En el barrio poblado por los «francos», en las inmediaciones de la Puerta del Río, se edificó la Catedral de Santa María de la Sede o Catedral Vieja. El fundador o gestor de este templo, parece ser que fue el obispo Don Jerónimo, que figura en el «Poema de Mio Cid» y que de 1102 a 1120, se encuentra en Salamanca con los primeros repobladores, acompañando al Conde Don Raimundo de Borgoña y su esposa la infanta Doña Urraca de Castilla, los cuales no serían ajenos a este objetivo.
Los artífices de tan genial obra fueron: Florín
de Poitiers, Casandro Romano, Alvar García, Pedro Pérez (de la
Obra), Juan el Pedrero, Sancho Pérez y Juan Franco, todos ellos
«mestres en jometría» según se denominaba a los arquitectos y
maestros de pedrería en aquella época.
Este templo adquirió gran fama por la robustez y solidez de su construcción; su aspecto era más bien el de una fortaleza, con sus dos torres; la de las campanas, forrada a raíz del terremoto de Lisboa y la llamada «Torre Mocha», forrada también años después, con ocasión de las obras de reforzamiento del Claustro.
El lugar ideal para contemplar el exterior de este templo es el llamada «Patio Chico». Desde allí se vel brazo del crucero que corresponde al lado de la epístola, destacando la descrita «Torre del Gallo», la Puerta de Acre, los tres ábsides románicos con canecillos, cornisas, ventanas con columnas, impostas, ajedrezas y rejas espirales. Todo ello forma un armónico conjunto del más puro arte románico salmantino y uno de los rincones más bellos de la ciudad.
El pórtico de los pies de la nave se halla oculto
por una facha realizada en 1679 por Juan de Setién. Entrando a
la Catedral por esta puerta se descubren sus tres naves,
destacando el severo aspecto de la central, con la doble serie de
5 columnas hasta el crucero, que se alzan sobre zócalos redondos
formados por cuatro pilares agrupados con delgadas columnas; sus
frentes y ángulos están ornamentados con ricos capiteles
románicos.
La construcción de esta Catedral finalizó hacia 1289, durando
las obras alrededor de 150 años; motivo por el cual se explica
que sobre los pilares románicos se alcen atrevidos arcos
ojivales, implicando el cambio de estilo que empezaba a ser
dominante.
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