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Cada día el deportista cuida más su preparación física en busca del éxito en la disciplina que practica, éxito que en todo tipo de deporte se cimenta, genética aparte, en las cuatro bases siguientes:
El entrenamiento serio y riguroso con sus correspondientes
fases de recuperación. La
dieta del deportista debe orientarse de acuerdo con la disciplina deportiva
que practica, debe ser adecuada según la intensidad y frecuencia
del entrenamiento, época del año, latitud geográfica,
como también la talla, sexo y peso. Esto sólo se puede
lograr, de forma ideal, a través de la supervisión de
un experimentado monitor deportivo (entrenador) y un especialista en
nutrición y medicina deportiva (imprescindible). En ningún
caso los suplementos mencionados pueden sustituir totalmente a una equilibrada
alimentación natural basada en las proporciones adecuadas de
los tres principios inmediatos; se debe procurar además una suficiente
ingesta de agua fuera de las comidas. Es muy importante que en cada
ingesta se combinen los alimentos para que estén presentes las
sustancias nutritivas esenciales, tanto los macronutrientes en la proporción
calórica adecuada (proteínas 15%, grasas 25% e hidratos
de carbono 60%), como los micronutrientes (minerales, oligoelementos
y vitaminas) satisfaciendo así las necesidades energéticas
y nutricionales. El ejercicio físico es un trabajo (contracción muscular) para el cual el organismo obtiene la energía necesaria principalmente de tres fuentes o sustratos energéticos: 1¼
La glucosa (a partir de los hidratos de carbono). Dependiendo
de la intensidad y la duración del ejercicio, así como
la disponibilidad que tenga, el organismo utilizará para la producción
de energía unos u otros sustratos preferentemente, dando lugar
a 3 sistemas energéticos. Así, cuando el ejercicio se
efectua a intensidad máxima, el organismo obtendrá la
energía necesaria a través del metabolismo anaerobio
aláctico (ausencia de oxígeno y nula producción
de ácido láctico). La base de este sistema es la obtención
de energía a partir de la separación de los enlaces de
alto contenido energético de una sustancia denominada ATP (adenosin
trifosfato) y de la fosfocreatina (CP). Las reservas totales de ATP
y CP en el tejido muscular son muy pequeñas por lo que la obtención
de energía por este sistema es muy limitada y no va más
allá de 10 - 15 segundos, por lo que es particularmente el soporte
metabólico de los ejercicios de fuerza y velocidad, tales como
musculación, halterofilia, culturismo, lanzamientos, sprints
(100 m. lisos, 110 m. vallas, saltos...). Cuando el ejercicio es lo
suficientemente intenso para no poder ser mantenido más allá
de tres minutos el sistema energético utilizado será el
metabolismo anaerobio láctico (glucólisis anaerobia)
basado en la descomposición de carbohidratos para la obtención
de energía. Su duración es limitada en el tiempo pues
el lactato (uno de los productos finales de la glucólisis), cuando
se acumula en los músculos y en la sangre alcanzando unos niveles
muy elevados origina una fatiga muscular temporal. Los deportistas que
requieran una elevada potencia muscular con una duración entre
15 segundos a 3 minutos (400 y 800 m. lisos, 100 m. natación,
etc.) basarán su aporte energético en este sistema. De
lo anterior se desprende que todo deportista debe conseguir el máximo
nivel de almacenamiento de glucógeno hepático y muscular
para mantener el rendimiento óptimo, ya que una disminución
de los mismos es un factor limitante y contribuye a la fatiga. Además,
debemos evitar la deshidratación y la elevación de la
temperatura muscular durante el ejercicio. La última comida antes
de la prueba debe realizarse 3-4 horas antes y debe ser pobre en proteínas
y grasas, y rica en carbohidratos de bajo o moderado indice glucémico.
Durante el esfuerzo y para ir reponiendo los depósitos de glucógeno
que se van vaciando, sería recomendable la ingesta de bebidas
de reposición energética e hidroelectrolítica,
teniendo en cuenta que para un buen vaciado gástrico y por tanto
la máxima absorción de agua, deben ser isotónicas
o hipotónicas, conteniendo entre un 6% y un 8% de hidratos de
carbono, de lo contrario retrasaran su absorción disminuyendo
el rendimiento. En
el mundo del culturismo y fitness, cuyos practicantes se adaptan a un
régimen dietético más alto en proteínas,
son recomendables repetidas comidas si se desea fomentar una situación
anabólica o de crecimiento que conlleva un balance positivo de
nitrógeno (diferencia entre el nitrógeno ingresado a través
de las proteínas y el eliminado por la orina, heces y sudor).
Hay que tener presente que el cuerpo solo es capaz de asimilar una determinada
cantidad de proteínas por ingesta y que las necesidades proteicas
diarias para un deportista se situan entre 1,2 y 2,4 g/kg de peso corporal
por lo que hay que ajustar bien las necesidades, puesto que parte del
exceso de proteínas no se almacena como tal sino como grasas. Insistir,
finalmente, a todo deportista que se asesore, lea e informe sobre la
disciplina que desea practicar, intentando resolver todas sus dudas.
Recuerde que la cultura en el deporte es tan imprescindible como su
propia práctica. La dietética aplicada al deporte no debería nunca perseguir superar los límites humanos sino solo ayudar a alcanzar el óptimo rendimiento deportivo evitando que este descienda. Una alimentación equilibrada acorde con una actividad física y regular son las mejores garantías de una buena salud física y mental. Si decididamente quiere practicar deporte, utilice tanto alimentos como suplementos de calidad cuya procedencia y composición estén garantizadas. |
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