Wittgenstein se enmarca dentro de la tradición filosófica
analítica, que coge fuerza a principios de siglo, principalmente
entre los "positivistas" y aquellos que reaccionan contra el idealismo.
La filosofía analítica se centra en el análisis del
lenguaje pero fundamentada en su forma lingüística (proposiciones),
huyendo del análisis psicológico (como hacían los
empiristas ingleses).
Este análisis se puede hacer en dos direcciones,
y en las dos nos encontramos a Wittgenstein, como veremos. El "formalismo"
propone un análisis "lógico" del lenguaje científico,
se busca un lenguaje (lógico) perfecto que elimine los problemas
que se encuentran por el mal uso que se hace de éste. En este marco
encontramos al Wittgenstein del Tractatus (conocido por Wittgenstein I).
El "antiformalismo" parte de de la base de un análisi
lingüístico del lenguaje ordinario. Se habla del contexto y
de los usos del lenguaje (de las proposiciones y palabras); el intento
de evitar las "trampas" del propio lenguaje que son puestas por el mal
uso que hacemos de él. Como veremos, aquí podemos encontrar
el segundo Wittgenstein, el de las Investigaciones Filosóficas.
En general, podemos decir que desde la filosofia analítica
se comprende que el lenguaje juega un papel muy importante en el pensamiento;
pero entendido no como objeto de investigación sino más bien
como medio por el cual se pueden resolver la mayor parte de los problemas
filosóficos. Así, claramente, en este momento hay un rechazo
de la metafísica en el sentido que ésta no aporta conocimiento
real, ya que sus proposiciones no aportan significado; por este motivo
dirá Wittgenstein al acabar el Tractatus que "de aquello que no
se puede hablar, hay que guardar silencio" (T.,7)1.
Como se ha apuntado, entre el primer Wittgenstein y el
segundo hay diferencias bastante importantes; el propio autor, que se había
"retirado" de la filosofía escribió las Investigaciones Filosóficas
porque encontraba "errores graves"2 en el Tractatus.
El Tractatus se presenta como una investigación
"lógica" y estructurada por tal de construir un lenguaje depurado
que permita clasificar el pensamiento, las ideas, huyendo de los problemas
filosóficos que no tienen sentido; por esto "La finalidad de la
filosofía es la clasificación lógica de los pensamientos.
(...) El resultado de la filosofía no son <proposiciones filosóficas>
sino el aclaramiento de las proposiciones. La filosofía ha de clarificar
y ha de delimitar rigurosamente los pensamientos, que, sino, son, por decirlo
así, turbios y borrosos" (T., 4.112). Y esto, sólo lo podemos
hacer depurando el lenguaje de la lógica; pues la filosofía
"Ha de delimitar lo que es pensable y, así, lo impensable" (T.,
4.114). Mediante el análisis lógico podemos conocer lo que
hay, pues, detras de la realidad, la esencia del mundo.
Wittgenstein busca cuáles son los elementos últimos
del lenguaje. Esta búsqueda la compartirá con Bertrand Russell,
y de ambos saldrá la idea o la teoría del "atomismo lógico".
Nos dirá que el lenguaje es una imagen de la realidad, una imagen
que "manifiesta" el mundo. Este mundo está fundamentado en los "hechos":
"Aquello que acaece, el hecho, son las unidades mínimas, pues, del
mundo" (T., 2). Estos hechos son las unidades mínimas del mundo
y tienen una entidad lógica, no física. En el mundo, está
claro, hay objetos pero éstos por sí mismos no son nada,
ya que en el mundo lo que hay son hechos, conjuntos de sucesos; por ejemplo
decimos "esto es blanco" o "está lloviendo". De la misma manera
que en el mundo lo que es significativo es el "hecho" y no el "objeto",
en el lenguaje lo que es significativo son las "proposiciones" y no sus
elementos, por esto "Sólo la proposición tiene sentido; sólo
en el contexto de la proposición tiene significado un nombre"(T.,
3.3). Esto será entendido como la "teoría figurativa del
sentido".
De esta manera, una vez hecha esta estructura, se entiende
que se diga que el mundo posea la estructura de la lógica matemática
y se pueda estudiar lógicamente. Como vemos, a cada "hecho" (atómico)
le corresponde una "proposición" (atómica) que es el "símbolo"
del hecho, porque las proposiciones reproducen los hechos ya que tienen
la misma forma lógica: "la proposición, a la cual o bien
decimos sí o bien decimos no, es la que fija la realidad". (T.,
4.023). Wittgenstein dice que no hay pues, ninguna referencia posible al
mundo si no hay algún tipo de lenguaje, que está compuesto
por proposiciones. Analizándolas y poniéndolas con los hechos,
como estructura lógica, podemos entender el lenguaje y al mundo,
porque ambos tienen una "forma idéntica", la misma forma lógica.
Tenemos, así, los elementos con los cuales Wittgenstein
intenta clasificar el lenguaje y el pensamiento, enmarcando ahora la filosofía
dentro del análisis lingüístico. Mediante las proposiciones,
la filosofía podrá decir lo que es o no pensable. Aunque
haya proposiciones que en principio no parezcan tener sentido, como son
las físicas propiamente dichas, ya que en el mundo lo que funciona
es el nexo casual, "fuera de la lógica todo es casualidad" (T.,
6.3). Pero por esto buscamos esta estructura porque en el mundo no hay
ningún "nexo" y por tanto ninguna "ley" tampoco que pueda explicar
netamente lo que sucede.
De todas manera, para Wittgenstein, las proposiciones
que menos sentido tienen vienen a ser aquellas que son "insensatas", las
que se refieren a entidades que se sitúan fuera del mundo, como
son las proposiciones metafísicas, religiosas, estéticas...
porque "refieren sin tener referencia" (T., 6.42); "Las proposiciones no
pueden expresar nada más elevado".
En este mundo lógico formado en el Tractatus no
hay lugar, por lo tanto, para "pseudoproposiciones" que no tiene ninguna
validez lógica. Las proposiciones lógicas, aunque no están
tan directamente relacionadas con el mundo como las de la ciencia natural
que reproducen la realidad (y tienen sentido), siempre son verdaderas y
muestran la verdad, por esto hemos de fundamentarnos en ellas (vemos aquí
el carácter claramente positivista de este argumento). La "forma
lógica", pues, es la constitutiva del lenguaje y no puede ser reproducida
con "sentido" porque es la que permite el propio lenguaje ("sólo
se puede mostrar en la proposición misma").
Es en este momento cuando no se puede ir más allá
de la realidad, cuando entiendo que es lo que es más elevado, huyendo
de las proposiciones, por esto, nos dice que "Lo que es místico
no es como es el mundo, sino que el mundo es" (T., 6.44). Así, no
tiene ningún sentido preguntarse si hay algo más allá
del mundo o buscar sentidos más allá de él.
Wittgenstein nos está diciendo que no puede manifestarse
nada más elevado (proposiciones estéticas, éticas,
metafísicas...) de lo que realmente hay aquí, en el mundo,
que puede quedar expresado por el lenguaje en todo caso. Si hay alguna
cosa más que tiene sentido, así, es aquí, no más
allá; el sentido "místico", por tanto, no está en
mundos más elevados. Pero esto es difícil de aceptar "-no
tendría la sensación que le estábamos enseñando
filosofía-" (T., 6.53), aunque es lo que realmente es "correcto".
Esto es lo que habría, pues, de decir la filosofía, "no decir
más que aquello que se puede decir, o sea, proposiciones de la ciencia
natural..." (T., 6.53).
El segundo Wittgenstein, el de las Investigaciones Filosóficas,
presenta una ruptura total respecto al primero. Todo el edificio lógico
contruido a lo largo del Tractatus desaparece; no hay ahora un solo camino,
sino muchos caminos diversos desde los cuales se enfoca todo el tema del
lenguaje. Hasta se habla de una "pluralidad de lenguajes" (I.F., 65). Abandona,
por lo tanto, tanto el concepto de análisis lógico como la
concepción de la filosofía como un método descriptivo.
La postura de Wittgenstein se puede resumir ahora en sus propias palabras:
"no pienses, ¡sino mira!" (I.F., 66).
Ahora, cada lenguaje es una "forma de vida"; aparecen
lenguajes nuevos, otros desaparecen... El lenguaje depende del "contexto"
donde se dé el "juego lingüístico"; importará,
pues, conocer el contexto que nos dará el "uso" que los juegos lingüísticos
tienen en un momento determinado, para acceder al conocimiento de la realidad:
"Nombramos <nombre> cosas muy diversas; la palabra <nombre> caracteriza
muchos tipos diversos de uso de una palabra, emparentados entre ellos de
muchas maneras diversas..." (I.F., 38), "Se puede decir: no se ha hecho
nada, cuando se ha denominado una cosa. La cosa tampoco no tiene ningún
nombre, sino es en el juego. Era esto también lo que Frege quería
decir cuando afirmaba que una palabra sólo tiene significado en
el contexto de la proposición" (I.F., 49). Ahora, pues, huye de
buscar estructuras lógicas que realmente no son más que como
"ideal" puesto en nosotros. Y si hay alguna cosa esencial en nuestro lenguaje,
precisamente es que "no hay sólo una sola cosa común a estos
fenómenos que haga que utilicemos para ellos la misma palabra, sino
que están emparentados de muy diversas maneras" (I.F.,65). Ya una
palabra no tiene sólo un significado, ni el lenguaje es un modelo
figurativo de la realidad. Es mucho más complejo y mucho más
abierto. Las proposiciones, pues, no son nada cerrado y determinado, lógico,
sino que están abiertas y su sentido depende de el uso y el contexto
donde se encuentran. Ya no hay hechos que describir sino que como mucho
ahora los podemos enunciar: "uso el nombre <N> sin significado fijo.
(Su uso, pero, queda tan poco perjudicado por esto, como el uso de una
mesa por el hecho que descanse sobre cuatro patas en vez de sobre tres...)"
(I.F., 105).
La pluralidad de lenguajes, de usos, escapa a todo tipo
de intento sistematizador, como se proponía en el Tractatus. El
propio lenguaje descrito en el Tractatus sólo es uno de los muchos
lenguajes posibles. Por tanto, de lo que se trata ahora es, como mucho,
de "describir los usos que tiene una determinada expresión"3. Wittgenstein
ahora está analizando el lenguaje en toda su globalidad, no proposición
a proposición, así como la anterior figurativa del lenguaje:
"Una imagen nos mantenía presos. Y no podíamos salir, porque
la imagen se encontraba en nuestro lenguaje, y este parecía que
nos la iba repitiendo incansablemente" (I.F., 115).
Por esto, la filosofía ahora no interviene, ahora
sólo "describe" el lenguaje, los juegos del lenguaje. Es una investigación
"filosófico-gramatical"4. Así, describiendo, podemos saber
bien de qué estamos hablando y no introducir más elementos
desorientadores en el conocimiento (como también decía que
estaba realizando Wittgenstein en el Tractatus): "La filosofía no
puede tocar para nada el uso real del lenguaje; finalmente, pues, sólo
lo puede describir" (I.F., 124); "La filosofía, precisamente, sólo
lo representa todo, y no explica ni concluye nada." (I.F., 126). Es tan
claro el camino tomado ahora, lejos de idealizaciones y de mundos artificiales
que creábamos antes que hasta "si en filosofía quisiéramos
proponer tesis, nunca no podríamos llegar a discutirlas, porque
todo el mundo estaría de acuerdo" (I.F., 128). Una vez más,
niega el papel realizado en el Tractatus; en las Investigaciones Filosóficas
dice que está presentando "el modelo como aquello que es (...) y
no como un prejuicio que la realidad debería de satisfacer." (I.F.,
131).
El camino que ahora ha de seguir, pues, la filosofía
no es el único, sino que hay diferentes métodos, "terapias
diversas" (I.F., 133); incluso la filosofía se abre y, observando
lo que hay, genera nuevos problemas y cuestiones.
De esta manera, tampoco hay un único problema al
cual una construcción lógica podría dar respuesta
con un único método, sino que en el lenguaje se generan muchos
contextos, muchas preguntas, y nuevas respuestas.
Wittgenstein rechaza también interpretaciones psicológicas
sobre el lenguaje o que en él haya trasfondos escondidos; si están
escondidos no los podemos conocer porque "aquello que pueda estar escondido
no nos interesa" (I.F., 126). Todo, en todo caso, está en el lenguaje.
De esta manera no hay nada que quede oculto.
Ya lo dice Wittgenstein que lo que ha de hacer la filosofía
es "mostrarle, a la mosca, la salida de dentro la campana cazamoscas" (I.F.,
309), y por esto escribe este libro. Como vemos rechaza en general todo
el Tractatus; ve ahora como una especie de dogma todo el mundo lógico
que había construido antes, y nos dice que "Una de las principales
enfermedades filosóficas, una dieta unilateral: el hombre alimenta
su pensamiento sólo con un tipo de ejemplos" (I.F., 592). Por esto
toda esta investigación. Para volver las palabras a su "uso ordinario"
(I.F., 120), huyendo de construcciones artificiales o metafísicas.
Quizá, el punto en común de Wittgenstein
tanto en el Tractatus como en las Investigaciones Filosóficas es
este afán de eliminar del lenguaje, y del pensamiento, las impurezas
metafísicas que crean desorientaciones y pseudoproblemas, discusiones
que no tienen ningún tipo de fundamento. Si con un método
lógico ve que no queda explicado o resuelto, con las Investigaciones
Filosóficas intenta conocer cuál es el uso del lenguaje en
su globalidad, en todas sus formas, por tal de clarificar también
el pensamiento. En las Investigaciones Filosóficas, pues, encontramos
una función "terapéutica", en tanto que quiere aclarar el
lenguaje para que no haya problemas sin sentido o irresolubles. La "lucha
contra el embrujamiento" del lenguaje se ha de producir, pues, porque la
metafísica saca palabras de su contexto y les da significación
que no poseen.
Los argumentos de Wittgenstein, tanto en el Tractatus
como en las Investigaciones Filosóficas abren el camino a un gran
peso del lenguaje como fundamento filosófico que se desarrolla durante
todo el siglo XX, como decíamos antes, tanto desde la perspectiva
formalista, como desde la antiformalista y la filosofía del lenguaje.
Wittgenstein es, desde este punto de vista, uno de los
filósofos claves de este siglo, y volvemos a reiterar que ambas
obras que hemos visto tienen propuestas interesantes que intentan "limpiar"
la filosofía de impurezas pseudoracionales; y más allá
de ella como materia restringida, todo el pensamiento del hombre en general,
del cual la filosofía vendría a ser su expresión común.
1 Wittgenstein, Tractatus, Ed. Laia, barcelona, 1989.
2 Wittgenstein, Investigaciones Filosóficas, Ed. Laia, barcelona,
1983. (pàg., 17).
3 Ibid. (Pág.25)
4 Ibid. (Pàg.27)
Fuentes:
- Abbagnano, N. Historia de la Filosofía, Sarpe, 1988.
- Ferrater Mora, José. Diccionario de Filosofía, Edhasa,
Barcelona 1965.
- Wittgenstein, Ludwig. Investigacions filosòfiques, Laia, Barcelona,
1983.
- Wittgenstein, Ludwig. Tractatus Logico-philosophicus, Laia, Barcelona,
1989.
Nota: Artículo traducido del catalán (por lo que algunas expresiones quizá queden un tanto extrañas).
Dionís TC.
Barcelona, diciembre 2000
cacuzta@yahoo.com