Edición Alemana Original:
"Logisch-Philosophische Abhandlung".
1921.
Primera Edición Inglesa, copia de la alemana
"Tractatus Logico-Philosophicus".
Traducción de C.K.Ogden.
Introducción de B.Russell.
Routledge & Kegan Pau, 1922
London.
Posiblemente sólo entienda este libro quien ya haya pensado
alguna vez por sí mismo los pensamientos que en él se expresan
o pensamientos parecidos. No es, pues, un manual. Su objetivo
quedaría alcanzado si procurara deleite a quien,
comprendiéndolo, lo leyera. El libro trata los problemas
filosóficos y muestra -según creo- que el planteamiento de estos
problemas descansa en la incomprensión de la lógica de nuestro
lenguaje. Cabría acaso resumir el sentido entero del libro en las
palabras: lo que siquiera puede ser dicho, puede ser dicho
claramente; y de lo que no se puede hablar hay que callar. El
libro quiere, pues, trazar un límite al pensar o, más bien, no al
pensar, sino a la expresión de los sentimientos: porque para
trazar un límite al pensar tendríamos que poder pensar ambos
lados de este límite (tendríamos, en suma, que poder pensar lo
que no resulta pensable).
Así pues, el límite sólo podrá ser trazado en el lenguaje, y lo
que reside más allá del límite será simplemente absurdo.
En qué medida coincida mi empeño con el de otros filósofos
es cosa que no quiero juzgar. Lo que aquí he escrito, ciertamente,
no aspira en particular a novedad alguna; razón por la que,
igualmente, no aduzco fuentes: me es indiferente si lo que he
pensado ha sido o no pensado antes por otro.
Quiero mencionar simplemente que debo a las grandes obras
de Frege y a los trabajos de mi amigo Bertrand Russell buena
parte de la incitación a mis pensamientos.
Si este trabajo tiene algún valor, lo tiene en un doble
sentido. Primero, por venir expresados en él pensamientos, y
este valor será tanto más grande cuanto mejor expresados estén
dichos pensamientos. Cuanto más se haya dado en el clavo. En
este punto soy consciente de haber quedado muy por debajo de
lo posible. Sencillamente porque para consumar la tarea mi
fuerza es demasiado escasa. Otros vendrán, espero, que lo hagan
mejor.
La verdad de los pensamientos aqui comunicados me parece,
en cambio,intocable y definitiva. Soy, pues, de la opinión de
haber solucionado definitivamente, en lo esencial, los
problemas. Y, si no me equivoco en ello, el valor de este trabajo
se cifra, en segundo lugar, en haber mostrado cuán poco se ha
hecho con haber resuelto estos problemas.
L.W.
Viena, 1918.
[Llamada en la 1a. pag. -de W-]: En cuanto números de cada una de las proposiciones, los números decimales indican el peso lógico de las proposiciones, el énfasis que en mi exposición se pone en ellas. Las proposiciones n. 1, n. 2, n. 3, etc., son observaciones a la proposición nº n.; las proposiciones n.m1, n.m2, etc., observaciones a la proposición nº n.m; y así sucesivamente.
1 El mundo es todo lo que es el caso.
1.1 El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas.
1.11 El mundo viene determinado por los hechos, y por ser éstos todos los hechos.
1.12 Porque la totalidad de los hechos determina lo que es el caso y también todo cuanto no es el caso.
1.13 Los hechos en el espacio lógico son el mundo.
1.2 El mundo se descompone en hechos.
1.21 Algo puede ser el caso o no ser el caso, y todo lo demas permanecer igual.
2 Lo que es el caso, el hecho, es el darse efectivo de estados de cosas.
2.01 El estado de cosas es una conexión de objeto (cosas).
2.011 Poder ser parte integrante de un estado de cosa es esencial a la cosa.
2.012 En la lógica nada es casual: si la cosa puede ocurrír en el estado de cosas, la posibilidad del estado de cosas tiene que venir ya prejuzgada en la cosa.
2.0121 Pareceria algo así como un azar que a la cosa ca-
paz de darse de modo efectivo por sí misma le
correspondiera posteriormente un estado de co-
sas.
Que las cosas puedan ocurrir en estados de cosas,
es algo que debe radicar ya en ellas.
(Algo lógico no puede ser meramente posible. La
lógica trata de cualquier posibilidad y todas las
posibilidades son sus hechos).
Al igual que no podemos en absoluto representarnos
objetos espaciales fuera del espacio, ni temporales
fuera del tiempo, tampoco podemos representarnos
objeto alguno fuera de la posibilidad de su conexión
con otros.
Si puedo representarme el objeto en la trama del
estado de cosas, no puedo representármelo fuera
de la posibilídad de esa trama.
2.0122 La cosa es independiente en la medida en que puede ocurrir en todos los posibles estados de cosas, pero esta forma de independencia es una forma de interrelación con el estado de cosas, una forma de dependencia. (Es imposible que las palabras aparezcan de dos modos diferentes, solas y en la proposición.)
2.0123 Si conozco el objeto, conozco también todas las
posibilidades de su ocurrencia en estados de cosas.
(Cualquier posibilidad de este tipo debe radicar
en la naturaleza del objeto.)
No cabe encontrar posteriormente una nueva po-
sibilidad.
2.01231Para conocer un objeto, no tengo ciertamente que conocer sus propiedades externas, pero sí debo conocer todas sus propiedades internas.
2.0124 Dados todos los objetos, vienen dados también con ello todos los posibles estados de cosas.
2.013 Cualquier cosa esta, por así decirlo, en un espacio de posibles estados de cosas. Puedo representarme vacío ese espacio, pero no la cosa sin el espacio.
2.0131 El objeto espacial debe encontrarse en el espacio
infinito. (El punto espacial es un lugar argumental.)
La mancha en el campo visual no tiene, ciertamente,
por qué ser roja, pero ha de tener un color:
tiene, por así decirlo, el espacio cromático
en torno suyo. El tono ha de tener una altura, el
objeto del sentido del tacto una dureza, etc.
2.014 Los objetos contienen la posibilidad de todos los estados de cosas.
2.0141 La forma del objeto es la posibilidad de su ocurrencia en estados de cosas.
2.02 El objeto es simple.
2.0201 Cualquier enunciado sobre complejos puede descomponerse en un enunciado sobre sus partes integrantes y en aquellas proposiciónes que describen completamente los complejos.
2.021 Los objetos forman la sustancia del mundo. Por eso no pueden ser compuestos.
2.0211 Si el mundo no tuviera sustancia alguna, el que una proposición tuviera sentido dependería de que otra proposición fuera verdadera.
2.0212 Seria entonces imposible pergeñar una figura del mundo (verdadera o falsa).
2.022 Es manifiesto que por muy diferente del real que se piense un mundo ha de tener algo en común con él -una forma-.
2.U25 Lo que constituye esta forma fija son precisamente los objetos.
2.0231 La substancia del mundo sólo puede determinar una forma y no propiedades materiales. Porque éstas sólo vienen a ser representadas por las proposiciónes, solo vienen a ser formadas por la configuración de los objetos.
2.0232 Dicho sea incidentalmente, los objetos son incoloros.
2.0233 Dos objetos de la misma forma lógica sólo se diferencian entre si -independientemente de sus propiedades externas- por el hecho de ser diferentes.
2.02331 0 bien una cosa tiene propiedades que ninguna
otra posee, en cuyo caso cabe distinguirla sin mas
de las otras mediante una descripción y remitir a
ella; o bien, por el contrario, hay varias cosas que
tienen todas sus propiedades en común, en cuyo
caso es absolutamente imposible señalar una de
ellas.
Porque si la cosa no viene distinguida por nada,
entonces yo no puedo distinguirla, dado que si no
ya estaría, en efecto, distinguida.
2.024 La substancia es lo que persiste independientemente de lo que es el caso.
2.025 Es forma y contenido.
2.0251 Espacio, tiempo y color (cromaticidad) son formas de los objetos.
2.026 Solo si hay objetos puede haber una forma fija del mundo.
2.027 Lo fijo, lo persistente y el objeto son uno y lo mismo.
2.0271 El objeto es lo fijo, persistente; la configuracion es lo cambiante, inestable.
2.0272 La configuración de los objetos forma el estado de cosas.
2.03 En el estado de cosas los objetos están unidos entre sí como los eslabones de una cadena.
2.031 En el estado de cosas los objetos se comportan unos con otros de un modo y manera determínados.
2.032 La estructura del estado de cosas es el modo y manera como los objetos se interrelaciónan en él.
2.033 La forma es la posibilidad de la estructura.
2.034 La estructura del hecho viene constituida por las estructuras de los estados de cosas.
2.04 La totalidad de los estados de cosas que se dan efectivamente es el mundo.
2.05 La totalidad de los estados de cosas que se dan efectivamente determina tambien qué estados de cosas no se dan efectivamente.
2.06 El darse y no darse efectivos de estados de cosas
es la realidad.
(Llamamos hecho positivo al darse efectivo de estados
de cosas; al no darse efectivo, hecho negativo.)
2.061 Los estados de cosas son independientes unos de otros.
2.062 Del darse o no darse efectivos de un estado de cosas no puede deducirse el darse o no darse efectivos de otro.
2.063 La realidad total es el mundo.
2.1 Nos hacemos figuras de los hechos.
2.11 La figura representa el estado de cosas en el espacio lógico, el darse y no darse efectivos de estados de cosas.
2.12 La figura es un modelo de la realidad.
2.13 A los objetos corresponden en la figura los elementos de la misma.
2.131 Los elementos de la figura hacen en ella las veces de los objetos.
2.14 La figura consiste en que sus elementos se in- terrelaciónan de un modo y manera determinados.
2.141 La figura es un hecho.
2.15 Que los elementos de la figura se comporten unos
con otros de un modo y manera determinados, representa
que las cosas se comportan así unas con otras.
Esta interrelación de los elementos de la figura
se llama su estructura y la posibilidad de la misma,
su forma de figuración.
2.151 La forma de figuración es la posibilidad de que las cosas se interrelacionen al igual que los elementos de la figura.
2.1511 La figura esta enlazada así con la realidad; llega hasta ella.
2.1512 Es como un patrón de medida aplicado a la realidad.
2.15121 Sólo los puntos extremos de las marcas tocan el objeto a medir.
2.1513 Así pues, de acuerdo con esta concepcion, a la figura pertenece también la relación figurativa que la convierte en figura.
2.1514 La relación figurativa consiste en las coordinaciones entre los elementos de la figura y los de las cosas.
2.1515 Estas coordinaciones son, por así decirlo, los tentáculos de los elementos de la figura con los que esta toca la realidad.
2.16 Para ser figura, pues, el hecho ha de tener algo en común con lo figurado.
2.161 En la figura y en lo figurado tiene que haber algo idéntico en orden a que aquella pueda siquiera ser figura de esto.
2.17 Lo que la figura ha de tener en común con la realidad para poder figurarla a su modo y manera -correcta o falsamente- es su forma de figuracion.
2.171 La figura puede figurar cualquier realidad cuya
forma tenga.
La figura espacial todo lo espacial, la cromática,
todo lo cromatico, etc.
2.172 Pero la figura no puede figurar su forma de figuracion; la ostenta.
2.173 La figura representa su objeto desde fuera (su punto de vista es su forma de representación); por ello representa su objeto correcta o falsamente.
2.174 La figura no puede, sin embargo, situarse fuera de su forma de representación.
2.18 Lo que cualquier figura, sea cual fuere su forma, ha de tener en común con la realidad para poder siquiera -correcta o falsamente- figurarla, es la forma lógica, esto es, la forma de la realidad.
2.181 Si la forma de la figuración es la forma lógica, la figura se llama la figura lógica.
2.182 Cualquier figura es también una figura lógica. (Por el contrario, no toda figura es, pongamos por caso, espacial.)
2.19 La figura lógica puede figurar el mundo.
2.2 La figura tiene en común con lo figurado la forma lógica de la figuracion.
2.201 La figura figura la realidad en la medida en que representa una posibilidad del darse y no darse efectivos de estados de cosas.
2.202 La figura representa un posible estado de cosas en el espacio lógico.
2.203 La figura contiene la posibilidad del estado de cosas que representa.
2.21 La figura concuerda o no con la realidad; es correcta o incorrecta, verdadera o falsa.
2.22 La figura representa lo que representa, independientemente de su verdad o falsedad, por la forma de la figuración.
2.221 Lo que la figura representa es su sentido.
2.222 Su verdad o falsedad consiste en el acuerdo acuerdo de su sentido con la realidad.
2.223 Para reconocer si la figura es verdadera o falsa, tenemos que compararla con la realidad.
2.224 Por la figura solo no cabe reconocer sí ella es verdadera o falsa.
2.225 No existe una figura verdadera a priorí.
3. La figura lógica de los hechos es el pensamiento.
3.001 «Un estado de cosas es pensable» quiere decir: Podemos hacernos una figura de él.
3.01 La totalidad de los pensamientos verdaderos es una figura del mundo.
3.02 El pensamiento contiene la posibilidad del estado de cosas que piensa. Lo que es pensable es tambien posible,
3.03 No podemos pensar nada ilógico, porque de lo contrario tendríamos que pensar ilógicamente.
3.031 Se dijo en otro tiempo que Dios podría crearlo todo a excepción de cuanto fuera contrario a las leyes lógicas, De un mundo «ilógico» no podríamos, en rigor, decir qué aspecto tendría.
3.032 Representar en el lenguaje algo «que contradiga la lógica» es cosa tan escasamente posible como representar en la geometria mediante sus coordenadas una figura que contradiga las leyes del espacio; o dar las coordenadas de un punto que no existe.
3.0321 Podemos sin duda representar espacialmente un estado de cosas que vaya contra las leyes de la física, pero no uno que vaya contra las de la geometria.
3.04 Un pensamiento correcto a priori sería un pensamiento tal que su posibilidad condicionaría su verdad.
3.05 Sólo podríamos saber a priori que un pensamiento es verdadero si por el pensamiento mismo (sin objeto de comparación) resultara recognoscible su verdad.
3.1 En la proposición se expresa sensoperceptivamente el pensamiento.
3.11 Usamos el signo sensoperceptible (signo sonoro o
escrito, etc.) de la proposición como proyección
del estado de cosas posible.
El metodo de proyección es el pensar el sentido
de la proposición.
3.12 Al signo mediante el que expresamos el pensamiento le llamo el signo proposicional. Y la proposición es el signo proposicional en su relación proyectiva al mundo.
3.13 A la proposición pertenece todo cuanto pertenece
a la proyección; pero no lo proyectado.
Asi pues, la posibilidad de lo proyectado, pero no
esto mismo.
En la proposición, por tanto, aún no viene contenido
su sentido, pero sí la posibilidad de expresarlo.
(«El contenido de la proposición» quiere decir el
contenido de la proposición con sentido.)
En la proposición viene incluida la forma de su
sentido, pero no su contenido.
3.14 El signo proposicional consiste en que sus elementos,
las palabras, se comportan en él unos con otros de un
modo y manera determinados.
El signo proposicional es un hecho.
3.141 La proposición no es un conglomerado de palabras.
(Como tampoco el tema musical un conglomerado de tonos.)
La proposición es articulada.
3.142 Sólo hechos pueden expresar un sentido; una clase de nombres no puede.
3.143 Que el signo proposicional es un hecho es algo
que viene velado por la forma expresiva corriente
de la escritura o de la imprenta.
Porque en la proposición impresa, por ejemplo,
el signo proposicional no aparece como esencialmente
distinto de la palabra.
(Así fue posible que Frege llamara a la proposición un nombre compuesto.)
3.1431 Muy clara resulta la esencia del signo proposicíonal
cuando, en lugar de imaginárnoslo compuesto
de signos escritos, nos lo imaginamos compuesto
de objetos espaciales (como, por ejemplo, mesas,
sillas, libros).
La reciproca posicion espacial de estas cosas ex-
presa entonces el sentido de la proposición.
3.1432 No: «El signo complejo 'aRb' dice que a está en la relación R con b» sino: Que 'a' está en cierta relación con 'b' dice que aRb.
3.144 Pueden describirse estados de cosas, no nombrarse. (Los nombres semejan puntos, las proposiciones flechas, tienen sentido.)
3.2 El pensamiento puede expresarse en la proposición de un modo tal que a los objetos del pensamiento correspondan elementos del signo proposicional.
3.201 Llamo «signos simples» a estos elementos, y a la proposición, «completamente analizada.
3.202 Los signos simples usados en la proposición se llaman nombres.
3.203 El nombre significa el objeto. El objeto es su significado. («A» es el mismo signo que "A".)
3.21 A la configuración del signo simple en el signo proposicional corresponde la configuración de los objetos en el estado de cosas.
3.22 En la proposición el nombre hace las veces del ob- je
3.221 A los objetos sólo puedo nombrarlos. Los signos hacen las veces de ellos. Solo puedo hablar de ellos, no puedo expresarlos. Una proposición sólo puede decir cómo es una cosa, no lo que es.
3.23 La exigencia de la posibilidad de los signos simples es la exigencia de la precision del sentido.
3.24 La proposición que trata del complejo esta en relación
interna con la proposición que trata de suparte integrante.
El complejo sólo puede venir dado por su descripción,
y ésta será acertada o no. La proposición en
la que se habla de un complejo no será absurda si
éste no existe, será simplemente falsa.
Que un elemento proposicional designe un complejo es
cosa que puede verse a partir de su carácter indeterminado
en las proposiciónes en las que aparece. Sabemos que no
todo está aún deteminado por esta proposición. (El
signo de generalidad contiene ciertamente una figura
primitiva.)
La contracción del símbolo de un complejo en un
símbolo simple puede ser expresada mediante una
definición.
3.25 Hay un análisis completo, y sólo uno, de la proposición.
3.251 La proposición expresa de un modo determinado y claramente especificable lo que expresa: la proposición es articulada.
3.26 El nombre no puede ya descomponerse más por definición alguna: es un signo primitivo.
3.261 Todo signo definido designa mediante los signos por los que fue definido; y las definiciones señalan el camino. Dos signos, un signo primitivo y otro definido por signos primitivos, no pueden designar del mismo modo y manera. Los nombres no se pueden descomponer por definiciones. (Ningún signo que esté aislado tiene significado de forma independiente.)
3.262 Lo que no alcanza a expresarse en los signos es cosa que muestra su uso. Lo que los signos tragan es cosa que expresa su uso.
3.263 Los significados de los signos primitivos pueden ser explicados mediante aclaraciones. Aclaraciones son proposiciónes que contienen signos primitivos. Sólo pueden ser, pues, comprendidas si los significados de estos signos son ya conocidos.
3.3 Sólo la proposición tiene sentido; sólo en la trama de la proposición tiene un nombre significado.
3.31 A cualquier parte de la proposición que caracterice
su sentido la llamo una expresión (un símbolo).
(La proposición misma es una expresion.)
Expresión es todo lo que, esencial para el sentído
de la proposición, pueden tener en común entre
sí las proposiciones.
La expresión caracteriza una forma y un contenido.
3.311 La expresión presupone las formas de todas las proposiciónes en las que puede ocurrir. Es el distintivo característíco comun de una clase de proposiciones.
3.312 Viene, pues, representada por la forma general de
las proposiciónes que caracteriza.
Y, ciertamente, en esta forma la expresión será
constante, y todo lo demas variable.
3.313 La expresion es representada, pues, mediante una
variable cuyos valores son las proposiciónes que
contienen la expresión.
(En caso límite, la variable se convierte en constante,
la expresión en proposición.)
Llamo a una variable así «variable proposicional».
3.314 La expresión sólo tiene significado en la proposición. Cualquier variable puede concebirse como variable proposicional. (También el nombre variable.)
3.315 Si transformamos una parte integrante de una
proposición en una variable, hay entonces una
clase de proposiciónes que son los valores todos
de la proposición variable así surgida. Esta clase
todavía depende, en general, de lo que, tras acuerdo
arbitrario, mentemos con partes de aquella proposición.
Pero si transformamos en variables todos aquellos signos
cuyo significado fue fijado arbitrariamente, sigue
habiendo aún una clase así.
Sólo que ésta no depende ya de acuerdo alguno,
sino únicamente de la naturaleza de la proposición.
Corresponde a una forma lógica -a una figura
lógica primitiva.
3.316 Qué valores puede asumir la variable proposicional es algo que se determina. La determinación de los valores es la variable.
3.317 La determinación de los valores de las variables
proposicionales es la especificación de las proposiciones
cuyo distintivo común es la variable. La determinación es
una descripción de estas proposiciones.
La determinación tratara, pues, sólo de símbolos, no de
su significado.
Y sólo esto es esencial a la determinacion, que
sólo es una descripción de simbolos y no dice nada
sobre lo designado.
Cómo acontece la descripción de las proposiciones, es
cosa inesencial.
3.318 Concibo la proposición -igual que Frage y Russell- como función de las expresiones contenidas en ella.
3.32 El signo es lo sensorialmente perceptible en el simbo
3.321 Dos símbolos distintos pueden tener, pues, en común el signo (signo escrito o sonoro, etc.) -designan entonces de modo y manera distintos.
3.322 Nunca puede ser el rasgo distintivo comun de dos objetos el que los designemos con el mismo signo, pero con modos de designación distintos en cada caso. Porque el signo es ciertamente arbitrario. Cabria, pues, escoger también dos signos distintos, pero ¿donde quedaría entonces lo común en la designación?
3.323 En el lenguaje ordinario sucede con singular frecuencia
que la misma palabra designe de modo y manera distintos
-esto es, que pertenezca a símbolos distintos-, o que dos
palabras que designan de modo y manera distintos sean
usados externamente de igual modo en la proposición.
Así la palabra «es» se presenta como cópula, como signo
de igualdad y como expresión de existencia; «existir»,
como verbo intransitivo, parejo a «ir»; «idéntico»,
como adjetivo; hablamos de algo, pero tambien de que algo
sucede.
(En la proposición «Verde es verde» -donde la
primera palabra es el apellido de una persona y
la ultima un adjetivo-, estas palabras no tienen
tan solo significado distinto, sino que son simbolos
distintos.
3.324 Surgen así facilmente las confusiones más fundamentales (de las que esta llena la filosofía entera).
3.325 Para eludir estos errores tenemos que usar un
lenguaje sígnico que los excluya, en la medida en
que no use el mismo signo en símbolos distintos,
ni use externamente de igual manera signos que
designen de modo diferente. Un lenguaje sígnico,
pues, que obedezca a la gramatica lógica -a la
sintaxis lógica-.
(La escritura conceptual de Frege y Russell es un
lenguaje asi, que, no obstante, no excluye aun todos
los errores.)
3.326 Para reconocer el símbolo en el signo hay que atender al uso con sentido.
3.327 Sólo unido a su uso lógico-sintáctico determina el signo una forma lógica.
3.328 Si un signo no se usa, carece de significado. Este
es el sentido del lema de Occam.
(Si todo se comporta como si un signo tuviera síg-
nificado, entonces tiene tambien significado.)
3.33 La sintaxis lógica no permite que el significado de un signo juegue en ella papel alguno; tiene que poder ser establecida sin mentar el significado de un signo; ha de presuponer sólo la descripción de las expresiones.
3.331 A partir de esta observación lancemos una mirada a la «Theory of types» de Russell: El error de Russell se muestra en que tuvo que hablar del significado de los signos al establecer las reglas signicas.
3.332 Ninguna proposición puede enunciar algo sobre si misma, dado que el signo proposicional no puede estar contenido en él mismo (en esto consiste toda la «Theory of types»).
3.333 Una función no puede ser su propio argumento debido a que el signo funcional contiene ya la figura primitiva de su argumento y no puede contenerse a si mismo.
Supongamos, por ejemplo, que la función F (fx) pudiera ser su propio argumento; habría, entonces, una proposición: "F(F(fx))" y en ella la función externa F y la función interna F deberían tener significados diferentes, dado que la interna tiene la forma w(fx), la externa la forma p(w(fx)). Común a ambas funciones es solo la letra "F", que, sin embargo, sola nada designa.
Esto queda inmediatamente claro si en lugar de escribir «F(f(u))» escribimos "(3w): F(wu).wu=Fu". Desaparece asi la paradoja de Russell.
3.334 Las reglas de la sintaxis lógica tienen que comprenderse por sí mismas, con solo saber cómo designa cada signo.
3.34 La proposición posee rasgos esenciales y casuales.
Casuales son los rasgos que emanan del modo peculíar
de elaboración del signo proposicional.
Esenciales, sólo los que capacitan a la proposición
para expresar su sentido.
3.341 Lo esencial en la proposición es, pues, lo comun
a todas las proposiciónes que pueden expresar el
mismo sentido.
Y asimismo, generalmente, lo esencial en el símbolo
es lo que todos los símbolos que pueden cumplir el
mismo fin tienen en común.
3.3411 Cabría, pues, decir: el nombre genuino es lo que tienen en común todos los simbolos que designan el objeto. Se seguiría así, sucesivamente, que ninguna clase de composicion resulta esencial al nombre.
3.342 En nuestras notaciones hay, ciertamente, algo arbitrario, pero esto no es arbitrario: que si hemos determinado arbitrariamente algo, entonces algo diferente ha de ser el caso. (Esto depende de la esencia de la notación.
3.3421 Puede que un modo peculiar de designacion carezca
de importancia, pero siempre es importante
que se trate de un posible modo de designacion.
Y así sucede siempre en filosofía: lo individual
se revela una y otra vez como no importante, pero
la posibilidad de cada singular nos procura una
ilustración sobre la esencia del mundo.
3.343 Definiciones son reglas de traducción de un lenguaje a otro. Cualquier lenguaje sígnico correcto ha de resultar traducible a cualquier otro de acuerdo con tales reglas: esto es lo que todos ellos tienen en común.
3.344 Lo que designa en el símbolo es lo común a todos aquellos símbolos por los que el primero puede ser sustituido de acuerdo con las reglas de la sintaxis lógica.
3.3441 Cabe expresar, por ejemplo, lo común a todas las
notaciones para las funciones veritativas así: les
es común el hecho de poder ser sustituidas todas
ellas -p. ej.- por la notación de «-p» («no
p») y «p v q» («p o q»).
(Con ello queda caracterizado el modo y manera
como una posible notación especial puede procu-
rarnos ilustraciones generales.)
3.3442 El signo del complejo no se descompone a través del análisis arbitrariamente, de modo tal que, pongamos por caso, su descomposición fuera diferente en cada trama proposicional.
3.4 La proposición determina un lugar en el espacio lógico. La existencia de este espacio lógico viene garantizada únicamente por la existencia de las partes integrantes, por la existencia de la proposición con sentido.
3.41 El signo proposicional y las coordenadas lógicas: Esto es el lugar lógico.
3.411 El lugar geométrico y el lógico coinciden en que ambos son la posibilidad de una existencia.
3.42 Aunque a la proposición sólo le es dado determinar
un lugar del espacio lógico, el espacio lógico
total tiene, sin embargo, que venir dado ya por
ella.
(De lo contrario, por la negación, la suma lógica,
el producto lógico, etc., se íntroducirían siempre
nuevos elementos -en coordinación-.)
(El armazón lógico en torno a la figura determina
el espacio lógico. La proposición atraviesa el espacio
lógico entero.)
3.5 El signo proposicional usado, pensado, es el pensamiento.
4 El pensamiento es la proposición con sentido.
4.001 La totalidad de las proposiciones es el lenguaje.
4.002 El hombre posee la capacidad de construir lenguajes
en los que cualquier sentido resulte expresable, sin
tener la menor idea de cómo y qué significa cada palabra.
Al igual que se habla sin saber como se producen los
diferentes sonidos.
El lenguaje ordinario es una parte del organismo
humano y no menos complicado que éste.
Es humanamente imposible extraer de el inmediatamente la
lógica del lenguaje.
El lenguaje disfraza el pensamiento. Y de un modo tal, en
efecto, que de la forma externa del ropaje no puede deducirse
la forma del pensamiento disfrazado; porque la forma externa
del ropaje está construida de cara a objetivos totalmente
distintos que el de permitir reconocer la forma del
cuerpo.
Las convenciones tácitas para la comprensión del lenguaje
ordinario son enormemente complicadas.
4.003 La mayor parte de las proposiciónes e interrogantes que
se han escrito sobre cuestiones filosóficas no son falsas,
sino absurdas. De ahí que no podamos dar respuesta en
absoluto a interrogantes de este tipo, sino sólo constatar
su condición de absurdos. La mayor parte de los interrogantes
y proposiciones de los filOsofos estriban en nuestra falta
de comprensión de nuestra lógica lingüística. (Son del tipo
del interrogante acerca de si lo bueno es más o menos
idéntico que lo bello).
Y no es de extrafiar que los mas profundos problemas no
sean problema alguno.
4.0031 Toda filosofía es «crífica lingüística». (En todo caso, no en el sentido de Mauthner.) Mérito de Russell es haber mostrado que la forma aparente de la proposición no tiene por qué ser su forma real.
4.01 La proposición es una figura de la realidad. La proposición es un modelo de la realidad tal como nos la pensamos.
4.011 A primera vista parece que la proposición -tal como viene impresa sobre el papel- no es figura alguna de la realidad de la que trata. Pero tampoco la notación musical parece ser a primera vista figura alguna de la música, ni nuestra escritura fonética (el alfabeto), figura alguna de nuestro lenguaje hablado. Y, sin embargo, estos lenguajes signicos se revelan tambien en el sentido corriente como figuras de lo que representan.
4.012 Es evidente que sentimos una proposición de la forma «aRb» como figura. Aquí el signo es evidentemente un símil de lo designado.
4.013 Y sí penetramos en lo esencial de este caracter
figurativo, vemos que éste no es perturbado por
irregularidades aparentes (como el uso del "#" y
del "b" en la notación musical).
Porque también estas irregularidades figuran lo
que han de expresar; solo que de otro modo y
manera.
4.014 El disco gramofónico, el pensamiento musical, la
notación musical, las ondas sonoras, estan todos
entre sí en esa relación interna figurativa que se
da entre lenguaje y mundo.
A todos ellos les es común la factura lógica. (Como,
en la fábula, los dos jóvenes, sus dos caballos y
sus lirios. En cierta medida todos son uno.)
4.0141 En que haya una regla general que permita al músico
sacar la sinfonía de la partitura, que haga posible
deducir la sinfonía del surco del disco gramofónico y
deducir de nuevo la partitura según la primera regla,
consiste precisamente la semejanza interna de cosas
aparentemente tan distintas. Y dicha regla es la ley
de la proyección, que proyecta la sinfonía en el lenguaje
de la notación musical.
Es la regla de la traducción del lenguaje de la
notación musical al del disco gramofónico.
4.015 La posibilidad de todos los símiles, del carácter figurativo entero de nuestro modo de expresión, descansa en la lógica de la figuración.
4.016 Para comprender la esencia de la proposición pensemos
en la escritura jeroglífica, que figura los hechos que
describe.
Y de ella, sin perder lo esencial de la figuración,
surgió la escritura alfabética.
4.02 Vemos esto porque comprendemos el sentido del signo proposicional sin que nos haya sido explicado.
4.021 La proposición es una figura de la realidad: Pues conozco el estado de cosas representado por ella si comprendo la proposición. Y comprendo la proposición sin que me haya sido explicado su sentido.
4.022 La proposición muestra su sentido. La proposición muestra cómo se comportan las cosas sí es verdadera. Y dice que se comportan así.
4.023 La realidad tiene que quedar fijada por la proposición
en orden al sí o al no.
Para ello ha de ser enteramente descrita por la
misma. La proposición es la descripción de un
estado de cosas.
Al igual que la descripción describe un objeto
atendiendo a sus propiedades externas, así la proposición
describe la realidad atendiendo a sus propiedades internas.
La proposición construye un mundo con ayuda de
un armazón lógico, y por ello, puede verse en ella
también cómo se comporta todo lo lógico, si es
verdadera. De una proposición falsa cabe extraer
conclusiones.
4.024 Comprender una proposición quiere decir saber
lo que es el caso si es verdadera.
(Cabe, pues, comprenderla sin saber si es verdadera.)
Se la comprende sí se comprenden sus partes integrantes.
4.025 En la traducción de un lenguaje a otro no se procede traduciendo cada proposición del primero a una proposición del segundo; se traducen sólo las partes integrantes de las proposiciones.
(Y el diccionario no sólo traduce sustantivos, sino también verbos, adjetivos y conjunciones, etc.; y los trata a todos por igual.)
4.026 Los significados de los signos simples (de las palabras) deben sernos explicados para que nos sea posible entenderlos. Pero con las proposiciones nos comprendemos.
4.027 Pertenece a la esencia de la proposición poder comunicarnos un sentido nuevo.
4.03 Una proposición debe comunicar un sentido nuevo
con expresiónes viejas.
La proposición nos comunica un estado de cosas;
tiene, pues, que estar esencialmente conectada con
el estado de cosas.
Y la conexión es, precisamente, que ella es su figura
lógica.
La proposición sólo dice algo en la medida en que
es una figura.
4.031 En la proposición, por así decirlo, se confecciona
a modo de prueba un estado de cosas.
Cabe decir simplemente: en lugar de esta proposición
tiene-este y aquel sentido, esta proposícion representa
este y aquel estado de cosas.
4.0311 Un nombre está en lugar de una cosa, otro en lugar de otra y entre sí están unidos; así representa el todo -como una figura viva- el estado de cosas.
4.0312 La posibilidad de la proposición descansa sobre
el principio de la representación de objetos por
medio de signos.
Mi idea fundamental es que las «constantes lógicas»
no representan nada. Que la lógica de los
hechos no puede representarse.
4.032 Sólo en la medida en que está lógicamente articulada es la proposición una figura del estado de cosas. (También la proposición «ambulo» es compuesta, porque su raíz con otra terminacion y su terminación con otra raíz dan un sentído diferente.)
4.04 En la proposición tiene que poder distinguirse
exactamente lo mismo que en el estado de cosas
que representa.
Ambos deben poseer igual multiplicidad lógica
(matemática). (Cfr. la mecánica de Hertz sobre
modelos dinámicos.)
4.041 Esta multiplicidad matemática, a su vez, no puede, naturalmente, ser figurada de nuevo. Al figurar no cabe salir de ella.
4.0411 Si quisiéramos, p. ej., expresar lo que expresamos
mediante «(x)fx» anteponiendo un índice a «fx»
-algo así como: «Gen. fx»-, no bastaría, no
sabríamos qué había sido generalizado. Sí quisiéramos
indicarlo mediante un índice «@» -algo
así como: «f (x@)»-, tampoco bastaría, no conoceríamos
el ámbito del signo de generalidad.
Si quisieramos intentarlo introduciendo una contraseña
en los lugares argumentales -algo así como:
«(A, A).F(A, A) »-, no bastaría, no podríamos constatar
la identidad de las variables.
Etc.
Todos estos modos de designación no bastan porque no
poseen la necesaria multiplicidad matemática.
4.0412 Por la misma razón no basta la explicación idealista de la visión de las relaciones espaciales mediante las «gafas espaciales», porque no puede explicar la multiplicidad de estas relaciones.
4.05 La realidad es comparada con la proposición.
4.06 Sólo en la medida en que es una figura de la realidad puede la proposición ser verdadera o falsa.
4.061 Si no se repara en que la proposición tiene un
sentido independiente de los hechos, puede creerse
fácilmente que verdadero y falso son relaciones
equiparables entre signo y designado.
Cabria decir entonces, p. ej., que «p» designa de
modo verdadero lo que «¬p» de modo falso, etc.
4.062 ¿No es posible entenderse con proposiciones falsas como hasta ahora con verdaderas? Sólo mientras se sepa que son mentadas falsamente. ¡No! Porque una proposición es verdadera cuando las cosas se comportan como lo decimos con ella; y si con «p» mentamos «¬p» y las cosas se comportan como lo mentamos, entonces «p» es, en la nueva concepción, verdadera y no falsa.
4.0621 Pero es importante que los signos «p» y «¬p»
puedan decir lo mismo. Porque ello muestra que
en la realidad nada corresponde al signo «¬».
Que en una proposición aparezca la negación no
es aun un rasgo característico de su sentido
(¬¬p=p).
Las proposiciones «p» y «¬p» tienen sentido
opuesto, pero les corresponde una y la misma
realidad.
4.063 Una imagen para explicar el concepto de verdad:
mancha negra sobre papel blanco; es posible describir
la forma de la mancha diciendo de cada punto de la
superficie si es blanco o negro. Al hecho
de que un punto sea negro le corresponde un hecho
positivo; al de que un punto sea blanco (no
negro), un hecho negativo. Si designo un punto
de la superficie (un valor fregeano de verdad),
ello corresponde al supuesto sentado para el
enjuiciamíento, etc., etc.
Pero para poder decir que un punto es negro o
blanco, tengo que saber antes cuándo a un punto
se le llama negro y cuándo se le llama blanco;
para poder decir «p» es verdadero (o falso) tengo
que haber determinado en qué circunstancias llamo
verdadero a «p», y con ello determino el sentido
de la proposición.
He aquí el punto en el que cojea el símil: podemos
señalar un punto del papel sin saber qué es
blanco y qué es negro; pero a una proposición sin
sentido no le corresponde nada, puesto que no
designa cosa alguna (valor veritativo) cuyas
propiedades pudieran llevar por nombre «falso» o
«verdadero», pongamos por caso; el verbo de una
proposición no es «es verdadero» o «es falso»
-como creía Frege-, sino que lo que «es verdadero»
debe contener ya el verbo.
4.064 Cualquier proposición ha de tener ya un sentido; la afirmación no puede dárselo, puesto que es ella precisamente quien afirma el sentido. Y lo mismo vale para la negación, etc.
4.0641 Cabría decir: La negación se refiere ya al lugar
lógico que determina la proposición negada. La
proposición que niega determina otro lugar lógico
que la negada.
La proposición que niega determina un lugar lógico
con ayuda del lugar lógico de la proposición
negada, en la medida en que describe éste como
situado fuera de aquel.
Que pueda negarse de nuevo la proposición negada
muestra ya que lo que es negado es ya una
proposición y no sólo la preparación de una
proposición.
4.1 La proposición representa el darse y no darse efectívos de los estados de cosas.
4.11 La totalidad de las proposiciones verdaderas es la ciencia natural entera (o la totalidad de las ciencias naturales).
4.111 La filosofía no es ninguna de las ciencias naturales.
(La palabra «filosofía» ha de significar algo que
está por arriba o por debajo, pero no junto a las
ciencias naturale
4.112 El objetivo de la filosofía es
la clarificación lógica de los pensamientos.
La filosofía no es una doctrina, sino una actividad.
Una obra fílosófica consta esencialmente de aclaraciones.
El resultado de la filosofía no son «proposiciones
filosóficas», sino el que las proposiciones lleguen
a clarificarse. La filosofía debe clarificar y delimitar
nítidamente los pensamientos, que de otro
modo son, por así decirlo, turbios y borrosos.
4.1121 La psicología no tiene mas parentesco con la filosofía
que cualquier otra ciencia natural.
La teoría del conocimiento es la filosofía de la psicología.
¿Acaso no corresponde mí estudio del lenguaje sígnico al
estudio de los procesos de pensamiento que los filósofos
consideraban tan esencial para la filosofía de la lógica?
Sólo que la mayoría de las veces se enredaron en
investigaciones psicológicas inesenciales, y un peligro
análogo corre también mi método.
4.1122 La teoría darwinista no tiene que ver con la filosofía mas que cualquier otra hipótesis de la ciencia natural.
4.113 La filosofía delimita el ámbito disputable de la ciencia natural.
4.114 Debe delimitar lo pensable y con ello lo impensable.
Debe delimitar desde dentro lo impensable por medio de lo pensable.
4.115 Significara lo indecible en la medida en que representa claramente lo decible.
4.116 Cuanto puede siquiera ser pensado, puede ser pensado claramente. Cuanto puede expresarse, puede expresarse claramente.
4.12 La proposición puede representar la realidad entera,
pero no puede representar lo que ha de tener en común
con la realidad para poder representarla - la forma lógica.
Para poder representar la forma lógica, deberíamos
situarnos con la proposición fuera de la lógica, es decir,
fuera del mundo.
4.121 La proposición no puede representar la forma lógica;
ésta se refleja en ella.
El lenguaje no puede representar lo que en el se
refleja.
Lo que se expresa en el lenguaje no podemos expresarlo
nosotros a través de él.
La proposición muestra la forma lógica de la realidad.
La ostenta.
4.1211 Asi una proposición «fa» muestra que en su sentido
aparece el objeto a; dos proposiciones «fa»
y «ga», que en ambas se habla del mismo objeto.
El que dos proposiciones se contradigan entre sí lo
muestra su estructura; de igual modo, el que una
se siga de la otra.
Etc.
4.1212 Lo que puede ser mostrado, no puede ser dicho.
4.1213 Ahora comprendemos tambien nuestro sentimiento: que estamos en posesión de una concepcion lógica correcta sólo si en nuestro lenguaje sígnico todo concuerda.
4.122 Podemos hablar, en cierto sentido, de propiedades
formales de los objetos y estados de cosas o,
respectivamente, de propiedades de la estructura de
los hechos y, en el mismo sentido, de relaciones
formales y relaciones de estructuras.
(En lugar de propiedad de la estructura digo tambien
«propiedad interna»; en lugar de relación
de las estructuras, «relación interna».
Introduzco estas expresiónes para mostrar la raíz
de la confusión, muy extendida entre los filOsofos,
entre las relaciones internas y las relaciones genuinas
(externas).)
Pero el darse efectivo de tales propiedades y relaciones
internas no puede ser afirmado mediante proposiciones,
sino que se muestra en las proposiciones que representan
aquellos estados de cosas y que tratan de aquellos objetos.
4.1221 A una propiedad interna de un hecho podemos llamarle tambien un rasgo de ese hecho. (En el sentido en que hablamos, por ejemplo, de rasgos faciales.
4.123 Una propiedad es interna si resulta impensable
que su objeto no la posea.
(Este color azul y aquél estan eo ipso en la relación
interna de más claro y mas oscuro. Es impensable que
estos dos objetos no estuvieran en esa relación.)
(Aquí corresponde al uso fluctuante de las palabras
«propiedad» y «relación» el uso fluctuante de la palabra
"objeto".)
4.124 El darse efectivo de una propiedad interna de
un posible estado de cosas no viene expresado
mediante una proposición, sino en la proposición
que lo representa, por medio de una propiedad
interna de la misma.
Sería tan absurdo atribuir a la proposición una
propiedad formal como negársela.
4.1241 No es posible diferenciar las formas unas de otras diciendo que ésta tiene tal propiedad y aquélla tal otra; porque esto presupone que tiene algún sentido enunciar ambas propiedades de ambas formas.
4.125 El darse efectivo de una relación interna entre posibles estados de cosas se expresa lingüisticamente mediante una relación interna entre las proposiciones que los representan.
4.1251 Queda resuelta así la cuestión disputada de «si todas las relaciones son internas o externas».
4.1252 Llamo series de formas a las series que estan ordenadas
por relaciones internas.
La serie de los números no está ordenada por una
relación externa, sino por una relación interna.
Igualmente la serie de las proposiciones «aRb»,
«(3x) : aRx.xRb», «(3x, y) : aRx.xRy.yRb », etc.
(Si b está en una de estas relaciones con a, llamo
a b un sucesor de 4.126En el sentido en el que hablamos
de propiedades formales, podemos hablar ahora también
de conceptos formales.
(Introduzco esta expresión para clarificar la raiz
de la confusión de los conceptos formales con los
conceptos propios que cruza toda la vieja lógica.)
Que algo caiga bajo un concepto formal como
objeto suyo, no puede ser expresado mediante
una proposición. Sino que se muestra en el signo
de ese mismo objeto. (El nombre muestra que
designa un objeto; el signo numerico, que designa
un número; etc.)
Los conceptos formales, en efecto, no pueden ser
representados, como los conceptos propios, por
una función.
Porque sus rasgos distintivos, las propiedades formales,
no se expresan mediante funciones.
La expresión del concepto formal es, pues, un
rasgo de ciertos símbolos.
El signo de los rasgos distintivos de un concepto
formal es, pues, un rasgo característico de todos
los símbolos cuyos significados caen bajo el concepto.
Así pues, la expresión del concepto formal es
una variable proposicional en la que sólo este
rasgo característico es constante.
4.127 La variable proposicional designa el concepto formal, y sus valores, los objetos que caen bajo este concepto.
4.1271 Toda variable es el signo de un concepto formal. Porque cada variable representa una forma constante que poseen todos sus valores y que puede ser concebida como propiedad formal de estos valores.
4.1272 Asi el nombre variable «x» es el signo genuino
del pseudo-concepto objeto.
Siempre que la palabra «objeto» («cosa», etc.) es
usada correctamente, se expresa en la escritura
conceptual mediante el nombre variable.
Por ejemplo, en la proposición «hay 2 objetos,
que... » mediante «(3 x, y)»... ».
Siempre que se usa de otro modo, es decir, como palabra
conceptual genuina, surgen pseudoproposiciones
absurdas.
Así, por ejemplo, no cabe decir «Hay objetos»
como se dice, pongamos por caso, «Hay libros».
Como tampoco «Hay 100 objetos» o «Hay x objetos».
Y es absurdo hablar del numero de todos los objetos.
Igual vale para las palabras «complejo», «hecho»,
«función», «número», etc.
Todas ellas designan conceptos formales y se representan
en la escritura conceptual mediante variables, no
mediante funciones o clases. (Como creían Frege y Russell.)
Expresiones como «l es un número», «sólo hay un cero» y
similares son absurdas.
(Tan absurdo es decir «sólo hay un 1» como absurdo sería
decir: 2 x 2 es igual a 4 a las 3 horas.
4.12721 El concepto formal viene ya dado con un objeto que cae bajo el. No cabe, pues, introducir objetos de un concepto formal y el concepto formal mismo como conceptos basicos. Asi no cabe, por ejemplo, introducir el concepto de la función y también funciones especiales (al modo de Russell) como conceptos básicos; o el concepto de numero y números determinados.
4.1273 Si queremos expresar la proposición general «b
es un sucesor de a» en la escritura conceptual
necesitamos una expresión para el miembro general
de la serie de formas: aRb, (3x) : aRx.xRb,
(3x,y) : aRx.xRy.yRb, ... Sólo cabe exprear el
miembro general de una serie de formas
mediante una variable, porque el concepto: miembro
de esta serie de formas, es un concepto formal.
(Esto es algo que Frege y Russell pasaron
por alto; de ahí la falsedad del modo y manera
como quieren expresar proposiciones generales
del tipo de las anteriores; ese modo y manera
contiene un circulus vitiosus.)
Podemos determinar el miembro general de la serie
de formas aduciendo su primer miembro y la
forma general de la operación que genera el miembro
siguiente a partir de la proposición precedente.
4.1274 La pregunta por la existencia de un concepto
formal es absurda. Porque no hay proposición que
pueda dar respuesta a tal pregunta.
(Así no cabe, p. ej., preguntar: « ¿Hay proposiciones de sujeto-predicado inanalizables? »)
4.128 Las formas lógicas son anuméricas. Por eso no hay en la lógica numeros promínentes, y por eso no hay monismo o dualismo filosóficos, etc.
4,2 El sentido de la proposición es su coincidencia y no coincidencia con las posibilidades del darse y no darse efectivos de los estados de cosas.
4,21 La proposición más sencilla, la proposición elemental, afirma el darse efectivo de un estado de cosas.
4.211 Un signo de la proposición elemental es que ninguna proposíción elemental pueda entrar en contradicción con ella.
4.22 La proposición elemental consta de nombres. Es una trama, una concatenación de nombres.
4.221 Es manifiesto que en el análisis de las proposiciones
hemos de llegar a proposiciones elementales
que constan de nombres en conexión inmediata.
Se plantea aquí la cuestion de como se efectua
el nexo proposicional.
4.2211 Aunque el mundo sea infinitamente complejo, de modo que cada hecho conste de infinitos estados de cosas, y cada estado de cosas, de infinitos objetos, aun entonces tendria que haber objetos y estados de cosas.
4.23 El nombre aparece en la proposición sólo en la trama de la proposición elemental.
4.24 Los nombres son los símbolos simples; los denoto
mediante letras sueltas («x», «y», «z»).
Escribo la proposición elemental como función de
los nombres en la forma «fx», «x,y», etc.
0 la denoto mediante las letras p, q, r.
4.241 Si uso dos signos en uno y el mismo significado,
expreso esto colocando entre ambos el signo
«a = b» quiere decir, pues: el signo «a» es sus-
tituible por el signo «b».
(Si introduzco mediante una ecuación un nuevo
signo «b», determinando que debe sustituir a un
signo «a» ya conocido, escribo entonces la ecua-
ción -definición- (como Russell) en la forma
«a = b Def.». La definicion es una regla sígnica.)
4.242 Asi pues, expresiónes de la forma «a = b» no son sino adminículos de la representación; nada expresan sobre el significado de los signos «a»,«b».
4.243 ¿Podemos comprender dos nombres sin saber si
designan la misma cosa o dos cosas distintas?
¿Podemos comprender una proposición en la que
aparecen dos nombres sin saber si significan lo
mismo o algo diferente?
Si conozco, p. ej., el significado de una palabra
inglesa y de una palabra alemana que signifique
lo mismo, entonces es imposible que ignore que
ambas significan lo mismo; es imposible que no
pueda traducir una a otra.
Expresiones como «a = a», o derivadas de éstas,
no son ni proposiciones elementales ni signos con
sentido. (Esto se mostrara despues.)
4.25 Si la proposición elemental es verdadera, el estado de cosas se da efectivamente; si la proposicíón elemental es falsa, el estado de cosas no se da efectivamente.
4.26 La especificación de todas las proposiciones elementales verdaderas describe el mundo completamente. El mundo queda completamente descrito por la especificación de todas las proposiciones elementales más la especificación de las que de ellas son verdaderas y de las que de ellas son falsas.
4.27
Respecto al darse y no darse efectivos de n esta-
dos de cosas hay
n (n)
Kn =sumatoria posibilidades.
y=O (y)
Pueden darse efectivamente todas las combinaciones de
los estados de cosas y las otras no darse.
4.28 A estas combinaciones corresponde el mismo número de posibilidades de verdad -y falsedad- de n proposiciones elementales.
4.3 Las posibilidades veritativas de las proposiciones elementales significan las posibilidades del darse y no darse efectivos de los estados de cosas.
4.31 Podemos representar las posibilidades veritativas mediante esquemas del tipo siguiente («V» significa «verdadero»; «F», «falso». Las series de «V» y de «F» bajo la serie de las proposiciones elementales significan en un simbolismo fácilmente comprensible sus posibilidades veritativas):
| p | q | r | p | q | p | |||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| V | V | V | V | V | V | |||
| F | V | V | F | V | F | |||
| V | F | V | V | F | ||||
| V | V | F | F | F | ||||
| F | F | V | ||||||
| F | V | F | ||||||
| V | F | F | ||||||
| F | F | F |
4.41 Las posibilidades veritativas de las proposiciones elementales son las condiciones de la verdad y falsedad de las proposiciones.
4.411 Es probable, en principio, que la introducción de las proposiciones elementales sea fundamental para la comprensión de todos los demas tipos de proposiciones. La comprensión de las proposiciones generales depende palpablemente, en efecto, de la de las proposiciones elementales.
4.42
Respecto de la coincidencia y no coincidencia de
una proposición con las posibilidades veritativas
de n proposiciones elementales hay
Kn (Kn)
sumat. = Ln posibilidades.
K=o (K)
4.43 Podemos expresar la coincidencia con las posibilidades
veritativas adscribiéndoles en el esquema el distintivo
«V» (verdadero), p. ej.
La falta de este distintivo significa la no coincidencia.
4.431 La expresión de la coincidencia y no coincidencia
con las posibilidades veritativas de las proposiciones
elementales expresa las condiciones veritativas de
la proposición.
La proposición es la expresión de sus condiciones
veritativas. (Por ello, Frege las antepuso con todo
acierto como explicacion de los signos de su escritura
conceptual. Sólo que la explicación del concepto de
verdad es falsa en Frege: Si «lo verdadero» y «lo falso»
fueran realmente objetos, y argumentos en -p, etc.,
entonces, según la determinaci0n fregeana, el sentido de
«-p» no estaría en modo alguno determinado.)
4.44 El signo que surge de la correlación del citado distintivo «verdadero» y de las posibilidades veritativas, es un signo proposicional.
4.441 Esta claro que al complejo de los signos «F» y
«V» no corresponde objeto (o complejo de objetos)
alguno; como tampoco a los trazos horizontales y
verticales o a los parentesis. No hay «objetos lógicos».
Cosa análoga vale, naturalmente, para todos los
signos que expresan lo mismo que los esquemas
de «V» y «F».
4.442 Esto:
| p | q | .. |
| V | V | V |
| F | V | V |
| V | F | .. |
| F | F | V |
4.45 Para n proposiciones elementales hay L. grupos
posibles dé condiciones veritativas.
Los grupos de condiciones veritativas que pertenecen
a las posibilidades veritativas de un número
de proposiciones elementales, pueden ordenarse
en una serie.
4,46 Entre los grupos posibles de condiciones veritativas
hay dos casos extremos.
En uno de ellos la proposición es verdadera para
todas las posibilidades veritativas de las proposiciones
elementales. Decimos que las condiciones
veritativas son tautológicas.
En el segundo, la proposición es falsa para todas
las posibilidades veritativas: Las condiciones veritativas
son contradictorias.
En el primer caso llamamos a la proposición una
tautología, en el segundo una contradicción.
4.461 La proposición muestra lo que dice; la tautología
y la contradicción, que no dicen nada.
La tautología carece de posibilidades veritativas,
dado que es incondicionalmente verdadera; y la
contradicción no es verdadera en condición alguna.
Tautología y contradicción carecen de sentido.
(Como el punto del que parten dos flechas en dirección
opuesta.)
(Nada sé, p. ej., sobre el tiempo si se que llueve
o no llueve.)
4.4611 Pero tautología y contradicción no son absurdas; pertenecen al simbolismo y ello de modo similar, ciertamente, a como el cero pertenece al simbolismo de la aritmética.
4.462 Tautología y contradicción no son figuras de la realidad. No representan ningún posible estado de cosas. Porque aquélla permite cualquier posible estado de cosas, ésta ninguno. En la tautología las condiciones de coincidencia con el mundo -las relaciones representativas- se neutralizan entre sí, de modo que no está en relación representativa alguna con la realidad.
4.463 Las condiciones veritativas determinan el espacio
de juego que les es dejado a los hechos por la
proposición.
(La proposición, la figura, el modelo, son, en sentido
negativo, como un cuerpo sólido que limita
la libertad de movimiento de los demás; en sentido
positivo, como el espacio limitado por substancia sólida,
en el que un cuerpo ocupa un lugar.)
La tautología deja a la realidad el espacio lógico
entero -infinito-; la contradicción llena todo
el espacio lógico y no deja a la realidad punto alguno.
De ahí que ninguna de las dos pueda determinar en modo
alguno la realidad.
4.464 La verdad de la tautología es cierta; la de la proposición, posible; la de la contradicción, imposible. (Cierto, posible, imposible: He ahí los distintivos de la graduación que necesitamos en la teoría de la probabilidad.) 4.465 El producto lógico de una tautología y una proposición dice lo mismo que la proposición. Tal producto es, pues, idéntico a la proposición. Porque no cabe modificar lo esencial del símbolo sin modificar su sentido.
4.466 A una determinada conexión lógica de signos
corresponde una determinada conexión lógica de sus
significados; solo a los signos inconexos corresponde
una conexión arbitraria cualquiera.
Esto quiere decir que proposiciones que son verdaderas
para cualquier estado de cosas no pueden
ser en absoluto conexiones de signos, porque de
lo contrario sólo podrían corresponderles determinadas
conexiones de objetos. (Y a ninguna conexion lógica
corresponde ninguna conexión de los objetos.)
Tautología y contradicción son los casos límites de
la conexión sígnica, es decir, su disolución.
4.4661 Por supuesto que también en la tautología y en la contradicción los signos están aún unidos unos a otros, es decir, en relación mutua; pero estas relaciones carecen de significado, son inesenciales al símbolo.
4.5 Ahora parece posible dar la forma más general de
la proposición: es decir, dar una descripción de
las proposiciones de cualquier lenguaje sígnico, de
modo que cualquier posible sentido Pueda ser
expresado mediante un símbolo al que convenga la
descripción, y que cualquier símbolo al que convenga
la descripción pueda expresar un sentido si
los significados de los nombres son escogidos
adecuadamente.
Está claro que en la descripción de la forma más
general de la proposición sólo puede ser descrito
lo esencíal de ella; de lo contrario no seria,
ciertamente, la más general.
Que haya una forma general de la proposición es
cosa que viene probada por el hecho de que no
puede haber proposición alguna cuya forma no
hubiera podido ser prevista (esto es, construida).
La forma general de la proposición es: las cosas
se comportan de tal y tal modo.
4.51 En el supuesto de que me fueran dadas todas las proposiciones elementales: entonces cabría preguntar simplemente: qué proposiciones puedo formar con ellas. Y éstas son todas las proposiciones, y así vienen delimitadas.
4.52 Las proposiciones son todo lo que se sigue de la totalidad de todas las proposiciones elementales (naturalmente también del hecho de que se trata de la totalidad de todas). (De ahí que, en cierto sentido, quepa decir que todas las proposiciones son generalizaciones de las proposiciones elemen- tales.)
4.53 La forma general de la proposición es una variable.
5. La proposición es una función veritatíva de las
proposiciones elementales.
(La proposición elemental es una función veritativa
de sí misma.)
5.01 Las proposiciones elementales son los argumentos veritativos de la proposición.
5.02 Hay una tendencia a confundir los argumentos de funciones con los índices de nombres. Reconozco, en efecto, tanto en el argumento como en el índice el significado del signo que los contiene. En el « +,» de Russell, p. ej., «c» es un índice que indica que el signo entero es el signo de adición para numeros cardinales. Pero esta designación descansa sobre una convención arbitraria, y en lugar de « +,» cabría escoger tambien un signo simple; en «-p», sin embargo, «p» no es índice sino un argumento: el sentido de «-p» no puede ser comprendido sin que antes haya sido comprendido el sentido de «p». (En el nombre Julio César, «Julio» es un índice. El índice es siempre una parte de una descripción del objeto, a cuyo nombre lo adjuntamos. Por ejemplo, el César del linaje de los Julios.) Si no me equivoco, la confusión de argumento e indice subyace a la teoria fregeana del significado de las proposiciones y funciones. Para Frege, las proposiciones de la logica eran nombres, y sus argumentos, los indíces de estos nombres.
5.1 Las funciones veritativas pueden ordenarse en series. Este es el fundamento de la teoría de la probabilidad.
5.101 Las funciones veritativas de un número cualquiera de proposiciones elementales pueden escribirse en un esquema del tipo siguiente:
| (V V V V) (p,q) | Tautología | (Si p, entonces p; y si q, entonces q.) (p entonces p.q q entonces q) |
| (F V V V) (p,q) | en palabras: | No ambas p y q. [ ¬(p - q)] |
| (V F V V) (p,q) | » | Si q, entonces p. (q entonces p) |
| (V V F V) (p,q) | » | Si p, entonces q. (p entonces q) |
| (V V V F) (p,q) | » | p o q. (pvq) |
| (F F V V) (p,q) | » | No q. (¬q) |
| (F V F V) (p,q) | » | No p. (¬p) |
| (F V V F) (p,q) | » | p, o q, pero no ambas. (p.¬q:v:q.¬p) |
| (V F F V) (p,q) | » | Si p, entonces q; y si q, entonces p. (p=q) |
| (V F V F) (p q) | » | p |
| (V V F F) (p,q) | » | q |
| (F F F V) (p,q) | » | Ni p ni q. (¬p.¬q) o (p|q) |
| (F F V F) (p,q) | » | p y no q. (p.¬q) |
| (F V F F) (p,q) | » | q y no p. (q.¬p) |
| (V F F F) (p,q) | » | q y p. (q.p) |
| (F F F F) (p,q) | Contradicción | (p y no p; y q y no q.) (p.¬p.q.¬q) |
A las posibilidades veritativas de los argumentos veritativos que hacen verdadera la proposición las llamo sus fundamentos veritativos.
5.11 Si todos los fundamentos veritativos que son comunes a un número de proposiciones son, al mismo tiempo, fundamentos veritativos de una determinada proposición, entonces decimos que la verdad de ésta se sigue de la verdad de aquéllas.
5.12 En particular, la verdad de una proposición «p» se sigue de la verdad de otra «q», si todos los fundamentos veritativos de la segunda lo son tambien de la primera.
5.121 Los fundamentos veritativos de una vienen contenidos en los de la otra; p se sigue de q.
5.122 Si p se sigue de q, entonces el sentido de «p» viene contenido en el sentido de «q».
5.123 Si un dios crea un mundo en el que determinadas proposiciones son verdaderas, con ello crea también ya un mundo en el que todas las proposíciones que se siguen de ellas son correctas. Y, de modo similar, no podría crear un mundo en el que la proposición «p» fuera verdadera sin crear todos sus objetos.
5.124 La proposición afirma cualquier proposición que se siga de ella.
5.1241 «p . q» es una de las proposiciones que afirman
«p» y, a la vez, una de las proposiciones que
afirman «q».
Dos proposiciones se oponen entre sí si no hay
una proposición con sentido que afirme ambas.
Cualquier proposición que contradiga a otra la
niega.
5.13 Que la verdad de una proposición se sigue de la verdad de otras proposiciones es cosa que percibimos a partir de la estructura de las proposiciones.
5.131 Si la verdad de una proposición se sigue de la verdad de otras, esto se expresa mediante relaciones en las que están las formas de aquellas proposiciones; y, ciertamente, no necesitamos ponerlas antes en aquellas relaciones, uniéndolas entre sí en una proposición, sino que estas relaciones son internas y se dan efectivamente tan pronto como aquellas proposiciones se dan efectivamente, y por ello.
5.1311 Si de pvq y -p deducimos q, la relación de las
formas proposicionales de «pvq» y «-p» queda
oculta por el modo de designación. Pero si en lu-
gar de «pvq» escribimos, por ejemplo, «p|q.|.p|q»,
y en lugar de «-p» escribimos «p|p»(p|q=ni p,ni q),
entonces se hace evidente la trama interna.
(Que de (x).fx pueda deducirse fa, muestra que
la generalidad está presente también en el símbolo
«(x).fx».)
5.132 Si p se sigue de q, entonces puedo deducir p de q;
inferir p de q.
El tipo de deducción sólo puede obtenerse
sacándolo de ambas proposiciones.
Sólo ellas mismas pueden justificar la deducción.
«Leyes deductivas» que -como en Frege y Russell-
tienen que justificar las deducciones, carecen
de sentido y serían superfluas.
5.133 Todo inferir sucede a priori.
5.134 De una proposición elemental no puede inferirse ninguna otra.
5.135 Del darse efectivo de un estado de cosas cualquiera no se puede, en modo alguno, deducir el darse efectivo de otro enteramente distinto.
5.136 No hay un nexo causal que justifique tal deducción.
5.1361 No podemos inferir los acaecimientos del futuro
a partir de los actuales.
La creencia en el nexo causal es la superstición.
5.1362 La libertad de la voluntad consiste en que
acciones futuras no pueden conocerse ahora. Sólo
podríamos conocerlas de ser la causalidad una
necesidad interna como la de la deducción lógica.-La
conexión entre saber y sabido es la de la necesidad
lógica.
(«A sabe que p es el caso» carece de sentido si p
es una tautología.)
5.1363 Si del hecho de que una proposición nos resulte evidente no se sigue que es verdadera, entonces la evidencia tampoco es justificación alguna para nuestra creencia en su verdad.
5.14 Si una proposición se sigue de otra, entonces ésta dice mas que aquélla, aquélla menos que esta.
5.141 Sí p se sigue de q y q de p, entonces son una y la misma proposición.
5.142 La tautologia se sigue de todas las proposiciones: no dice nada.
5.143 La contradicción es lo común de las proposiciones
que ninguna proposición tiene en común con otra.
La tautología es lo común de todas las
proposiciones que nada tienen en común entre sí.
La contradiccion, por asi decirlo, desaparece fue~
ra, la tautología, dentro de todas las proposiciones.
La contradicción es el limite externo de las
proposiciones, la tautología es su centro insustancial.
5.15 Sí Vr es el número de los fundamentos veritativos de la proposición «r», Vrs el de los fundamentos veritativos de la proposición «s», que lo son a la vez de «r», entonces llamamos a la relación: Vrs: Vr la medida de la probabilídad que la proposición «r» confiere a la proposícion «s».
5.151 Sea, en una esquema como el anterior del número 5.101, Vr el número de los «V» en la proposición r; Vrs el número de los «V» en la proposición s que están en las mismas columnas con los «V» de la proposición r. La proposición r con- fiere entonces a la proposición s la probabilidad: Vrs: Vr.
5.1511 No hay objeto específico alguno, propio de las proposiciones de probabilidad.
5.152 A las proposiciones que carecen de argumentos
veritativos en común las llamamos independientes
entre sí.
Dos proposiciones elementales se confieren mutuamente la probabilidad 1/2.
Si p se sigue de q, entonces la proposición «q»
confiere a la proposición «p» la probabilidad 1.
La certeza de la deducción lógica es un caso límite
de la probabilidad.
(Aplicación a la tautología y contradicción.
5.153 Por sí misma una proposición no es probable ni improbable. Un evento ocurre o no ocurre, no hay un término medio.
5.154 Supongamos que en una urna hay igual número
de bolas blancas y negras (y ninguna otra). Saco
una bola tras otra y vuelvo a ponerlas en la urna.
Por medio de este experimento, entonces, podré
constatar que los números de las bolas negras y
blancas extraídas se aproximan entre sí a medida
que voy sacándolas.
Esto no es, pues, un hecho matemático.
Si ahora digo: es igualmente probable que saque
una bola blanca que una negra, esto significa:
todas las circunstancias que me son conocidas (incluídas las leyes de la naturaleza hipotéticamente
admitidas) no confieren a la ocurrencia de un
evento más probabilidad que a la ocurrencia de
otro. Es decir, confieren -como facilmente pue-
de deducirse de las explicaciones anteriores- a
cada uno la probabilidad 1/2.
Lo que confirmo por el experimento es que la
ocurrencia de ambos eventos es independiente de
las circunstancias de las que no tengo mayor
conocimiento.
5.155 La unidad de la proposición de probabilidad es: las circunstancias -de las que, por lo demas, no tengo mayor conocimiento- confieren a la ocurrencia de un determinado evento tal y tal grado de probabilidad.
5.156 Asi pues, la probabilidad es una generalización.
Envuelve una descripción general de una forma
proposicional.
Sólo a falta de certeza usamos la probabilidad.
Cuando, en efecto, no conocemos un hecho
enteramente, pero sabemos algo sobre su forma.
(Una proposición puede ser, sin duda, una figura
incompleta de un determinado estado de cosas,
pero es siempre una figura completa.)
La proposición de probabilidad es, por así decirlo,
un extracto de otras proposiciones.
5.2 Las estructuras de las proposiciones están en relacíones internas entre sí.
5.21 Podemos resaltar estas relaciones internas en nuestro modo de expresión representando una proposición como resultado de una operación que la obtiene a partir de otras proposiciones (las bases de la operación).
5.22 La operación es la expresión de una relación entre las estructuras de su resultado y de sus bases.
5.23 La operación es lo que ha de suceder con una proposición para hacer de ella otra.
5.231 Y esto dependerá, naturalmente, de sus propiedades formales, de la similitud interna de sus formas.
5.232 La relación interna que ordena una serie es equivalente a la operación por la que un mienbro surge a partir de otro.
5.233 La operación sólo puede aparecer allí donde una proposición surge de otra de modo lógicamente significativo. 0 sea, allí donde comienza la construcción lógica de la proposición.
5.234 Las funciones veritativas de las proposiciones elementales son resultados de operaciones que tienen como bases las proposiciones elementales. (Llamo a estas operaciones, operaciones veritativas.)
5.2341 El sentido de una función veritativa de p es una
función del sentido de p.
Negación, suma lógica, producto lógico, etcétera,
son operaciones. (La negación invierte el sentido
de la proposición).
5.24 La operación se muestra en una variable; muestra
cómo puede llegarse de una forma de proposiciones
a otra.
Da expresión a la diferencia de las formas. (Y lo
común entre las bases y el resultado de la operación
son precisamente las bases.)
5.241 La operación no caracteriza forma alguna, sino sólo la diferencia de las formas.
5.242 La misma operación que de «p» hace «q», hace de «q» «r», y así sucesivamente. Esto sólo puede expresarse por el hecho de que «p», «q», «r», etc., son variables que expresan de modo general ciertas relaciones formales.
5.25 La ocurrencia de la operación no caracteriza el
sentido de la proposición.
La operación no enuncia nada, sólo su resultado,
y esto depende de las bases de la operación.
(Operación y función no deben confundirse una
con otra).
5.251 Una función no puede ser su propio argumento, pero el resultado de una operacion puede convertirse, ciertamente, en su propia base.
5.252 Sólo así es posible la progresión miembro a miembro en una serie de formas (de tipo a tipo en las jerarquías de Russell y Whitehead). (Russell y Whitehead no admitieron la posibilidad de esta progresión, pero hicieron repetidamente uso de ella.)
5.2521 Llamo a la aplicación repetida de una operación a su propio resultado su aplicación sucesiva («0' 0' 0' a» es el resultado de la triple aplicación sucesiva de «0'!» a «a»). En sentido parecido hablo de la aplicación sucesiva de varias operaciones a un número de proposiciones.
5.2522 De ahí que escriba el miembro general de una serie de formas a, 0' a, 0' 0' a,... así: «[a, x, 0' x]». Esta expresión entre paréntesis es una variable. El primer miembro de la expresión entre paréntesis es el comienzo de la serie de formas; el segundo, la forma de un miembro cualquiera x de la serie, y el tercero, la forma del miembro de la serie que sigue inmediatamente a x.
5.2523 El concepto de la aplicación sucesiva de la operacion es equivalente al concepto «y así sucesivamente».
5.253 Una operación puede anular el efecto de otra. Las operaciones pueden cancelarse entre si.
5.254 La operacion puede desaparecer (p. ej., la negación en «¬¬p», ¬¬p=p).
5.3 Todas las proposiciones son resultados de
operaciones veritativas con las proposiciones
elementales.
La operacion veritativa es el modo y manera cómo
a partir de las proposiciones elementales surge la
función veritativa. De acuerdo con la esencia de
la operacion verítativa, del mismo modo que
surge de las proposiciones elementales su funcion
ción veritativa, surge de las funciones veritativas
una nueva. Toda operación veritativa produce,
a partir de funciones veritativas de
proposiciones elementales, otra función veritativa de
proposiciones elementales, una proposíción. El
resultado de toda operacion veritativa con los
resultados de operaciones veritativas con
proposiciones elementales es nuevamente el resultado
de una operación veritativa con proposiciones
elementales.
Toda proposición es el resultado de operaciones
veritativas con proposiciones elementales.
5.31 Los esquemas del núm. 4.31 tienen significado incluso cuando «p», «q», «r», etc., no son proposiciones elementales. Y es fácil de ver que el signo proposicional del núm. 4.442 expresa una función veritativa de proposiciones elementales incluso cuando «p» y «q» son funciones veritativas de proposiciones elementales.
5.32 Todas las funciones veritativas son resultados de la aplicación succsiva de un número finito de operaciones veritativas a las proposiciones elementales.
5.4 Se muestra aqui que no hay «objetos lógicos», «constantes lógicas» (en el sentido de Frege y Russell).
5.41 Pues: son idénticos todos aquellos resultados de operaciones veritativas con funciones veritativas que son una y la misma función veritativa de proposiciones elementales.
5.42 Es evidente que v, si...entonces, etc., no son relaciones en el sentido de derecha e izquierda, etcétera. La posibilidad de la interdefinibilidad de los «signos primitivos» lógicos de Frege y Russell muestra ya que estos no son signos primitivos y, propiamente ya, que no designan relaciones. Y es evidente que el « =) », que definimos me- diante «¬» y «v», es idéntico a aquél mediante el que definimos «v» con «¬», y que éste «v» es identico al primero. Y así sucesivamente.
5.43 Que de un hecho p hayan de seguirse infinitos
otros, a saber: ¬¬p, ¬¬¬¬p, etc., es cosa
difícil de creer de antemano. Y no es menos
extraño que el número infinito de las
proposíciones de la lógica (de la matemática) se siga de
media docena de «leyes fundamentales».
Pero todas las proposiciones de la lógica dicen lo
mismo. Es decir, nada.
5.44 Las funciones veritativas no son funciones materiales.
Si se puede generar, p. ej., una afirmación
mediante doble negacion, ¿viene entonces contenida
la negación -en algún sentido- en la afirmación?
¿«¬¬q» niega ¬p, o afirma p, o ambas cosas?
La proposición «¬¬p» no trata de la negacion
como de un objeto; pero la posibilidad de la negación
viene prejuzgada ya en la afirmación.
Y de haber un objeto que se llamara «¬», entonces «¬p»
debería decir otra cosa que «p».
Porque una proposición trataría entonces precisamente de
¬, la otra no.
5.441 Esta desaparición de las constantes logicas aparentes tiene lugar también cuando «¬(3x).¬fx» dice lo mismo que «(x) fx», o «(3x) fx x=a» dice lo mismo que fa.
5.442 Si se nos da una proposición también se nos dan ya con ella los resultados de todas las operaciones veritativas que la tienen como base.
5.45 Si hay signos primitivos lógicos, entonces una lógica correcta ha de clarificar la posición de unos respecto a otros y justificar su existencia. La construcción de la lógica a partir de sus signos primitivos debe llegar a esclarecer
5.451 Si la logica tiene conceptos fundamentales, éstos
han de ser independientes entre sí. Una vez introducido un concepto primitivo, ha de estar
introducido, en general, en todas las combinaciones
en las que ocurra. No es posible, pues, introducirlo
primero para una combinación y luego nuevamente
para otra. P. ej.: una vez introducida una
negación, tenemos que comprenderla ya tanto en
proposiciones de la forma «¬p» como en proposiciones
como « ¬ (pvq) », « (3 x) . ¬ fx », entre otras.
No podemos introducirla primero para una clase
de casos, luego para otra, por cuanto que de
proceder asi quedaría dudoso si su significado
sería el mismo en ambos casos, y no habría
motivo alguno para utilizar en ambos casos el mismo
tipo de combinación signica.
(En resumen, para la introducción de signos
prímitivos vale, mutatis mutandis, lo mismo que
Frege («Grundgesetze der Arithmetik») dijo para
la introducción de signos mediante definiciones.)
5.452 La introducción de un nuevo recurso en el
simbolismo de la lógica ha de ser siempre un
acontecimiento cargado de consecuencias. Ningún
recurso nuevo puede introducirse en la lógica -con
aire enteramente inocente, por así decirlo- entre
paréntesis o a pie de línea.
(Así aparecen en los «Princípia Mathematica» de
Russell y Whitehead definiciones y leyes fundamentales
en palabras. ¿Por qué aquí, de repente,
palabras? Esto necesitaría una justificación. Tal
justificación falta y ha de faltar, dado que el
procedimiento no está, de hecho, permitido.)
Pero si la introducción de un nuevo adminículo
en un lugar se ha revelado necesaria, entonces hay
que preguntarse en seguida: ¿dónde habrá que
usar siempre este adminículo a partir de ahora?
Su posición en la lógica es lo que hay que explicar ahora.
5.453 Todos los números de la lógica han de resultar
justificables.
0 más bien: debe hacerse evidente que en la
lógica no hay números.
No hay números prominentes.
5.454 En la lógica no hay relación de contigüidad, no
puede haber clasificación alguna.
En la lógica no puede haber nada más general ni
mas especial.
5.4541 Las soluciones de los problemas lógicos han de
ser simples, ya que imponen el standard de la
simplicidad.
Los hombres han barruntado siempre que tiene
que haber un ámbito de cuestiones cuyas
respuestas yazcan unidas -a priori- simetricamente y
en formación cerrada, regular.
Un ambito en el que valga la proposición: simplex
sigillum veri.
5.46 De haberse introducido correctamente los signos
lógicos, se hubiera introducido también el
sentido de todas sus combinaciones; o sea, no sólo
«pvq», sino también ya «¬(pv¬q»), etc., etc.
Con ello ya se habría introducido también el
efecto de todas las combinaciones posibles, sin
más, de paréntesis. Y con ello habría quedado
claro que los signos primitivos propiamente generales no son los «pvq», «(3x) . fx», etc., sino
la forma más general de sus combinaciones.
5.461 Es significativo el hecho aparentemente sin
importancia de que las pseudorrelaciones lógicas
como v y =) precisan de los parentesis; contrariamente
a las relaciones genuinas.
El uso de los paréntesis con aquellos signos
prímitivos aparentes remite ya, en efecto, al hecho de
que éstos no son los signos primitivos genuinos.
Y nadie creera, desde luego, que los paréntesis
tienen un significado autónomo.
5.4611 Los signos lógicos de operación son signos de puntuación.
5.47 Está claro que todo cuanto puede siquiera decirse
de antemano sobre la forma de todas las
proposiciones debe poder decirse de una vez.
En la proposición elemental vienen ya contenidas,
en efecto, todas las operaciones lógicas. Puesto
que «fa» dice lo mismo que «(3x) . fx . x = a».
Donde hay composición hay argumento y función,
y donde están los dos últimos están ya todas las
constantes lógicas.
Cabría decir: la única constante lógica es lo que
todas las proposiciones tienen, por su naturaleza,
en común unas con otras.
Pero esto es la forma general de la proposición.
5.471 La forma general de la proposición es la esencia de la proposición.
5.4711 Dar la esencia de la proposición quiere decir dar la esencia de toda descripción, o sea, la esencia del mundo.
5.472 La descripción de la forma mas general de la proposición es la descripción del uno y unico signo primitivo general de la lógica.
5.473 La lógica debe cuidarse de sí misma.
Un signo posible debe también poder designar.
Todo lo que es posible en la lógica está tambien
permitido. («Sócrates es idéntico» no quiere decir
nada porque no hay ninguna propiedad que se
llame «idéntico». La proposición es absurda
porque no hemos establecido una determinación
arbitraria, pero no porque el símbolo no estuviera
permitido en y por sí mismo.)
En cierto sentido, no podemos equivocarnos en
la lógica.
5.4731 La evidencia, de la que Russell tanto habló, sólo puede resultar superflua en la lógica en la medida en que el lenguaje mismo impide todo error logico.-Que la lógica sea a priori consiste en que nada ilógico puede ser pensado.
5.4732 No podemos dar a un signo el sentído incorrecto.
5.47321 El lema de Occam no es, naturalmente, una regla
arbitraria, ni una regla justificada por su éxito
práctico: dice que unidades signicas innecesarias
no significan nada.
Signos que cumplen un objetivo son lógicamente
equivalentes; signos que no cumplen ningún
objetivo son lógicamente asignificativos.
5.4733 Frege dice: cualquier proposición formada
correctamente debe tener un sentido; y yo digo:
cualquier proposición posible está correctamente
formada y si carece de sentido ello sólo puede
deberse a que no hemos dado significado a algunas
de sus partes integrantes.
(Aunque creamos haberlo hecho.)
Así, «Sócrates es ídéntico» no dice nada porque
no hemos dado a la palabra «idéntico» ningún
significado en cuanto adjetivo. Porque si
aparece como signo de igualdad, entonces simboliza de
un modo y manera totalmente distintos -la
relación designante es otra diferente-, o sea, el
símbolo es también en ambos casos de todo punto
diferente; ambos símbolos solo tienen casualmente
uno con otro en común el signo.
5.474 El número de las operaciones fundamentales necesarias depende sólo de nuestra notación.
5.475 Lo único que importa es formar un sistema de signos de un determinado número de dimensiones de una multíplicidad matematica determínada.
5.476 Está claro que aquí no se trata de un número de conceptos fundamentales que deben ser designados, sino de la expresión de una regla.
5.5 Toda función veritativa es resultado de la
aplicacíón sucesiva de la operación (-----V) (!,...)
a proposiciones elementales.
Esta operacion niega todas las proposiciones en
el paréntesis derecho y la llamo la negación de
esas proposiciones.
5.501 A una expresión entre paréntesis cuyos miembros
sean proposiciones la denoto -si el orden
serial de los miembros en el parentesis es
indiferente- por medio de un signo de la forma «(!)».
«!» es una variable cuyos valores son los miembros
de la expresion entre paréntesis; y el guión
sobre la variable indica que representa todos sus
valores en el paréntesis.
(Así pues, si ! tiene, pongamos por caso, los tres
valores P, Q, R, entonces (!) = (P, Q, R).
Los valores de la variable se estipulan.
La estipulación es la descripción de las
proposiciones que representa la variable.
Cómo suceda la descripción de los miembros de
la expresión entre paréntesis es inesencial.
Podemos distinguir tres tipos de descripcion:
1ª. La enumeración directa. En este caso podemos
colocar en lugar de la variable simplemente sus
valores constantes. 2ª. Dando una función fx cu-
yos valores, para todos los valores de x, son las
proposiciones a describir. 3ª. Dando una ley
formal de acuerdo con la cual vienen formadas
aquellas proposiciones. En este caso los miem-
bros de la expresión entre paréntesis son los
miembros todos de una serie de formas.
5.502 Escribo, pues, «N(!)» en lugar de «(----- V)
(!,...)».
N(!) es la negación de todos los valores de la
variable proposicional.
5.503 Puesto que, evidentemente, resulta fácil expresar cómo pueden formarse proposiciones con esta operación y cómo no pueden formarse proposiciones con ella, también esto ha de poder encontrar una expresión exacta.
5.51
Si ! sólo tiene un valor,
entonces N(!) = ¬p
(no p);
si tiene dos valores, entonces N(!)
¬p . ¬q (ni p ni q)
5.511 ¿Cómo puede la lógica, que todo lo abarca y que refleja el mundo, utilizar garabatos y manipulaciones tan especiales? Sólo en la medida en que todos ellos se anudan formando una red infinitamente fina, el gran espejo.
5.512 «¬p» es verdadera si «p» es falsa. Asi pues, en
la proposición verdadera «¬p», «p» es una
proposición falsa. ¿Pero como puedo ahora poner de
acuerdo el guión «¬» con la realidad?
Lo que niega en «¬p» no es, sin embargo, el
« ¬ », sino lo que todos los signos de esta
notacion que niegan p tienen en común.
0 sea, la regla común de acuerdo con la que se
forman «¬p», «¬¬¬p», «¬pv¬p», «¬p.¬p», etc., etc.,
(ad inf.). Y esto común lo refleja la negación.
5.513 Cabría decir: lo común de todos los símbolos que
afirman tanto p como q es la proposición «p . q».
Lo común de todos los símbolos que afirman bien
p o bien q es la proposición «pvq».
Y así cabe decir: dos proposiciones se oponen una
a otra cuando no tienen nada en común. Y:
cualquier proposición tiene sólo una negativa porque
sólo hay una proposición que quede completamente
fuera de ella.
También en la notación de Russell se muestra,
así, que «q : pv¬p» dice lo mismo que «q»; que
«pv¬p» no dice nada.
5.514 Una vez estipulada una notación hay en ella ya
una regla de acuerdo con la cual se forman todas
las proposiciones que niegan p; una regla de
acuerdo con la cual se forman todas las proposiciones
que afirman p o q, y así sucesivamente.
Estas reglas son equivalentes a los símbolos y en
ellos se refleja su sentido.
5.515 Tiene que mostrarse en nuestros símbolos que lo
que viene unido mediante «v», «,», etc., han de
ser proposiciones.
Y éste es ciertamente el caso, porque el simbolo
«p» y «q» presupone ya por sí mismo el «v»,
«¬», etc. Si el signo «p» no está en «pvq» por
un signo complejo, no puede tener sentido por sí
sólo; pero entonces tampoco pueden tener sentido
las líneas «pvp», p . p», etc., que tienen el
mismo sentido que «p». Pero si «pvp» no tiene
sentido, tampoco «pvq» puede tenerlo.
5.5151 ¿Tiene que formarse el signo de la proposición
negativa con el signo de la positiva? ¿Por qué no
cabría expresar la proposición negativa mediante
un hecho negativo? (Por ejemplo si «a» no está
en una relación determinada con «b», ello podría
expresar que aRb no es el caso.)
Pero también aquí la proposición negativa, a decir
verdad, viene indirectamente formada mediante
la positiva.
La proposición positiva debe presuponer la
existencia de la proposición negativa, y viceversa.
5.52 Si los valores de 1 son todos los valores de una función fx para todos los valores de x, entonces N(Z) = ¬ (3 x) . fx.
5.521 Separo el concepto todo de la función veritativa. Frege y Russell introdujeron la generalidad en conexión con el producto lógico o la suma lógica. Se hizo difícil por eso comprender las proposiciones «(3x) . fx» y «(x) . fx» en las que ambas ideas están encerradas.
5.522 Lo propio del signo de generalidad es, primero, que remite a una figura lógica primitiva y, segundo, que destaca las constantes.
5.523 El signo de generalidad aparece como argumento.
5.524 Si están dados los objetos, con ello nos vienen ya
dados tambien todos los objetos.
Si están dadas las proposiciones elementales, con
ello nos vienen ya dadas también todas las proposiciones
elementales.
5.525 No es correcto reproducir la proposición «(3x) .
.fx» en palabras -como hace Russell- mediante
«fx es posible».
Certeza, posibilidad e imposibilidad de un estado
de cosas no vienen expresadas mediante una proposicion,
sino mediante el hecho de que una expresión sea
una tautología, una proposición con sentido o una
contradicción.
Aquel caso precedente al que uno quisiera remitirse
siempre debe estar ya en el símbolo.
5.526 Cabe describir el mundo completamente mediante
proposiciones enteramente generalizadas, lo que
quiere decir, pues, sin adscribir de entrada a
nombre alguno un objeto determinado.
Para llegar después al modo corriente de expresión
hay que decir simplemente tras una expresión
como «hay una y sólo una x tal que... »: y esta x
es a.
5.5261 Una proposición enteramente generalizada es,
como cualquier otra, una proposición compuesta.
(Esto se muestra en el hecho de que en
«(3x,w).wx» tenemos que mencionar separadamente
«w» y «x». Ambas están independientemente en
relaciones designantes con el mundo, como en la
proposición no generalizada.)
Distintivo del símbolo compuesto: tiene algo en
común con otros símbolos.
5.5262 La verdad o falsedad de cualquier proposición cambia, ciertamente, algo en la trama general del mundo. Y el ámbito de juego que la totalidad de las proposiciones elementales deja a su trama es precisamente aquel que delimitan las proposiciones enteramente generalizadas. (Si una proposición elemental es verdadera, con ello, en cualquier caso, es verdadera una proposición elemental más.)
5.53 Expreso la igualdad del objeto mediante la igualdad del signo y no con ayuda de un signo de igualdad. La diversidad de los objetos, mediante la de los signos.
5.5301 Es evidente que la identidad no es una relación
entre objetos. Esto queda muy claro si se considera,
p. ej., la proposición «(x) : fx . =) . x = a».
Lo que esta proposición dice es simplemente que
solo a satisface la función f, y no que sólo satisfacen
la función f aquellas cosas que están en una
determinada relación con a.
Cabría decir, Por supuesto, que sólo a está, efectivamente,
en esa relación con a, pero para expresar esto necesitaríamos
el propio signo de igualdad.
5.5302 La definición russelliana de « = » no basta; porque no puede decirse en orden a ella que dos objetos tengan todas las propiedades en común. (Aún cuando esta proposición jamás sea correcta, tiene, sin embargo, sentido.)
5.5303 Dicho sea de paso: es absurdo decir de dos cosas que son idénticas, y decir de una que es idéntica a sí misma no dice absolutamente nada.
5.531 Así pues, no escribo «f(a, b) . a = b», sino «f(a, a)» (o «f(b, b)»). Y no «f(a, b) . ¬a = b», sino «f(a, b)».
5.532 Y analogamente: no «(3x, y) . f(x, y). x = y»,
sino «(3x).f(x,x)»; y no «(3x,y) . f(x,y) . ¬
x = y», sino «(3x, y) . f(x, y)».
(Esto es, en lugar del russelliano «(3x,y) . f(x,y)»
: «(3X, y) . f(x, y) V . (3X) . f(x, x)».
5.5321 Así pues, en lugar de «(x) : fx: =) x = a» escribimos, p. ej., « (3 x) . fx . =) . fa : ¬ (3 x, y) . fx fy». Y la proposición «sólo una x satisface f()» suena: «(3x) . fx : ¬(3x, y) . fx: . fy».
5.533 El signo de igualdad no es, pues, componente esencial alguno de la escritura conceptual.
5.534 Y ahora vemos que pseudoproposiciones como: «a=a», «a=b . b=c . =) a=c», «(x) . x=x», «(3x) . x=a», etc., no pueden escribirse en abso- luto en una escritura conceptual correcta.
5.535 Con ello se solventan asimismo todos los problemas
que venían vinculados a tales pseudoproposiciones.
Todos los problemas que lleva consigo el «Axiom
of Infinity» de Russell pueden ser resueltos ya
aquí.
Lo que ha de decir el Axiom of infínity se expresaría en el lenguaje por la presencia de infinitos
nombres con significado diferente.
5.5351 Hay ciertos casos en los que se tiene la tentación
de utilizar expresiónes de la forma «a = a» o
«p=)p», y similares. Y tal sucede, efectivamente,
cuando se quiere hablar de la figura primitiva:
proposición, cosa, etc. Así, Russell ha reproducido
simbólicamente en los «Principles of Mathematics»
el absurdo «p es una proposición» mediante
«p=)p», y lo ha puesto como hipótesis ante
ciertas proposiciones, con el fin de que sus lugares
argumentales no pudieran ser ocupados sino por
proposiciones.
(Poner la hipótesis p=)p ante una proposición
para asegurarle argumentos de la forma correcta
es absurdo ya porque la hipótesis, para una
no-proposición como argumento, no pasa a ser falsa,
sino absurda, y porque la proposición misma
se convierte en absurda por argumentos de tipo
incorrecto, esto es, se preserva tan bien o tan mal
a sí misma de los argumentos incorrectos como
la hipótesis sin sentido añadida a tal efecto).
5.5352 Igualmente querría expresarse «no hay cosas» mediante «¬(3x) . x = x». Pero, incluso siendo esto una proposición, ¿acaso no sería también verdadera sí «hubiera cosas», sí, pero cosas que no fueran idénticas a sí mismas?.
5.54 En la forma general de la proposición, la proposición no ocurre en la proposición sino como base de operaciones veritativas.
5.541 A primera vista parece como si una proposición
pudiera ocurrir en otra también de otro modo.
Especialmente en ciertas formas proposicionales
de la psicología como «A cree que p es el caso»,
o «A piensa p», etc.
Aquí, a una mirada superficial puede parecer,
ciertamente, como si la proposición p estuviera con
un objeto A en una clase de relación.
(Y en la moderna teoría del conocimiento (Russell,
Moore, etc.), dichas proposiciones, en efecto,
han sido concebidas así.)
5.542 Pero está claro que «A cree que p», «A piensa p», «A dice p» son de la forma «'p' dice p»: y aquí no se trata de una coordinación de un hecho y un objeto, sino de la coordinación de hechos mediante la coordinación de sus objetos.
5.5421 Esto muestra también que el alma -el sujeto,
etc.-, tal como es concebida en la actual
psicología superficial, es una quimera.
Un alma compuesta no sería ya, ciertamente, un
alma.
5.5422 La explicación correcta de la forma de la proposición «A juzga p» ha de mostrar que es ímposible juzgar un absurdo. (La teoría de Russell no satisface esta condición.
5.5423 Percibir un complejo quiere decir percibir que sus partes integrantes se comportan unas respecto
de otras de tal y tal modo.
Esto explica asimismo, ciertamente, que la
figura pueda ser vista de dos modos como cubo; y todos
los fenómenos similares. Porque en realidad lo
que vemos son dos hechos diferentes.
(Si miro primero a los ángulos a y sólo fugazmente a los b, entonces a aparece delante; y viceversa.)
5.55 Debemos responder ahora a priori a la pregunta
por todas las formas posibles de proposiciones
elementales.
La proposición elemental consta de nombres. Pero
como no podemos aducir el número de nombres
de significado diferente, tampoco podemos aducir
la composición de la proposición elemental.
5.551 Nuestro principio fundamental es que cualquier
interrogante que pueda resolverse en general
mediante la lógica ha de poder resolverse sin más.
(Y si llegamos a la situación de tener que solucionar
un problema de este tipo contemplando
el mundo, ello mostraría que vamos por caminos
radicalmente equivocados).
5.552 La «experiencia» que necesitamos para comprender
la lógica no es la de que algo se comporta de
tal y tal modo, sino la de que algo es; pero esto,
justamente, no es ninguna experiencia.
La lógica está antes de toda experiencia -de que
algo es así. Está antes del cómo, no antes del qué.
5.5521 Y si esto no fuera así, ¿cómo podríamos aplicar la lógica? Cabría decir: si hubiera una lógica aunque no hubiera ningun mundo, ¿como podría entonces haber una lógica dado que hay un mundo?
5.553 Russell dijo que hay relaciones simples entre
diferentes números de cosas (Indíviduales). Pero
¿entre que numeros? Y ¿cómo puede decidirse esto?
-¿Por la experiencia?
(No hay un número prominente).
5.554 La determinación de cualquier forma especial sería enteramente arbitraria.
5.5541 Tiene que resultar determinable a priori, p. ej., si puedo llegar a encontrarme en la situación de tener que designar algo con el signo de una relación de 27 términos.
5.5542 Pero ¿podemos siquiera preguntar así? ¿Podemos
establecer una forma sígnica y no saber si
puede corresponderle algo?
¿Tiene sentido la pregunta: qué ha de ser para
que algo pueda ser-el-caso?
5.555 Esta claro que tenemos un concepto de la proposición
elemental, prescindiendo de su forma lógica especial.
Pero donde pueden construirse símbolos de acuerdo a
un sistema, allí lo lógicamente importante
es este sistema y no cada uno de los símbolos
particulares.
Cómo iba a ser posible que en lógica tuviera que
habérmelas con fórmulas que puedo inventar;
más bien tengo que habérmelas con aquello que
me posibilita inventarlas.
5.556 No puede haber una jerarquia de las formas de las proposiciones elementales. Sólo podemos predecir lo que nosotros mismos construímos.
5.5561 La realidad empírica viene limitada por la totalidad de los objetos. El límite vuelve a mostrarse en la totalidad de las proposiciones elementales. Las jerarquias son y tienen que ser independientes de la realidad.
5.5562 Si sabemos por motivos puramente lógicos que tiene que haber proposiciones elementales, entonces cualquiera que comprenda las proposiciones en su forma no analizada tiene que saberlo.
5.5563 Todas las proposiciones de nuestro lenguaje
ordinario están de hecho, tal como estan,
perfectamente ordenadas desde un punto de vista lógico.
Lo más simple que hemos de indicar aquí no es
un símil de la verdad, sino la verdad misma.
(Nuestros problemas no son abstractos, sino aca-
so los más concretos que existen).
5.557 La aplicación de la lógica decide qué proposiciones
elementales hay.
Lo que pertenece a la aplicación es cosa que la
lógica no puede anticipar.
Esto es claro: la lógica no puede chocar con su
aplicación.
Pero la lógica ha de tocarse con su aplicación.
La lógica y su aplicación, pues, no pueden invadirse
una a otra.
5.5571 Si no puedo especificar a priori las proposiciones elementales, querer especificarlas tendrá que llevar a un manifiesto absurdo.
5.6 Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.
5.61 La lógica llena el mundo; los límites del mundo
son tambien sus límites.
No podemos, por consiguiente, decir en lógica:
en el mundo hay esto y esto, aquello no.
En efecto, esto presupondría, aparentemente, que
excluimos ciertas posibilidades; y ello no puede
ser el caso, porque, de otro modo, la lógica
tendría que rebasar los límites del mundo: si es que,
efectivamente, pudiera contemplar tales límites
también desde el otro lado.
Lo que no podemos pensar no lo podemos
pensar; asi pues, tampoco podemos decir lo que no
podemos pensar.
5.62 Esta observación ofrece la clave para resolver la
cuestión de en que medida es el solipsismo una
verdad.
En rigor, lo que el solipsismo entiende es
plenamente correcto, sólo que eso no se puede decir,
sino que se muestra.
Que el mundo es mí mundo se muestra en que
los límites del lenguaje (del lenguaje que sólo
yo entiendo) significan los límites de mi mundo.
5.621 El mundo y la vida son una y la misma cosa.
5.63 Yo soy mi mundo. (El microcosmos.)
5.631 El sujeto pensante, representante no existe.
Si yo escribiera un libro «El mundo tal como lo
encontré», debería informar en él también
sobre mi cuerpo y decir qué miembros obedecen
a mi voluntad y cuáles no, etc.; ciertamente
esto es un método para aislar el sujeto o, más
bien, para mostrar que en un sentido relevante
no hay sujeto: de él solo, en efecto, no cabría
tratar en este libro.
5.632 El sujeto no pertenece al mundo, sino que es un límite del mundo.
5.633 ¿Dónde descubrir en el mundo un sujeto metafísico?
Dices que ocurre aquí enteramente como con el
ojo y el campo visual. Pero el ojo no lo ves
realmente.
Y nada en el campo visual permite inferir que es
visto por un ojo.
5.6331 El campo visual no tiene, en efecto, y por así decirlo,
una forma como ésta:
5.634 Esto guarda relación con el hecho de que ninguna
parte de nuestra experiencia es tampoco a priori.
Todo lo que vemos podría ser tambien de otra
manera.
En general, todo lo que podemos describir podría
ser también de otra manera.
No hay orden alguno a priori de las cosas.
5.64 Se ve aqui cómo, llevado a sus últimas consecuencias,
el solipsismo coincide con el puro realismo.
El yo del solipsismo se contrae hasta convertirse
en un punto inextenso y queda la realidad con él
coordinada.
5.641 Existe, pues, realmente un sentido en el que
en filosofia puede tratarse no-psicológicamente
del yo.
El yo entra en la filosofia por el hecho de que
el «mundo es mi mundo».
El yo filosófico no es el hombre, ni el cuerpo
humano, ni el alma humana, de la que trata la
psicologia, sino el sujeto metafísico, el límite -no
una parte del mundo.
6 La forma general de la función veritativa es:
[¬p, ¬!, N (¬!)].
Esta es la forma general de la proposición.
6.001 Esto no dice otra cosa sino que toda proposición es un resultado de la aplicaci0n sucesiva de la operación N'(!) a las proposiciones elementales.
6.002 Dada la forma general de como una proposición está construida, con ello viene dada asimismo la forma general según la cual a partir de una proposición cabe obtener otra por medio de una operación.
6.01 La forma general de la operacion ... [Ver imágen]
6.02 Y así llegamos a los números: ...
[Ver imágen]
6.021 El número es el exponente de una operacíón.
6.022 El concepto de numero no es otra cosa que lo
común de todos los números, la forma general
del número.
El concepto de número es el numero variable.
Y el concepto de igualdad numérica es la forma
general de todas las igualdades numericas espe-
ciales.
6.03 La forma general del numero entero es: [0, !, ! + 1].
6.031 La teoria de las clases es enteramente superflua
en la matemática.
Esto guarda relación con el hecho de que la
generalidad que necesitamos en la matematica no
es la casual.
6.1 Las proposiciones de la lógica son tautologías.
6.11 Las proposiciones de la logica, pues, no dicen nada. (Son las proposiciones analíticas)
6.111 Las teorias que presentan una proposición de la
lógica como llena de contenido son siempre
falsas. Cabria, p. ej., creer que las palabras
«verdadero» y «falso» designan dos propiedades
entre otras, en cuyo caso parecería un hecho curioso
que cada proposición poseyera una de estas
propiedades. Nada menos evidente ahora que esto;
tan escasamente evidente como sonaría, por
ejemplo, la proposición «todas las rosas son o bien
amarillas o bien rojas», aunque fuera verdadera.
En efecto, esta proposición asume ahora por entero
el caracter de una proposición cientifico-natural,
y esto es el indicio seguro de que fue concebida
falsamente.
6.112 La explicación correcta de las proposiciones logicas ha de conferirles un lugar exclusivo entre todas las proposición
6.113 Que a la sola luz del símbolo pueda reconocerse que son verdaderas, es caracteristica peculiar de las proposiciones logicas, y este hecho encierra en sí toda la filosofía de la logica. Y del mismo modo, que no pueda reconocerse en la sola proposición la verdad o falsedad de las proposiciones no lógicas, es tambien uno de los hechos mas importantes,
6.12 Que las proposiciones de la lógica sean tautologias
es cosa que muestra las propiedades formales -logicas-
del lenguaje, del mundo.
Que sus partes integrantes, así unidas, den una
tautología, es cosa que caracteriza la lógica de sus
partes integrantes.
Para que proposiciones, unidas de un determinado
modo y manera, den una tautología, han de tener
determinadas propiedades estructurales. Que así
unidas den una tautologia, es cosa, pues, que
muestra que poseen esas propiedades estructurales.
6.1201 Que, por ejemplo, las proposiciones «p» y «¬p» den una tautología en la combinación «¬(p . -p)», es cosa que muestra que se contradicen entre sí. Que las proposiciones «p=)q», «p» y «q» den una tautología combinadas entre sí en la forma «(p=)q) . (p) : =) : (q)», es cosa que mues- tra que q se sigue de p y de p =) q. Que « (x) . fx : =) : fa» sea una tautología, muestra que fa se sigue de (x) . fx. Etc., etc.
6.1202 Está claro que, para el mismo fin, en lugar de las tautologías podrian utilizarse tambien las contradicciones.
6.1203 Para reconocer como tal una tautología, en los
casos en los que en la tautologia no aparece signo de
generalidad alguno, puede recurrirse al siguiente
método visual: en lugar de «p», «q», «r», etc.,
escribo «VpF», «VqF», «VrF», etc. Expreso la
combinacion veritativa mediante corchetes. P. ej.:
Y la coordinación de la verdad o falsedad de la
proposición entera con las combinaciones veritativas
de los argumentos veritativos, mediante rayas, del
siguiente modo:
Si en lugar de «q» ponemos «p» e investigamos
la conexión de las V y F más externas con las
más internas, resulta entonces que la verdad de
la proposición entera esta coordinada con todas
las combinaciones veritativas de su argumento;
su falsedad, con ninguna.
6.121 Las proposiciones de la lógica demuestran las
propiedades logicas de las proposiciones combinándolas
en proposiciones que no dicen nada.
Cabría llamar a este método un método-cero. En
la proposición lOgica se colocan proposiciones en
equilibrio recíproco, y el estado de equilibrio
muestra, entonces, cómo han de estar construidas
lógicamente esas proposiciónes.
6.122 De ello resulta que podemos pasar también sin las proposiciones lógicas, ya que en una notación adecuada podemos reconocer las propiedades formales de las proposiciones mirando simplemente esas proposiciones.
6.1221 Si dos proposiciones «p» y «q», p. ej., dan en la
combinación «p=)q» una tautologia, está claro
que q se sigue de p.
Que, p. ej., «q» se sigue de «p=)q . p», es cosa
que vemos a partir de las dos proposiciones mismas,
pero podemos también mostrarlo así: combinándolas
de modo que formen «p=)q.p : =D : q»;
y entonces muestran que se trata de una tautología.
6.1222 Esto aclara la cuestión de por qué las proposiciones lógicas no pueden ser confirmadas por la experiencia, como tampoco pueden ser refutadas por ella. Una proposición de la lógica no sólo no puede ser refutada por experiencia posible alguna, sino que tampoco debe poder ser confirmada por ella.
6.1223 Ahora queda claro por qué se ha sentido a menudo como si las «verdades lógicas» pudieran ser «postuladas» por nosotros: podemos, en efecto, postularlas en la medida en que podemos postular una notación satisfactoria.
6.1224 Ahora queda claro tambien por que se llamó a la logica la teoría de las formas y de la deducción.
6.123 Esta claro: las leyes logicas no pueden estar sometidas
a su vez a leyes lógicas.
(No hay, como creyó Russell, un principio de con-
tradicción propio para cada «type», sino que basta uno, ya que no se aplica a sí mismo.)
6.1231 El distintivo de la proposición logica no es la
validez general.
Porque ser general quiere decir sólo: valer
casualmente para todas las cosas. Ya que una
proposicion no generalizada puede ser tan tautológica
como una generalizada.
6.1232 Cabría llamar esencial a la validez general lógica
en contraposición a la casual de la proposición
«todos los hombres son mortales», por ejemplo.
Proposiciones como el «Axiom of reducibility»
de Russell no son proposiciones lógicas, y esto
explica nuestro sentimiento: que de ser verdaderas
sólo podrían serlo por una feliz casualidad.
6.1233 Puede imaginarse un mundo en el que el Axiom of reducibility no tenga validez. Pero está claro que la lógica no tiene nada que ver con la cuestión de si nuestro mundo es realmente así o no.
6.124 Las proposiciones lógicas describen el armazón
del mundo o, más bien, lo representan. No «tratan»
de nada. Presuponen que los nombres tienen
significado, y las proposiciones elementales,
sentido; y ésta es su conexión con el mundo. Está
claro que algo tiene que indicar sobre el mundo el
hecho de que ciertas conexiones de símbolos
-que tienen esencialmente un carácter determinado-
sean tautologías. Aquí radica lo decisivo.
Decíamos que algo hay de arbitrario en los símbolos
que usamos y algo hay que no lo es. En la
lógica sólo esto se expresa: Pero ello quiere decir
que en la lógica no expresamos nosotros lo que
queremos con ayuda de los signos, sino que en
la lógica es la propia naturaleza de los signos
naturalmente necesarios lo que se expresa: Si conocemos
la sintaxis lógica de un lenguaje sígnico cualquiera,
entonces ya están dadas todas las proposiciones de
la lógica.
6.125 Es posible, y ciertamente también a la luz de la vieja concepción de la lógica, dar de antemano una descripción de todas las proposiciones lógicas "verdaderas".
6.1251 Por eso en la lógica tampoco puede haber nunca sorpresas.
6.126 Puede calcularse si una proposición pertenece a
la lógica calculando las propiedades lógicas del
símbolo.
Y esto lo hacemos cuando «demostramos» una
proposición logica. Porque formamos la proposición
lógica a partir de otras según meras reglas
sígnicas sin preocuparnos por un sentido y un
significado.
La demostración de las proposiciones lógicas
consiste en que las hacemos surgir a partir de otras
proposiciones lógicas mediante la aplicación
sucesiva de ciertas operaciones que a partir de las
prímeras generan una y otra vez tautologías.
(Y, ciertamente, de una tautología sólo se siguen
tautologías.)
Naturalmente, este modo de mostrar que
sus proposiciones son tautologías es enteramente
inesencial a la lógica. Ya por el hecho de que las
proposiciones de las que parte la demostración
tienen, efectivamente, que mostrar sin demostración
que son tautologías.
6.1261 En la logica proceso y resultado son equivalentes.
(Ninguna sorpresa, en consecuencia.)
6.1262 En la lógica la demostración no es sino un medio mecánico auxiliar para un más fácil reconocímiento de la tautología, cuando ésta es complicada.
6.1263 Sería, en efecto, demasiado extraño que se pudiera demostrar lógicamente una proposición con sentido a partir de otra, y una proposición lógica también. Está claro de antemano que la demostración lógica de una proposición con sentido y la demostración en la lógica han de ser dos cosas de todo punto diferentes.
6.1264 La proposición con sentido enuncia algo, y su demostración muestra que ello es así; en la lógica toda proposición es la forma de una demostración. Toda proposición de la lógica es un modus ponens representado en signos. (Y el modus ponens no puede ser expresado mediante una proposición.)
6.1265 Siempre puede concebirse la lógica de modo que toda proposición sea su propia demostración.
6.127 Todas las proposiciones de la lógica son pariguales;
no hay esencialmente entre ellas leyes fundamentales
y proposiciones derivadas.
Toda tautología muestra por ella misma que es
una tautología.
6.1271 Está claro que el número de las «leyes lógicas
fundamentales» es arbitrario, puesto que la lógica
podía, efectivamente, derivarse de una ley fundamental
con solo formar, p. ej., el producto lógico
a partir de las leyes fundamentales de Frege.
(Frege diría tal vez que esta ley fundamental
ya no es inmediatamente evidente. Pero no deja
de resultar curioso que un pensador tan exacto
como Frege haya invocado el grado de evidencia
como criterio de la proposición lógica.)
6.13 La lógica no es una teoría sino una figura especular
del mundo.
La lógica es trascendental.
6.2 La matemática es un método lógico.
Las proposiciones de la matemática son ecuaciones,
es decir, pseudoproposicíones.
6.21 La proposición matemática no expresa pensamiento alguno.
6.211 En la vida lo que necesitamos nunca es, ciertamente,
la proposición matemática, sino que utilizamos la
proposición matemática sólo para deducir de proposiciones
que no pertenecen a la matemática otras proposiciones
que tampoco pertenecen a ella.
(En la filosofía el interrogante «para qué usamos
realmente tal palabra, tal proposición» lleva una
y otra vez a valiosos esclarecimientos.)
6.22 La matemática muestra en las ecuaciones la lógica del mundo que las proposiciones de la lógica muestran en las tautologías.
6.23 Si dos expresiónes vienen unidas por el signo de
igualdad, ello quiere decir que son sustituibles
una por otra. Pero si esto es el caso tiene que
mostrarse en las dos expresiónes mismas.
Que dos expresiónes sean sustituíbles una por
otra, caracteriza su forma lógica.
6.231 Es una propiedad de la afirmación, que pueda ser
concebida como doble negación.
Es una propiedad de « 1 + 1 + 1 + 1 », que
pueda concebirse como «(1 + 1) + (1 + 1)».
6.232 Frege dice que ambas expresiónes tienen el mismo significado, pero diferente sentido. Pero lo esencial de la ecuación es que no resulta necesaria para mostrar que las dos expresiónes unidas por el signo de igualdad tienen el mismo significado, ya que esto es algo que ambas expresiónes mismas dejan ver.
6.2321 Y que las proposiciones de la matemática puedan ser probadas, no quiere decir otra cosa sino que su corrección puede ser percibida sin necesidad de que lo que expresan sea ello mismo comparado, en orden a su corrección, con los hechos.
6.2322 No es posible afirmar la identidad del significado de dos, expresiónes. Porque para poder afirmar algo de su significado tengo que conocer su significado; y en la medida en que conozco su significado sé si significan lo mismo o algo diferente.
6.2323 La ecuación caracteriza sólo el punto de vista desde el que considero ambas expresiónes, es decir, el punto de vista de su igualdad de significado.
6.233 A la cuestión de si la intuición resulta necesaria para la resolución de los problemas matemáticos hay que responder que es precisamente el lenguaje el que procura aquí la necesaria intuición.
6.2331 Es precisamente el procedimiento del cálculo lo
que proporciona esta intuición.
El cálculo no es un experimento.
6.234 La matemática es un método de la lógica.
6.2341 Lo esencial del método matemático es trabajar con ecuaciones. Que toda proposición de la matemática deba entenderse por sí misma, es cosa que descansa precisamente en este método.
6.24 El metodo de la matemática para llegar a sus ecuaciones es el método de sustitución.
Porque las ecuaciones expresan la sustituibilidad
de dos expresiónes, y nosotros avanzamos de un
número de ecuaciones a ecuaciones nuevas sustituyendo
unas expresiónes por otras de acuerdo con las ecuaciones.
6.241
De ahí que la prueba de la proposición 2x2=4 se exprese así:
[ver imágen con la fórmula que transcribe W.]
6.3 La investigación de la lógica significa la investigación de toda legaliformidad. Y fuera de la lógica todo es casualidad.
6.31 En cualquier caso, la llamada ley de la inducción no puede ser una ley lógica, dado que es manifiestamente una proposición con sentido. Y por eso no puede ser tampoco una ley a priori.
6.32 La ley de causalidad no es una ley, sino la forma de una ley.
6.321 «Ley de causalidad» no es un nombre generico. Y al igual que en la mecánica decimos que hay leyes del mínimum -tales como la ley de la minima acción-, hay en la física leyes de causalidad, leyes de la forma de causalidad.
6.3211 Se ha sospechado, ciertamente, que tenía que haber una «ley de la mínima acción» antes de saber con exactitud como rezaba. (Aquí, como siempre, lo cierto a priorí se revela como algo puramente lógico).
6.33 No creemos a priori en una ley de conservacion, sino que conocemos a priori la posibilidad de una forma lógica.
6.34 Todas aquellas proposiciones, como el principio de razón, de la continuidad en la naturaleza, del minimo gasto en la naturaleza, etc., etc., todas ellas son intuiciones a priori sobre la posible conformación de las proposiciones de la ciencia.
6.341 La mecanica newtoniana, por ejemplo, lleva la
descripción del mundo a una forma unitaria.
Imaginemonos una superficie blanca con manchas
negras irregulares. Diriamos entonces: cualquiera
que sea la figura que toma cuerpo así, siempre
puedo aproximarme arbitrariamente a su descripción,
cubriendo la superficie con una red cuadriculada
suficientemente fina y diciendo, acto seguido, de
cada cuadrado que es blanco o que es negro.
Habré llevado de este modo la descripcion
de la superficie a una forma unitaria. Esta forma
es arbitraria, puesto que con igual éxito hubiera
podido utilizar una red con aberturas triangulares
o exagonales. Puede que la descripción con
ayuda de una red triangulada hubiera resultado
más sencilla; esto quiere decir que podríamos
describir más exactamente la superficie con una
red triangulada más burda que con una cuadricu-
lada más fina (o al revés), etc. A las diferentes
redes corresponden diferentes sistemas de
descripción del mundo. La mecánica determina una
forma de descripción del mundo al decir: todas las
proposiciones de la descripción del mundo tienen
que obtenerse de un modo y manera dados a
partír de un número de proposiciones dadas -los
axiomas mecánicos-. Procura así los materiales
para la construcci0n del edificio científico y dice:
cualquiera que sea el edificio que quieras levantar
tendrás que construirlo de algún modo con éstos
y sólo estos materiales.
(Al igual que con el sistema numérico ha de poderse
escribir un número arbitrario cualquiera,
con el sistema de la mecánica, una proposición
cualquiera de la física.)
6.342 Y ahora vemos la posición recíproca de lógica y
mecanica. (Cabría hacer, también, que la red se
compusiera de figuras de otro tipo, de triángulos
y exagonos, por ejemplo.) Que una figura como la
arriba citada pueda ser descrita mediante una red
de una forma dada, es cosa que no dice nada
sobre la figura. (Porque esto vale para cualquier
figura de este tipo.) Pero lo que caracteriza a la
figura es esto: que puede describirse
enteramente mediante una determinada red de una
determinada finura.
Así pues, tampoco enuncia nada sobre el mundo
el hecho de que pueda ser descrito mediante la
mecanica newtoniana; pero sí, ciertamente, el
hecho de que se deje describir así mediante ella,
como, en efecto, es el caso. También dice algo
sobre el mundo el hecho de que pueda describirse
más sencillamente mediante una mecánica que
mediante otra.
6.343 La mecánica es un intento de construir de acuerdo con un plan todas las proposiciones verdaderas que necesitamos para la descripción del mundo.
6.3431 A través del aparato lógico entero, sin embargo, las leyes físicas hablan de los objetos del mundo.
6.3432 No debemos olvidar que la descripción del mundo mediante la mecánica es siempre enteramente general. En ella nunca se trata, p. ej., de puntos materiales determinados, sino de puntos cualesquiera.
6.35 Aunque en nuestra figura las manchas son figuras
geométricas, la geometría no puede, sin
embargo, obviamente, decir nada sobre su forma
y posición efectivas. Pero la red es puramente
geométrica, todas sus propiedades pueden indicarse
a priori.
Leyes como el principio de razón, etc., tratan de
la red, no de lo que la red describe.
6.36 Si hubiera una ley de causalidad podría rezar asi: «Hay leyes naturales». Pero, por supuesto, tal cosa no puede decirse; se muestra.
6.361 En el modo de expresión de Hertz cabría decir: sólo son pensables conexiones legaliformes.
6.3611 No podemos comparar ningún proceso con el
«decurso del tiempo» -este no existe-, sino solo
con otro proceso (con la marcha del cronómetro,
por ejemplo).
De ahí que la descripción del decurso temporal
sólo resulta posible apoyándonos en otro proceso.
Algo enteramente análogo vale para el espacio.
Donde se dice, p. ej., que no podría suceder
ninguno de dos acontecimientos (que se excluyen
recíprocamente) porque no se da ninguna
causa en orden a la que uno de ellos hubiera de
suceder más bien que el otro, se trata en realidad
de que no puede describirse en absoluto uno de
ellos si no se da cierta asimetría. Y si tal asimetría
está dada, entonces podemos concebirla como
causa de la ocurrencia del uno y de la no-ocurrencia
del otro.
6.36111 El problema kantiano de la mano derecha y de la mano izquierda, que no pueden hacerse coincidir superponiéndolas, se da ya en el plano, incluso en el espacio unidimensional, donde las dos figuras congruentes a y b tampoco pueden hacerse coincidir superponiéndolas sin sacarlas fuera de este espacio:
... 0 ----- X...X ----- 0 ...
a b
La mano derecha y la mano izquierda son, en
efecto, enteramente congruentes. Y nada tiene
que ver con ello el que no sea posible hacerlas
coincidir superponiéndolas.
Sería posible calzar el guante derecho en la mano
izquierda si cupiera darle la vuelta en el espacio
cuatridimensional.
6.362 Lo que se puede describir puede ocurrir tambien, y lo que ha de excluir la ley de causalidad es cosa que tampoco puede describirse.
6.363 El procedimiento de la inducción consiste en que asumimos la ley más simple que cabe armonizar con nuestras experienci
6.3631 Pero ese procedimiento no tiene una fundamentación
lógica, sino sólo psicológica.
Está claro que no hay fundamento alguno para
creer que ocurrirá realmente el caso más simple.
6.36311 Que el sol vaya a salir mañana es una hipótesis; y esto quiere decir: no sabemos si saldrá.
6.37 No hay una necesidad por la que algo tenga que ocurrir porque otra cosa haya ocurrido. Sólo hay una necesidad lógica.
6.371 A toda la visión moderna del mundo subyace el espejismo de que las llamadas leyes de la natura- leza son las explicaciones de los fenómenos de la naturaleza.
6.372 Y así se aferran a las leyes de la naturaleza como
a algo intocable, al igual que los antiguos a Dios
y al destino.
Y ambos tienen razón y no la tienen. Pero los
antiguos son, en cualquier caso, más claros en la
medida en que reconocen un final claro, en tanto
que en el nuevo sistema ha de parecer como
si todo estuviera explicado.
6.373 El mundo es independiente de mi voluntad.
6.374 Y aunque todo lo que deseamos sucediera, esto sólo sería, por así decirlo, una gracia del destino, dado que no hay conexión lógica alguna entre voluntad y mundo capaz de garantizar tal cosa, ni nosotros mismos podríamos querer la hipotética conexión física.
6.375 Al igual que sólo hay una necesidad lógica, sólo hay también una imposibilidad lógica.
6.3751 Que, por ejemplo, dos colores esten a la vez en
un lugar del campo visual es imposible y, a decir
verdad, lógicamente imposible, puesto que ello
viene excluido por la estructura lógica del color.
Pensemos cómo se representa esta contradicción
en la física; aproximadamente así: una partícula
no puede tener al mismo tiempo dos velocidades;
esto quiere decir que no puede estar al mismo
tiempo en dos lugares; esto quiere decir que
partículas en lugares diferentes, al mismo tiempo,
no pueden ser idénticas.
(Está claro que el producto lógico de dos
proposiciones elementales no puede ser una tautología
ni una contradicción. El enunciado de que un
punto del campo visual tiene al mismo tiempo dos
colores diferentes es una contradicción.)
6.4 Todas las proposiciones valen lo mismo.
6.41 El sentido del mundo tiene que residir fuera de
el. En el mundo todo es como es y todo sucede
como sucede; en él no hay valor alguno, y si lo
hubiera carecería de valor.
Si hay un valor que tenga valor ha de residir fuera
de todo suceder y ser-así. Porque todo suceder
y ser-así son casuales.
Lo que los hace no-casuales no puede residir en
el mundo; porque, de lo contrario, sería casual a
su vez.
Ha de residir fuera del mundo.
6.42 Por eso tampoco puede haber proposiciones eticas. Las proposiciones no pueden expresar nada más alto.
6.421 Está claro que la ética no resulta expresable.
La ética es trascendental.
(Etica y estética son una y la misma cosa).
6.422 Cuando se asienta una ley ética de la forma «tú
debes... » el primer pensamiento es: ¿y que, si
no lo hago? Pero está claro que la ética nada
tiene que ver con el premio y el castigo en sentido
ordinario. Esta pregunta por las consecuencias
de una acción tiene que ser, pues, irrelevante.
Al menos, estas consecuencias no deben ser
acontecimientos. Porque algo correcto tiene que
haber, a pesar de todo, en aquella interpelación.
Tiene que haber, en efecto, un tipo de premio
y de castigo éticos, pero éstos han de residir en
en la acción misma.
(Y está claro, asimismo, que el premio ha de ser
algo agradable y el castigo algo desagradable.)
6.423 De la voluntad como soporte de lo ético no cabe
hablar.
Y la voluntad como fenómeno sólo interesa a la
psicología.
6.43 Si la voluntad buena o mala cambia el mundo,
entonces sólo puede cambiar los límites del mundo,
no los hechos; no lo que puede expresarse mediante
el lenguaje.
En una palabra, el mundo tiene que convertirse
entonces en otro enteramente diferente. Tiene que
crecer o decrecer, por así decirlo, en su totalidad.
El mundo del feliz es otro que el del infeliz.
6.431 Al igual que en la muerte el mundo no cambia sino que cesa.
6.4311 La muerte no es un acontecimiento de la vida. No
se vive la muerte.
Si por eternidad se entiende, no una duración
temporal infinita, sino intemporalidad, entonces
vive eternamente quien vive en el presente.
Nuestra vida es tan infinita como ¡limitado es
nuestro campo visual!
6.4312 La inmortalidad temporal del alma del hombre,
esto es, su eterno sobrevivir tras la muerte, no
sólo no está garantizada en modo alguno, sino que,
ante todo, tal supuesto no procura en absoluto
lo que siempre se quiso alcanzar con el. ¿ Se resuelve
acaso un enigma porque yo sobreviva eternamente?
¿No es, pues, esta vida eterna, entonces, tan
enigmática como la presente? La solucion del
enigma de la vida en el espacio y el tiempo reside
fuera del espacio y del tiempo.
(No son problemas de la ciencia natural los que
hay que resolver.
6.432 Cómo sea el mundo es de todo punto indiferente para lo más alto. Dios no se manifiesta en el mundo.
6.4321 Los hechos pertenecen todos sólo a la tarea, no a la solucion.
6.44 No como sea el mundo es lo místico sino que sea.
6.45 La visión del mundo sub specie aeterni es su visión como-todo-limitado. El sentimiento del mundo como todo limitado es lo místico.
6.5 Respecto a una respuesta que no puede expresarse,
tampoco cabe expresar la pregunta.
El enigma no existe.
Sí una pregunta puede siquiera formularse, también
puede responderse.
6.51 El escepticismo no es irrebatible, sino manifiestamente
absurdo, cuando quiere dudar alli donde no puede
preguntarse.
Porque sólo puede existir duda donde existe una
pregunta, una pregunta solo donde existe una
respuesta, y esta, solo donde algo puede ser dicho.
6,52 Sentimos que aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo mas mínimo. Por supuesto que entonces ya no queda pregunta alguna; y esto es precisamente la respuesta.
6.521 La solución del problema de la vida se nota en la desaparición de ese problema. (¿No es ésta la razón por la que personas que tras largas dudas llegaron a ver claro el sentido de la vida, no pudieran decir, entonces, en qué consistía tal sentido?).
6.522 Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico.
6.53 El método correcto de la filosofía sería propiamente éste: no decir nada mas que lo que se puede decir, o sea, proposiciones de la ciencia natural -o sea, algo que nada tiene que ver con la filosofía-, y entonces, cuantas veces alguien quisíera decir algo metafísico, probarle que en sus proposiciones no había dado significado a ciertos signos. Este método le resultaría ínsatisfactorío -no tendría el sentimiento de que le enseñábamos filosofia-, pero seria el único estrictamente correcto.
6.54 Mis proposiciones esclarecen porque quien me
entiende las reconoce al final como absurdas,
cuando a través de ellas -sobre ellas- ha salido
fuera de ellas. (Tiene, por así decirlo, que arrojar
la escalera después de haber subido por ella.)
Tiene que superar estas proposiciones; entonces
ve correctamente el mundo.
7 De lo que no se puede hablar hay que callar.