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¿Por qué el control del tiempo? |
Una primera reacción de aquellos que escuchan por primera vez la idea del “control del tiempo” es la de pensar que, aquél que lo pone en práctica, padece alguna obsesión o no es, como individuo, muy “normal”. Las preguntas, ¿por qué te importa tanto el tiempo?, ¿por qué tanto control? o, parece algo obsesivo estarse constantemente pendiente del tiempo que le dedicamos a las cosas... son bastante comunes. A simple vista, el “control del tiempo” puede parecer algo negativo como de las anteriores preguntas y comentarios se intuye, sin embargo, los hay, pero a cuenta gotas, que les parece fascinante. Por otro lado, hay algunos que podrán pensar que es algo inútil o que no aporta nada el ponerlo en práctica, ya que se suele pensar que somos capaces de recordar el pasado, sin embargo, si nos ponemos en ello empiezan todo tipo de problemas. Se podría pensar también, ¿y por qué preocuparse por registrar el pasado y recordarlo? Con este texto pretendo dar algunas ideas que respondan a estas preguntas, ya que después de un año de ponerlo en práctica uno percibe más ventajas que desventajas.
¿A qué me refiero con “control del tiempo”? En mi caso es la contabilización de los minutos que le dedico al día a las actividades principales o que pienso son interesantes para registrar; respondería a la pregunta de cómo distribuyo las actividades cotidianas a lo largo del día o la semana. A mi modo de ver, las actividades tienen un tiempo real de dedicación y otro nominal. El real haría referencia al tiempo realmente dedicado a una tarea o actividad, y el nominal, a aquel tiempo que no estamos empleando en la realización de la tarea pero que pertenece a una tarea concreta. Por ejemplo, estamos leyendo un libro y de repente suena el teléfono, nos pasamos hablando cinco minutos. Este tiempo debería descontarse del tiempo de lectura ya que no ha sido empleado a ella. La siguiente pregunta podría ser, ¿y qué hacemos con esos 5 minutos? Personalmente no los contabilizaría, se “perderían”. Pero si la conversación llega a la media hora, entonces sí la tendría en cuenta. Pienso que cuanto más nos ajustamos al tiempo real más preciso es el registro y posteriormente el análisis que podamos hacer con los datos obtenidos. De todas formas, siendo la precisión numérica lo ideal, si la cifra no es muy exacta, ya es mucho mejor que nada, ya que como apuntaba en un principio, cuando intentamos recordar lo que hicimos a lo largo de los últimos días, tenemos ciertos problemas para hacerlo. Así que establecer a ojo el tiempo transcurrido ya puede ser suficiente. He observado a lo largo de este año de “control del tiempo” una serie de efectos sobre mi persona y mi conducta que no pueden deducirse a simple vista, ni sin haber pasado por esta experiencia. Cuando generamos una lista de actividades que llevamos a cabo a lo largo del día o los días, estamos implícitamente organizando y ordenando nuestro día a día, y eso es bueno si estamos metidos o llevamos a cabo muchas actividades. Por otro lado, dejamos de hacer un esfuerzo por mantener en mente todas aquellas actividades que debemos realizar, lo que permite destinar esas energías a otros esfuerzos (puede prevenir contra el olvido o el estrés). La agenda sería una solución a las citas y actividades pendientes en el futuro, pero esto va más allá, es más global porque lo integra todo (podría no utilizarse como agenda de futuro y sería sólo “una agenda del pasado”). Facilita una estructuración mental de nuestras actividades principales o intereses.
Una vez estructurado nuestro tiempo (al generar un orden de actividades), e iniciamos su contabilización temporal, emerge lo que a la mayor parte de la gente no le gusta oír: el control sobre las actividades. Pero como veremos no es el control que nos imaginamos, es otro más sutil. En este control juegan un papel importante la consciencia, la observación y la actitud del sujeto, factores que interaccionan entre sí. Como explicaré en seguida, estos elementos constituyen un zoom; facilitan que podamos ver detalles en nuestro día a día. Según la concepción oriental, la consciencia es contemplada como un sexto sentido que puede combinarse con los otros cinco, ya sea la vista y/o el oído. Además, este sexto sentido puede estar o no estar “presente” cuando realizamos actividades. En la mayoría de las veces no está presente, y si lo está, lo hace en un primer momento, luego desaparece. El caso más evidente es el de una actividad que requiere de concentración, por ejemplo, la lectura. Será muy difícil leer un libro, ser conscientes de que estamos leyendo y a la vez enterarnos de lo que leemos. Es cuestión de probarlo para verlo (lo puedes intentar al leer esto, tienes que verte a ti mismo leyendo y a la vez entender lo que lees). Tampoco necesitamos a la conciencia cuando realizamos acciones que están mínimamente automatizadas, por ejemplo los hábitos. Cuando conducimos, la mayoría de nuestros sentidos están activos, la vista, el oído, el tacto, el olfato (si algo se quema) y realizamos muchos movimientos de forma no-consciente. Una prueba de ello es que somos capaces de fumar (para los que aún lo hacen), hablar, escuchar música e incluso hablar por teléfono móvil sin que ello suponga un problema para la ejecución coordinada y la conducción. Pues si no necesitamos a la consciencia para realizar las actividades, ¿cuándo aparece entonces? Digamos que según las necesidades del individuo (considerándolo de forma global) en relación a la situación. Por ejemplo, en un restaurante, nos traen un plato que ya conocemos y vemos que tiene un aspecto algo extraño, lo olemos para comprobar su estado sanitario, decidimos que huele como siempre y nos lo comemos. Por costumbre no olfateamos la comida (oler deliberadamente), en este caso decidimos hacerlo porque teníamos alguna duda y necesitábamos más datos; una vez tomada la decisión giramos el sentido en otra dirección, o la pasamos a un segundo plano. Como se puede intuir, ser conscientes de algo implica de alguna manera al proceso de observación. Nos podemos preguntar, ¿y qué relación se establece ambas? ¿Es necesaria la consciencia en la observación? Creo que sucede lo mismo que en los casos anteriores, podemos observar y no ser conscientes de que lo estamos haciendo (sólo en un primer momento), una vez nos concentramos en la observación dejamos de serlo. Por lo tanto, en la observación puede estar presente la conciencia, pero, ¿y a la inversa?, ¿implica la consciencia observación? Siento que sí; si me hago consciente de algo lo estoy observando, estoy poniendo mi atención sobre ello. Por último, y llegando al verbo control, podemos decir que la actitud del individuo frente a una situación está relacionada con el control. Este verbo connota un poder que se establece sobre las cosas (o las personas). Una observación (mirar o escuchar) no es en si mismo ningún acto de dominio, pero si la persona quiere ejercer alguna clase de acción continuada sobre el objeto (por ej., imaginemos que es una madre que observa a su niño, y que está dispuesta a no permitirle conductas que lo pongan en riesgo) la observación implica control. Por lo tanto, vemos que la actitud que adopta la persona frente una situación, algo o alguien influye en el control. Resumiendo, una observación no es 'control' por si misma, pero puede serlo en cualquier momento, dependiendo de la actitud del sujeto o de las consecuencias de ésta. ¿Cómo podemos aplicar todo lo anterior al tema del tiempo y su control? Un ejemplo podría mostrar fácilmente esa aplicación. ¿Qué cambia, por ejemplo, en una observación cuando vemos un grupo de gente... o vemos 8 personas? Digamos que cambia el nivel de observación o incluso de conciencia sobre lo observado. Ver 8 personas es prestar más atención, en cambio un grupo, es haber visto a gente pero no saber nada más. Cuando aumentamos la atención sobre algo, en este caso sobre las personas, sabemos que hay 8, incluso podemos mirar las caras para saber si son conocidos, o ver qué tipo de ropa, cómo se mueven, en qué lengua hablan, qué edades pueden tener, etc. (todo esto también implica más esfuerzo y a la vez más tiempo). Incluso podría decir que si nos centramos mucho en el grupo de personas dejamos de percibir el contexto, lo que sucede al margen del grupo. Cuando llevamos el control del tiempo sucede lo mismo que con lo del grupo y las 8 personas. La atención detenida es como un zoom; cuanta más atención prestamos más detalles vemos. Podría decirse que el control del tiempo nos permite ver las 8 personas que constituyen el grupo. Uno puede saber que estudia mucho, pero sin los datos numéricos no tiene una idea clara de qué proporción de su día lo dedica a esa actividad. El número implica un ascenso drástico de la calidad de información. Ojo! siempre que el número esté bien usado, ya que se puede dar valores numéricos a datos puramente cualitativos (me quiero mucho, poquito, nada) y aquí la precisión es puramente verbal porque el número se usa como una máscara, fuera de sus posibilidades reales. Los hay que se dicen que son capaces de recordar cuánto hicieron de alguna actividad, que sienten que su percepción sobre el pasado es la correcta... que no falla. A mi sinceramente se me hace difícil saber cuánto tiempo dediqué a alguna actividad el año pasado. Además, a medida que nos hacemos mayores, la memoria cada vez falla más (por suerte yo aún soy joven). Podría decir, sobre alguna actividad en concreto, un mucho, poco o nada, pero eso me sirve de poco. Podemos poner como ejemplo el siguiente:
Creo que hacer ejercicio físico es bueno para la salud, para el buen funcionamiento general, el estado de ánimo, la circulación, etc. Recordar cuánto deporte hice el año pasado sin una ayuda es ver un grupo, en cambio, mirar este gráfico, me da la idea prácticamente exacta de que le dediqué, sólo un 2% de mi tiempo, que equivale a unas 66 horas durante el año; en este caso es ver a las personas. Esta información me puede impulsar a preocuparme un poco más por hacer deporte, hacerme consciente de que debería dedicarle más tiempo, por lo tanto, me sirve de autocontrol. Ya no sólo por un hecho de saberlo, sino por mi propia salud. Otro ejemplo sería el uso de Internet, o la dependencia al móvil!!. Pienso que ambas tecnologías utilizadas en exceso pueden ser nocivas. Suele ocurrir que sin darnos cuenta (sin ser conscientes) cada vez nos conectamos más a Internet, cada vez miramos más a menudo si tenemos correo electrónico, o con el móvil, lo mismo, cada vez estamos más pendientes de él, de si tenemos una llamada perdida, de si hay algún mensaje... y ya no digamos ahora con la nueva generación de móviles (los cuáles me resisto a comprar). El ordenador puede ayudarnos, puede servir de chivato para que nos avise y nos hagamos así conscientes de ese proceso de dependencia negativa que en muchas ocasiones es difícil de ver “desde dentro”. Pienso que hay que ir con cuidado por no convertir en adicción cualquier actividad, si eso sucede, estamos en un problema. Otro aspecto a comentar sobre el control es que no importa el tiempo dedicado a una actividad, ni si la empezamos y al cabo de poco rato la dejamos. El control no implica la obligación de realizar una actividad durante tanto rato estipulado. Ese control es más observación que “dominación”. De aquí se deduce que el control no es algo obsesivo, sino algo que tiene que ver más con la conciencia de uno mismo y lo que se hace. No obstante, esa observación, y respectivo control, puede convertirse en obsesión si nos volvemos inflexibles ante los cambios de actividad imprevistos y/o el control del tiempo se vuelve en una preocupación, si nos olvidamos o no lo medimos con precisión. Como decía antes, deberíamos ser capaces de sentir que podemos dejar de controlar el tiempo en cualquier momento y que no lo hacemos como obligación (auto-inducida). Digamos que ésta es la prueba del algodón. Quiero decir que si uno no puede evitar el llevar el control constante, es muy mala señal. Mejor abandonar por un tiempo esta práctica, porque nos hemos enviciado. La no-conciencia es necesaria para el equilibrio psicológico. Hay cosas que deben hacerse totalmente entregados, poseídos por la acción, sin evaluación. Por lo tanto, de lo anterior vemos que la consciencia puede estorbar, nos puede impedir realizar según que actividades. Por ejemplo, la creatividad, un momento creativo es totalmente incompatible con la conciencia sobre uno mismo y ese momento creativo. De todas formas, si nos detenemos un momento nos daremos cuenta de que somos inconscientes de nosotros mismos y de las cosas que hacemos la mayor parte del día. Como diría Jung: “... en el fondo existen muy pocos momentos en que somos realmente conscientes... por el contrario, el inconsciente es un estado constante, duradero... mientras escuchamos, hablamos, leemos, hablamos nuestro inconsciente sigue trabajando aun cuando no nos demos cuenta. Puede demostrarse que el inconsciente teje permanentemente un vasto sueño que, imperturbable, va siguiendo su camino por debajo de la conciencia y emerge por la noche en los sueños y, en ocasiones, incluso durante el día”. Como se deduce de lo anterior, otro de los beneficios de esta práctica es el desarrollo de la observación sobre uno mismo y el entorno en el que nos encontramos (hacernos más conscientes). Me digo, “también es una manera de conocerse”. ¿Realmente existe un mayor auto-conocimiento? ¿Qué podemos aprender de nosotros mismos con esta experiencia? ¿se aprende realmente algo nuevo? No es fácil saberlo. Siempre cabe la posibilidad de estar aprendiendo inconscientemente, incorporando información sobre mí mismo a consecuencia de registrar mi actividad y observar la evolución. Uno de los efectos de esa observación es el propio distanciamiento. Éste facilita la comprensión de lo que nos está sucediendo o, al menos, una desimplicación emocional; ésta existe aunque sea mínima. Este distanciamiento es el necesario para observar dependencias como las que yo comentaba antes y poder romper con ellas (pienso que este es un punto fundamental). Cambiando de tercio, de la organización y el orden generado, de este control que sin quererlo del todo surge como consecuencia de ser consciente y del registro del tiempo en unas tablas, aparece también, de forma muy sutil, un sentimiento de incomodidad o de decirse a uno mismo cuando dejamos una actividad de lado, “demasiadas casillas con el número cero”, que nos lleva a “hacer algo” por cambiar esa tendencia. Del mismo modo que cuando al finalizar el día veo que el tiempo no supera los 400 minutos (6 horas y 40 min) intento hacer algo para aumentar en cierta medida ese número. Los máximos están entre 600 y 700 minutos al día. Digamos que se tiende a no perder el tiempo! Puedo decir que de alguna forma, el ordenador está influyendo sobre mi conducta!, además he sido yo mismo el que he ido creando las condiciones para que eso suceda. Volvemos al control. No obstante, es preciso decir, que todo esto surge de forma muy sutil y sin que uno casi se dé cuenta. Esta influencia del ordenador hacia mí es mínima, pero existe. Una consecuencia de esto, es que a uno le es más fácil mantenerse constante en una tarea. Nos volvemos más disciplinados y perseverantes (ya sólo por la constancia que requiere el poner cada día los datos!!). Creo que todo esto es de ayuda para combatir la pereza que muchas veces vence a nuestra voluntad, y a mi me ocurre de vez en cuando, y para organizar y autodisciplinarse en actividades (en su mayoría) que nadie nos obliga a hacer; no sufriremos consecuencias negativas si no las llevamos a cabo. Ni nos rebajarán el sueldo, ni nos echarán de la empresa, ni nadie se enfadará con nosotros. Puede ser que en algunos casos pongamos actividades que sí traigan consecuencias negativas si no las llevamos a cabo (pero depende de cada cual). También hay un componente de auto-motivación. Cuando vemos que la tendencia en una actividad es creciente, la misma actividad nos impulsa a seguir constantes y motivados a seguir en la tarea. Suele ocurrir, por observación en los gráficos, que llega un momento en el que nos cansamos y la dedicación decrece enormemente. Se observan entonces ciclos y tendencias gracias a los gráficos que sin ellos y la contabilización del tiempo no podríamos ver. Observo como desde septiembre del año pasado mi actividad general diaria está marcada por ciclos y cierta tendencia creciente (creo que como efecto de la voluntad de querer que el valor supere los 400 min. al día). Por último, podemos ya no sólo aplicar el control, al tiempo, sino incluso a nuestro estado de ánimo. Podemos observar y registrar también nuestro estado de ánimo en cuatro momentos del día, durante la mañana (9H), a la hora de comer (2h), a media tarde (6h) y por la noche (a las 12h). Haciendo esto, podemos observar nuestra estabilidad emocional a lo largo de los meses. No podría observarlo si no fuese gracias al gráfico y el registro. ¿Y cómo lo hago? Establezco un baremo, siempre sujeto a la imperfección de la valoración personal, entre cero y diez. Cero es totalmente hundido y diez el extremo. De este registro también noto cambios en mí. El ordenador influye en mi conducta nuevamente. Es curioso como siempre tiendo a poner una valoración lo más alta posible, para que la media del día sea positiva. Pienso que este hecho tiene un efecto positivo en mi estado de ánimo posterior. Como que de alguna manera el hecho de poner un número positivo-alto se tiene que corresponder con el estado auténtico (sino estaría falseando el registro, que iría en contra de mi propio beneficio), poner un dato alto me induce a estar mejor de ánimo. Como he dicho antes, siempre los efectos son muy sutiles y mínimos, pero están ahí y se pueden percibir levemente. Esto no suele suceder si estoy muy bien o si estoy mal, solamente cuando el estado es algo indefinido. Una vez llegado a este punto, creo haber explicado algunos de los puntos más importantes e interesantes de esta práctica tan poco común, como extraña. Espero haber despertado el interés o haber hecho reflexionar a algún lector sobre los efectos que pueden derivar del Control del Tiempo. En resumidas cuentas, la conclusión final es la de utilizar el ordenador como herramienta para que nos ayude a ver (a ser conscientes) fenómenos que suceden en nosotros, que de otra manera, nos serían más difíciles de observar. Como decía Jung, “... en el fondo existen muy pocos momentos en que somos realmente conscientes... por el contrario, el inconsciente es un estado constante, duradero...”
Pepón Jover |
FIBVLAE (lat.: broche, vínculo, enlace) Otros textos relacionados:
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