos, y otros musicales y relacionados con la entonación. Experimentos llevados a cabo en el Laboratorio de Bioacústica de Pensilvania confirman que reaccionamos de modo diferente a estos dos tipos de modalidad acústica desde los primeros momentos de la vida. Esta experimentación vocal, conocida como balbuceo a partir del 6º mes, constituye un período fundamental y crítico en la adquisición del lenguaje.
Moog fue uno de los primeros en proponer que el
balbuceo musical y el balbuceo lingüístico no eran exactamente
la misma cosa (MOOG, 1976). Obtuvo algunos resultados de especial interés,
como que el 16 % de los niños de 2 años que estudió,
no cantó palabras pero balbuceó o cantó algo similar
al ritmo y a la entonación de sus pruebas. En su investigación
de unos 500 niños encontró además que "al final del
tercer año todos los niños estaban capacitados para el canto
imitativo", incluso aunque cantaran correctamente sólo algunos grupos
de notas. Su estudio todavía figura como la investigación
más extensa de la habilidad musical del niño de pre-escolar,
e incluía resultados procedentes de más 8000 pruebas y cuestionarios,
tanto a padres como a niños.
La diversificación de las primeras vocalizaciones
de los bebés (llantos y lloriqueos que expresan el bienestar o el
malestar del niño), comienza alrededor del mes 4º, y desemboca
en el balbuceo, que se produce aproximadamente a partir del 6º ó
7º mes, para acabar, unos meses después, pronunciando las primeras
palabras.
Todos los niños (sordos o no) comienzan a balbucear en este momento. El balbuceo se distingue por la aparición de las sílabas, o, dicho de otro modo, la alternancia de sonidos consonánticos con sonidos vocálicos. Continúa evolucionando hasta los primeros meses del 2º año, y en ocasiones coexiste incluso con las primeras palabras comprensibles. JAKOBSON formuló en 1941 la idea hoy unánimemente aceptada de que el balbuceo ha de concebirse como un ejercicio aleatorio de todos los sonidos posibles en todas las lenguas. Junto con este “juego” de experimentación — y desde el primer momento — aparecen vocalizaciones claramente musicales, a las que Moog llamó “balbuceo musical”.
2.1. El Hemisferio Izquierdo y el Lenguaje
El sonido es un fenómeno puramente mecánico producido por vibraciones físicas. El oído externo reúne y envía las ondas sonoras al tímpano provocando su vibración. Estas vibraciones resuenan en los huesos del oído medio (ver Tabla 6.08) que conectan con el canal coclear (cóclea o caracol) y ahí es donde las vibraciones se transforman [transducen] en impulsos eléctricos. Después, estos impulsos viajan a través de diversos haces de vías hasta llegar al córtex auditivo. Las células del córtex auditivo responden a diferentes características del sonido: algunas neuronas responden al tono, otras al volumen, y otras a la procedencia.
A partir de aquí, el proceso es similar
al de otros sentidos. Determinadas neuronas empiezan a codificar los diversos
fragmentos de una información sonora. En el córtex se reinterpreta
la entrada auditiva, y se le da un sentido y un significado en los niveles
más altos del procesamiento. Los humanos, procesamos la música
como tal en estos niveles superiores de la percepción. El proceso
es el mismo para todas las fuentes de información que llegan a través
del oído, incluyendo el lenguaje, que posee sus propias áreas
especializadas localizadas en el hemisferio izquierdo en el 99 % de las
personas diestras y en el 66 % de las zurdas.
El reconocimiento de la supremacía del
hemisferio izquierdo para el control del lenguaje, no obstante, hubo de
esperar a que P. Broca le diera confirmación experimental por medio
de la observación post mortem del cerebro de un paciente afectado
de un trastorno en la articulación del lenguaje. En abril de 1861,
aportó la primera prueba científica de la relación
entre una región del córtex y una función cerebral,
a saber, el área de Broca en el hemisferio izquierdo. Algo más
tarde, en 1863, informó de 25 casos de alteraciones en el habla
con lesiones en el hemisferio izquierdo; en todos, excepto en uno, la lesión
incluía la 3ª circunvolución frontal. En 1865 publicó
su trabajo más conocido, en el que establece la dominancia izquierda
para el habla.
La Música y el Lenguaje pueden considerarse
como dos códigos diferentes de comunicación (que en el canto
se entrelazan para constituir un código común), como dos
sistemas formales elaborados capaces de transmitir una información
y unos valores culturales, sociales, emocionales e intelectuales. Desde
los años 50, en que Chomsky expuso por primera vez sus tesis innatistas
y estructuralistas acerca de la adquisición del lenguaje, se han
hecho propuestas similares en relación con la música, en
especial en lo que atañe a la herencia biológica y a la sintaxis.
Estos estudios se han visto apoyados también por enfoques culturales
y antropológicos.
Hoy día, poseemos más información acerca de un origen o de un posible substrato común a ambos, a partir de estudios de casos de lesiones cerebrales que afectan a ambas capacidades, a la vez o por separado.
La complejidad de la adquisición del lenguaje escapa a menudo a nuestra atención, en tanto que se trata de una habilidad cotidiana desde nuestros primeros días. La habilidad musical, en cambio, mucho menos frecuente entre la población, nos parece de algún modo, una hazaña o logro por parte de quien la posee.
El lenguaje es el principal instrumento para la
transmisión de conocimientos. El hecho de que tenga su sede en el
hemisferio izquierdo en casi todas las personas diestras, y en 2/3 de las
zurdas, constituye una prueba casi incontrovertible de procesos subyacentes
de origen genético. Además, el procesamiento de esta modalidad
comunicativa prácticamente exclusiva de la especie humana, involucra
determinadas áreas o territorios corticales y siempre los mismos
(hasta donde sabemos) en todas las personas, hablen el idioma que hablen.
Consideremos el circuito auditivo general. Cada cóclea se proyecta principalmente a su hemisferio contralateral, si bien una pequeña fracción de fibras ascienden de forma ipsilateral. De modo que las áreas auditivas primarias y secundarias (áreas 41 y 42 de Brodmann) están presentes por igual en ambos hemisferios, aunque cada una recibe la información de la cóclea del lado opuesto: el cuerpo calloso se encarga entonces de conectar ambos hemisferios y el cerebro integra ambas señales, proporcionándonos la experiencia auditiva.
La cuestión en este punto consiste en que en el córtex del hemisferio izquierdo se localizan varias áreas que no están presentes en el hemisferio derecho (o al menos no poseen las mismas funciones), áreas directa y específicamente implicadas en algunos aspectos del lenguaje; concretamente: en la comprensión (área de Wernicke o área 22 de Brodmann; sita en la parte inferior del lóbulo frontal) y en la producción (área de Broca o áreas 44 y 45 de Brodmann; sita en el lóbulo temporal superior y en el llamado córtex insular) (Ver Tablas 6.07, 6.11 y 6.12).
Las lesiones de estas mismas áreas en el hemisferio derecho no producen los déficits de lenguaje que se observan cuando las mismas lesiones se producen en el hemisferio izquierdo, en donde se han detectado dichas especializaciones funcionales; las correspondientes áreas del hemisferio derecho no poseen, pues, la misma competencia lingüística.
En cambio, una competencia exclusiva del hemisferio derecho parece ser la entonación, tanto del lenguaje hablado como del canto. En sujetos a los que se inhibe uno de los hemisferios con amilobarbital sódico (test de Wada) con objeto de observar el funcionamiento aislado de cada uno de ellos, se dan fenómenos ciertamente curiosos. Por ejemplo, con el hemisferio izquierdo inhibido los sujetos no pueden expresarse verbalmente, pero pueden en cambio cantar canciones con letras; con el hemisferio derecho inhibido, suele ocurrir lo contrario. En los pacientes afásicos se dan fenómenos similares: las lesiones del hemisferio derecho producen un habla monótona, sin inflexiones, conocida como “tipo robot”, pero sin otros déficits de lenguaje; las lesiones del hemisferio izquierdo dañan severamente el lenguaje, pero muchos pacientes siguen pudiendo cantar melodías incluso con letras.
En pacientes a los que se les ha seccionado el
cuerpo calloso para el control de la epilepsia, sus hemisferios “aislados”
se comportan en efecto como dos cerebros independientes, sólo que
el izquierdo sabe hablar y el derecho no (ver, p.e. SPERRY, 1976).
El hemisferio derecho posee sus propias habilidades
especiales, entre ellas la de analizar ciertos aspectos de la música
y de complejos modelos visuales. Las regiones anatómicamente asociadas
a estas facultades no están, sin embargo, tan bien definidas como
las áreas del lenguaje. Incluso en el hemisferio izquierdo, la asignación
de funciones a determinados puntos del córtex es sólo aproximada;
algunas áreas corticales tienen otras funciones además de
las aquí indicadas, y hay funciones que tal vez se efectúen
en más de un sitio. En el hemisferio derecho el área de la
boca-lengua-laringe está también menos diferenciada y se
confunde con la corteza auditiva.
Así pues, en la mayoría de las
personas el hemisferio izquierdo controla casi todos los aspectos del lenguaje;
y gran parte de los musicales (tanto perceptivos como de producción)
en los músicos diestros. El hemisferio derecho controla los aspectos
de la entonación en el canto y los de la prosodia del lenguaje en
la mayoría de las personas; y en personas sin conocimientos musicales
controla también la percepción global de material musical
(contornos melódicos).
No obstante, se pueden hallar casos en la literatura que constituyen una excepción a estas reglas, si bien las causas pueden ser diversas, y permanecen, además, desconocidas. Existen casos de pacientes adultos en los que el hemisferio derecho ha re-aprendido las funciones lingüísticas perdidas después de la extirpación del hemisferio izquierdo. Igualmente, en edades muy tempranas en las que la plasticidad es considerablemente mayor, el hemisferio derecho ha asumido en ocasiones el control del lenguaje.
Los modelos más recientes propuestos en torno al problema del procesamiento cortical del lenguaje datan de finales de la década de los 80 y primeros años de los 90 (MOLFESE, V.J., MOLFESE, D.L. & PARSONS, C., 1983; MESULAM, M., 1990; DAMASIO, A.R. & DAMASIO, H, 1992; MAZOYER, B.M. et al., 1993). Evidentemente, no basta con explicar algunos problemas generales, sino que es preciso formular un modelo (aún inexistente) que dé cuenta de la fenomenología de los trastornos del lenguaje, de su rápida adquisición a edades tradicionalmente consideradas demasiado tempranas (p.e. aprendemos “demasiado deprisa” como para ignorar la existencia de mecanismos especializados que procesen estímulos específicos como los sonidos del habla), que explique el aprendizaje de varias lenguas sin dificultad a edades tempranas y con mucha dificultad a otras edades, etc. etc.
Gracias en un primer momento a los trabajos de Ojemann, de Mateer, y de otros investigadores (p.e., MATEER, C.A., 1983; MATEER, C.A. & CAMERON, P.A., 1989; OJEMANN, G.A. & WHITHAKER, H.A., 1978; OJEMANN, G. & MATEER, C., 1979) que estudiaron el córtex de afásicos y de pacientes bilingües durante operaciones cerebrales, actualmente se ha abandonado el concepto simplista de “dos centros conectados”, uno involucrado en la producción (Broca) y otro en la comprensión (Wernicke), por el de las formulaciones más modernas citadas arriba, que consideran la circuitería lingüística en forma de “redes neurales distribuidas”.
Además de que estos nuevos modelos han establecido también la existencia de otras áreas corticales (área motora suplementaria) y de estructuras subcorticales (p.e., núcleo pulvinar del tálamo) implicadas en el procesamiento del lenguaje, sabemos hoy en día que las áreas auditivas están también “sub-especializadas”, es decir, dentro de cada modalidad sensorial existen sub-áreas dedicadas a diferentes funciones u operaciones.
El lenguaje, que mantiene su primacía como el principal candidato a “vehículo del pensamiento” (cf. VIGOTSKY, 1962; 1968), nos permite preguntar, aprender, escribir, comunicarnos, en definitiva: “interpretar el mundo”, y además hacer estas interpretaciones contrastables (o “falsables”) con las interpretaciones de los demás.
Cuando la voz humana "suena", intervienen en su producción tres tipos de elementos:
La respiración se realiza en 3 tiempos: inspiración, retención (instante casi imperceptible de bloqueo y suspensión del aire), y expiración.
El aparato fonador está constituido por la laringe y las cuerdas vocales
La laringe es la prolongación superior de la tráquea, y se sitúa en la parte baja de la garganta o faringe.. Posee partes duras y blandas. Las primeras constituyen su ‘armadura’ y están formadas por 3 cartílagos (el cricoides, el tiroides y los aritenoides; éstos últimos poseen una especie de prolongación llamada apófisis vocal , en donde se insertan las fibras del músculo vocal (cuerdas vocales). Las segundas, que unen los cartílagos a órganos o estructuras vecinas, le permiten ascender o descender "en bloque". Esto ocurre durante la deglución y cuando se eleva el tono de la voz. Cuando la voz se desplaza hacia el grave y el tono baja, la laringe desciende de un modo natural.
Las cuerdas vocales son dos pequeños ligamentos fijados a la laringe por su borde externo (el borde libre de ambos forma el ‘esfínter glótico’ o glotis) . Están recubiertas de mucosa segregada continuamente desde dos cavidades situadas encima (ventrículos de Morgagny), que , de este modo, las mantienen siempre lubrificadas. Por encima de estos ventrículos, existen otras dos formaciones similares a las cuerdas vocales, las llamadas ‘cuerdas falsas’: se contraen menos que las verdaderas y pueden producir una voz ronca, destimbrada y con poca fuerza si éstas resultan inutilizadas.
Cuando nos disponemos a hablar, cerramos la glotis
y unimos las cuerdas vocales; el aire que sube por la tráquea aumenta
entonces su presión hasta que vence a la ejercida por las cuerdas
y las separa; este fenómeno se repite a muy alta velocidad y produce
la vibración de las cuerdas o sonido, en forma de voz
o palabra. El grupo de músculos que integran el esfínter
glótico, cuyos bordes internos constituyen las cuerdas vocales,
es el que aproxima éstas durante la fonación o contrae la
glotis durante las toses o los esfuerzos vocales.
Dada la íntima relación que existe
entre el cerebro y las cuerdas vocales (el instrumento que ha permitido
el desarrollo del lenguaje hablado en el hombre), éstas son el músculo
de reacción más rápida de todo el organismo.
Las ondas sonoras producidas hacen vibrar la faringe, la rinofaringe, la nariz, los senos paranasales y la boca. Estas cavidades responden al fenómeno físico de la resonancia, ésto es, son capaces de recoger las vibraciones producidas por un cuerpo vibrante cercano y transmitirlas al aire que contienen. La intensidad del sonido producido en las cuerdas vocales se multiplica de acuerdo con las dimensiones de la cavidad del resonador.
La caja torácica y otros órganos son también resonadores y tienen su función en el canto; para la fonación o empleo de la voz sólo se utilizan las vibraciones que ascienden desde las cuerdas.
La nariz, los senos paranasales, la rinofaringe y la laringe son cavidades b. La faringe y la boca lo son móviles. Al hablar o al cantar, transformamos estas cavidades, que se ocupan en funciones digestivas y respiratorias, en cavidades de resonancia: separamos los dientes, bajamos la lengua, separamos los labios, dilatamos la faringe, desplazamos la laringe.El buen uso y el aumento del caudal vocal se obtienen utilizando abundantemente los resonadores y un apoyo firme en la emisión del aire.