Tractatus vs Investigaciones Filosóficas
Dionís TC

   Wittgenstein se enmarca dentro de la tradición filosófica analítica, que coge fuerza a principios de siglo, principalmente entre los "positivistas" y aquellos que reaccionan contra el idealismo. La filosofía analítica se centra en el análisis del lenguaje pero fundamentada en su forma lingüística (proposiciones), huyendo del análisis psicológico (como hacían los empiristas ingleses).
   Este análisis se puede hacer en dos direcciones, y en las dos nos encontramos a Wittgenstein, como veremos. El "formalismo" propone un análisis "lógico" del lenguaje científico, se busca un lenguaje (lógico) perfecto que elimine los problemas que se encuentran por el mal uso que se hace de éste. En este marco encontramos al Wittgenstein del Tractatus (conocido por Wittgenstein I).
   El "antiformalismo" parte de de la base de un análisi lingüístico del lenguaje ordinario. Se habla del contexto y de los usos del lenguaje (de las proposiciones y palabras); el intento de evitar las "trampas" del propio lenguaje que son puestas por el mal uso que hacemos de él. Como veremos, aquí podemos encontrar el segundo Wittgenstein, el de las Investigaciones Filosóficas.
   En general, podemos decir que desde la filosofia analítica se comprende que el lenguaje juega un papel muy importante en el pensamiento; pero entendido no como objeto de investigación sino más bien como medio por el cual se pueden resolver la mayor parte de los problemas filosóficos. Así, claramente, en este momento hay un rechazo de la metafísica en el sentido que ésta no aporta conocimiento real, ya que sus proposiciones no aportan significado; por este motivo dirá Wittgenstein al acabar el Tractatus que "de aquello que no se puede hablar, hay que guardar silencio" (T.,7)1.

   Como se ha apuntado, entre el primer Wittgenstein y el segundo hay diferencias bastante importantes; el propio autor, que se había "retirado" de la filosofía escribió las Investigaciones Filosóficas porque encontraba "errores graves"2 en el Tractatus.
   El Tractatus se presenta como una investigación "lógica" y estructurada por tal de construir un lenguaje depurado que permita clasificar el pensamiento, las ideas, huyendo de los problemas filosóficos que no tienen sentido; por esto "La finalidad de la filosofía es la clasificación lógica de los pensamientos. (...) El resultado de la filosofía no son <proposiciones filosóficas> sino el aclaramiento de las proposiciones. La filosofía ha de clarificar y ha de delimitar rigurosamente los pensamientos, que, sino, son, por decirlo así, turbios y borrosos" (T., 4.112). Y esto, sólo lo podemos hacer depurando el lenguaje de la lógica; pues la filosofía "Ha de delimitar lo que es pensable y, así, lo impensable" (T., 4.114). Mediante el análisis lógico podemos conocer lo que hay, pues, detras de la realidad, la esencia del mundo.
   Wittgenstein busca cuáles son los elementos últimos del lenguaje. Esta búsqueda la compartirá con Bertrand Russell, y de ambos saldrá la idea o la teoría del "atomismo lógico". Nos dirá que el lenguaje es una imagen de la realidad, una imagen que "manifiesta" el mundo. Este mundo está fundamentado en los "hechos": "Aquello que acaece, el hecho, son las unidades mínimas, pues, del mundo" (T., 2). Estos hechos son las unidades mínimas del mundo y tienen una entidad lógica, no física. En el mundo, está claro, hay objetos pero éstos por sí mismos no son nada, ya que en el mundo lo que hay son hechos, conjuntos de sucesos; por ejemplo decimos "esto es blanco" o "está lloviendo". De la misma manera que en el mundo lo que es significativo es el "hecho" y no el "objeto", en el lenguaje lo que es significativo son las "proposiciones" y no sus elementos, por esto "Sólo la proposición tiene sentido; sólo en el contexto de la proposición tiene significado un nombre"(T., 3.3). Esto será entendido como la "teoría figurativa del sentido".
   De esta manera, una vez hecha esta estructura, se entiende que se diga que el mundo posea la estructura de la lógica matemática y se pueda estudiar lógicamente. Como vemos, a cada "hecho" (atómico) le corresponde una "proposición" (atómica) que es el "símbolo" del hecho, porque las proposiciones reproducen los hechos ya que tienen la misma forma lógica: "la proposición, a la cual o bien decimos sí o bien decimos no, es la que fija la realidad". (T., 4.023). Wittgenstein dice que no hay pues, ninguna referencia posible al mundo si no hay algún tipo de lenguaje, que está compuesto por proposiciones. Analizándolas y poniéndolas con los hechos, como estructura lógica, podemos entender el lenguaje y al mundo, porque ambos tienen una "forma idéntica", la misma forma lógica.
   Tenemos, así, los elementos con los cuales Wittgenstein intenta clasificar el lenguaje y el pensamiento, enmarcando ahora la filosofía dentro del análisis lingüístico. Mediante las proposiciones, la filosofía podrá decir lo que es o no pensable. Aunque haya proposiciones que en principio no parezcan tener sentido, como son las físicas propiamente dichas, ya que en el mundo lo que funciona es el nexo casual, "fuera de la lógica todo es casualidad" (T., 6.3). Pero por esto buscamos esta estructura porque en el mundo no hay ningún "nexo" y por tanto ninguna "ley" tampoco que pueda explicar netamente lo que sucede.
   De todas manera, para Wittgenstein, las proposiciones que menos sentido tienen vienen a ser aquellas que son "insensatas", las que se refieren a entidades que se sitúan fuera del mundo, como son las proposiciones metafísicas, religiosas, estéticas... porque "refieren sin tener referencia" (T., 6.42); "Las proposiciones no pueden expresar nada más elevado".
   En este mundo lógico formado en el Tractatus no hay lugar, por lo tanto, para "pseudoproposiciones" que no tiene ninguna validez lógica. Las proposiciones lógicas, aunque no están tan directamente relacionadas con el mundo como las de la ciencia natural que reproducen la realidad (y tienen sentido), siempre son verdaderas y muestran la verdad, por esto hemos de fundamentarnos en ellas (vemos aquí el carácter claramente positivista de este argumento). La "forma lógica", pues, es la constitutiva del lenguaje y no puede ser reproducida con "sentido" porque es la que permite el propio lenguaje ("sólo se puede mostrar en la proposición misma").
   Es en este momento cuando no se puede ir más allá de la realidad, cuando entiendo que es lo que es más elevado, huyendo de las proposiciones, por esto, nos dice que "Lo que es místico no es como es el mundo, sino que el mundo es" (T., 6.44). Así, no tiene ningún sentido preguntarse si hay algo más allá del mundo o buscar sentidos más allá de él.
   Wittgenstein nos está diciendo que no puede manifestarse nada más elevado (proposiciones estéticas, éticas, metafísicas...) de lo que realmente hay aquí, en el mundo, que puede quedar expresado por el lenguaje en todo caso. Si hay alguna cosa más que tiene sentido, así, es aquí, no más allá; el sentido "místico", por tanto, no está en mundos más elevados. Pero esto es difícil de aceptar "-no tendría la sensación que le estábamos enseñando filosofía-" (T., 6.53), aunque es lo que realmente es "correcto". Esto es lo que habría, pues, de decir la filosofía, "no decir más que aquello que se puede decir, o sea, proposiciones de la ciencia natural..." (T., 6.53).
 
   El segundo Wittgenstein, el de las Investigaciones Filosóficas, presenta una ruptura total respecto al primero. Todo el edificio lógico contruido a lo largo del Tractatus desaparece; no hay ahora un solo camino, sino muchos caminos diversos desde los cuales se enfoca todo el tema del lenguaje. Hasta se habla de una "pluralidad de lenguajes" (I.F., 65). Abandona, por lo tanto, tanto el concepto de análisis lógico como la concepción de la filosofía como un método descriptivo. La postura de Wittgenstein se puede resumir ahora en sus propias palabras: "no pienses, ¡sino mira!" (I.F., 66).
   Ahora, cada lenguaje es una "forma de vida"; aparecen lenguajes nuevos, otros desaparecen... El lenguaje depende del "contexto" donde se dé el "juego lingüístico"; importará, pues, conocer el contexto que nos dará el "uso" que los juegos lingüísticos tienen en un momento determinado, para acceder al conocimiento de la realidad: "Nombramos <nombre> cosas muy diversas; la palabra <nombre> caracteriza muchos tipos diversos de uso de una palabra, emparentados entre ellos de muchas maneras diversas..." (I.F., 38), "Se puede decir: no se ha hecho nada, cuando se ha denominado una cosa. La cosa tampoco no tiene ningún nombre, sino es en el juego. Era esto también lo que Frege quería decir cuando afirmaba que una palabra sólo tiene significado en el contexto de la proposición" (I.F., 49). Ahora, pues, huye de buscar estructuras lógicas que realmente no son más que como "ideal" puesto en nosotros. Y si hay alguna cosa esencial en nuestro lenguaje, precisamente es que "no hay sólo una sola cosa común a estos fenómenos que haga que utilicemos para ellos la misma palabra, sino que están emparentados de muy diversas maneras" (I.F.,65). Ya una palabra no tiene sólo un significado, ni el lenguaje es un modelo figurativo de la realidad. Es mucho más complejo y mucho más abierto. Las proposiciones, pues, no son nada cerrado y determinado, lógico, sino que están abiertas y su sentido depende de el uso y el contexto donde se encuentran. Ya no hay hechos que describir sino que como mucho ahora los podemos enunciar: "uso el nombre <N> sin significado fijo. (Su uso, pero, queda tan poco perjudicado por esto, como el uso de una mesa por el hecho que descanse sobre cuatro patas en vez de sobre tres...)" (I.F., 105).
   La pluralidad de lenguajes, de usos, escapa a todo tipo de intento sistematizador, como se proponía en el Tractatus. El propio lenguaje descrito en el Tractatus sólo es uno de los muchos lenguajes posibles. Por tanto, de lo que se trata ahora es, como mucho, de "describir los usos que tiene una determinada expresión"3. Wittgenstein ahora está analizando el lenguaje en toda su globalidad, no proposición a proposición, así como la anterior figurativa del lenguaje: "Una imagen nos mantenía presos. Y no podíamos salir, porque la imagen se encontraba en nuestro lenguaje, y este parecía que nos la iba repitiendo incansablemente" (I.F., 115).
   Por esto, la filosofía ahora no interviene, ahora sólo "describe" el lenguaje, los juegos del lenguaje. Es una investigación "filosófico-gramatical"4. Así, describiendo, podemos saber bien de qué estamos hablando y no introducir más elementos desorientadores en el conocimiento (como también decía que estaba realizando Wittgenstein en el Tractatus): "La filosofía no puede tocar para nada el uso real del lenguaje; finalmente, pues, sólo lo puede describir" (I.F., 124); "La filosofía, precisamente, sólo lo representa todo, y no explica ni concluye nada." (I.F., 126). Es tan claro el camino tomado ahora, lejos de idealizaciones y de mundos artificiales que creábamos antes que hasta "si en filosofía quisiéramos proponer tesis, nunca no podríamos llegar a discutirlas, porque todo el mundo estaría de acuerdo" (I.F., 128). Una vez más, niega el papel realizado en el Tractatus; en las Investigaciones Filosóficas dice que está presentando "el modelo como aquello que es (...) y no como un prejuicio que la realidad debería de satisfacer." (I.F., 131).
   El camino que ahora ha de seguir, pues, la filosofía no es el único, sino que hay diferentes métodos, "terapias diversas" (I.F., 133); incluso la filosofía se abre y, observando lo que hay, genera nuevos problemas y cuestiones.
   De esta manera, tampoco hay un único problema al cual una construcción lógica podría dar respuesta con un único método, sino que en el lenguaje se generan muchos contextos, muchas preguntas, y nuevas respuestas.
   Wittgenstein rechaza también interpretaciones psicológicas sobre el lenguaje o que en él haya trasfondos escondidos; si están escondidos no los podemos conocer porque "aquello que pueda estar escondido no nos interesa" (I.F., 126). Todo, en todo caso, está en el lenguaje. De esta manera no hay nada que quede oculto.
   Ya lo dice Wittgenstein que lo que ha de hacer la filosofía es "mostrarle, a la mosca, la salida de dentro la campana cazamoscas" (I.F., 309), y por esto escribe este libro. Como vemos rechaza en general todo el Tractatus; ve ahora como una especie de dogma todo el mundo lógico que había construido antes, y nos dice que "Una de las principales enfermedades filosóficas, una dieta unilateral: el hombre alimenta su pensamiento sólo con un tipo de ejemplos" (I.F., 592). Por esto toda esta investigación. Para volver las palabras a su "uso ordinario" (I.F., 120), huyendo de construcciones artificiales o metafísicas.

   Quizá, el punto en común de Wittgenstein tanto en el Tractatus como en las Investigaciones Filosóficas es este afán de eliminar del lenguaje, y del pensamiento, las impurezas metafísicas que crean desorientaciones y pseudoproblemas, discusiones que no tienen ningún tipo de fundamento. Si con un método lógico ve que no queda explicado o resuelto, con las Investigaciones Filosóficas intenta conocer cuál es el uso del lenguaje en su globalidad, en todas sus formas, por tal de clarificar también el pensamiento. En las Investigaciones Filosóficas, pues, encontramos una función "terapéutica", en tanto que quiere aclarar el lenguaje para que no haya problemas sin sentido o irresolubles. La "lucha contra el embrujamiento" del lenguaje se ha de producir, pues, porque la metafísica saca palabras de su contexto y les da significación que no poseen.
   Los argumentos de Wittgenstein, tanto en el Tractatus como en las Investigaciones Filosóficas abren el camino a un gran peso del lenguaje como fundamento filosófico que se desarrolla durante todo el siglo XX, como decíamos antes, tanto desde la perspectiva formalista, como desde la antiformalista y la filosofía del lenguaje.
   Wittgenstein es, desde este punto de vista, uno de los filósofos claves de este siglo, y volvemos a reiterar que ambas obras que hemos visto tienen propuestas interesantes que intentan "limpiar" la filosofía de impurezas pseudoracionales; y más allá de ella como materia restringida, todo el pensamiento del hombre en general, del cual la filosofía vendría a ser su expresión común.

 

1 Wittgenstein, Tractatus, Ed. Laia, barcelona, 1989.
2 Wittgenstein, Investigaciones Filosóficas, Ed. Laia, barcelona, 1983. (pàg., 17).
3 Ibid. (Pág.25)
4 Ibid. (Pàg.27)

Fuentes:
- Abbagnano, N. Historia de la Filosofía, Sarpe, 1988.
- Ferrater Mora, José. Diccionario de Filosofía, Edhasa, Barcelona 1965.
- Wittgenstein, Ludwig. Investigacions filosòfiques, Laia, Barcelona, 1983.
- Wittgenstein, Ludwig. Tractatus Logico-philosophicus, Laia, Barcelona, 1989.

Nota: Artículo traducido del catalán (por lo que algunas expresiones quizá queden un tanto extrañas).

 

Dionís TC.
Barcelona, diciembre 2000
cacuzta@yahoo.com

 

FIBVLAE  
(lat.: broche, vínculo, enlace)

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