Acaba de aparecer la traducción del esperado libro de J.F.R sobre un tema de gran actualidad: ¿en que medida los antiguos comunistas, y sus aliados, han hecho autocrítica sobre los errores cometidos.
En una época donde hasta la Iglesia Católica ha decidido hacer pública contricción de viejos errores (algunos con añejamiento de siglos), extraña que el hundimiento de la Unión Soviética y la apertura (relativa, todo hay que decirlo) de muchos archivos de los ex-países socialistas no haya movido al análisis y la siempre bienvenida autocrítica de la izquierda en general.
J.F.R. nunca ha tenido "pelos en la lengua". Recordamos su libro "El Conocimiento Inútil" (Espasa-Calpe, publicado en 1993) donde el autor hace una severa crítica de los medios de comunicación y del papel de los intelectuales en nuestra sociedad. En ese libro se pregunta: "Construída para funcionar gracias al conocimiento,¿es viable nuestra civilización si rehúsa utilizarlo?". La respuesta es que preferimos ignorar los hechos... si están en contra de nuestro prejuícios. Ahora, en "La gran mascarada" se analiza la supervivencia de la utopía socialista que trata de blanquear los viejos errores atribuyéndolos a deficiencias personales (algo muy poco marxista, por cierto) en vez de hundir el escalpelo en las profundas trampas estructurales de la propia ideología.
En estos dias que el máximo dirigente histórico del Partido Comunista Español publica un libro con el apoyo, nada ilógico por cierto, del establishment izquierdista hispano, resulta una tarea de higiene intelectual repasar las páginas de este viejo azote de estalinistas y neocomunistas.
Recomendamos, entonces, el libro como de lectura imprescindible, y aprovechamos para poner a disposición de nuestros lectores el reportaje salido en el ABC hace ya unos cuantos meses donde J.F.Revel deja caer sus opiniones sobre algunas cuestiones candentes.
Diario ABC (Madrid), 28/02/00
http://www.abc.es/abc/fijas/nacional/006pa00.asp
Jean-François Revel:
«La izquierda se niega a sacar todas las consecuencias del hundimiento del comunismo»
Juan Pedro QUIÑONERO
«La gran parade» (Ed. Plon), el último libro de Jean-François Revel, es una «bomba» cultural. Un ensayo que analiza la supervivencia nociva de la «utopía socialista» entre las élites intelectuales, comunistas, o simpatizantes, hostiles a cualquier tentativa de revisión de las ideas que desembocaron en la experiencia totalitaria más universal de la historia de la humanidad, con un costo humano que se cifra en la destrucción de centenares de millones de vidas humanas.
Con mucho brío verbal, en el tono más polémico y vitriólico, Revel plantea con mucha crudeza muchos de los grandes problemas culturales, ideológicos y políticos que afronta nuestra civilización, a las puertas de un nuevo milenio. Revel, autor de obras como «La tentación totalitaria» o «El estado megalómano», hace ahora una revisión devastadora de la historia de las ideas políticas durante la última década, tras el hundimiento fáustico del Muro de Berlín y la antigua URSS. Desde el salón de su domicilio, frente a la mole majestuosa de la catedral de Notre-Dame, Revel se enfrenta, solitario, a una de las páginas más trágicas del pensamiento occidental contemporáneo: la instauración y supervivencia de la tiranía, en nombre de un Bien siempre aplazado, nunca alcanzado, cuando sus partidarios se ven condenados al fracaso, la corrupción, la podredumbre, la dictadura, y, en nuestro tiempo, el terrorismo intelectual.
Sin duda, la obra y el diálogo con Revel exigen y reclaman, con urgencia, infinitas e indispensables matizaciones. Pero no es fácil olvidar que su reflexión nos obliga a plantear viejos y actuales problemas de fondo, para intentar hacer avanzar el concepto y la realidad de nuestras libertades, tan indispensables como volátiles, si no ejercemos el derecho a la palabra y la memoria contra las muy diversas formas de tiranía que pueden amenazarnos, y nos amenazan, hoy como ayer, de la tiranía del partido único a la tiranía de la sangre derramada en nombre de la pureza étnica.
LAS MÁSCARAS DEL DEMONIO
¿Buena parte de su obra pudiera resumirse en una frase: «Bajo la máscara del demonio del Bien, la tentación totalitaria es una constante del espíritu humano..." ¿ha superado Europa, nuestra civilización, las grandes tentaciones que desembocaron en el nazismo y el comunismo?
En la práctica inmediata, parece que sí. Europa y la construcción política de Europa reposan en una lógica liberal, de apertura de mercados y liberalización. En ese terreno, todos los partidos socialistas europeos han abandonado sus antiguas teorías, y han aceptado los principios de la Europa liberal. Dicho esto, en mi libro subrayo un problema de fondo, grave: la izquierda intelectual se niega a sacar todas las consecuencias del hundimiento del comunismo. Y esa negativa tiene muchos efectos y consecuencias perversas, de todo tipo. Esa negativa comporta un terrorismo intelectual de raíz estalinista, todavía.
¿Usted recuerda que fueron los economistas liberales de la escuela de Viena quienes denunciaron, los primeros, el paralelismo de los grandes proyectos económicos, nazis y comunistas? ¿Cuál es el futuro de los proyectos de control estatal de las economías ante la emergencia de la nueva economía planetaria?
Esas tentaciones totalitarias están bien presentes en muchos sectores de la izquierda intelectual. Pero, sencillamente, los intelectuales van por su camino, y la realidad va por otro muy distinto. En la realidad, los gobiernos socialistas se ven obligados a aceptar y poner en práctica políticas más o menos liberales, con muchísimos matices. Pero se ven obligados a privatizar, se ven obligados a abrir los mercados, a ir desmantelando los antiguos monopolios estatales. Los intelectuales, sin embargo, ellos, siguen negándose a aceptar la evidencia. Entre otras cosas, muchos intelectuales continúan practicando un cierto terrorismo intelectual, para no tener que confesar que se equivocaron, y mintieron de manera vergonzosa, durante muchas décadas.
¿Permitirá Internet y la nueva sociedad de la información acabar con el terrorismo intelectual de los partidarios de la tiranía del Bien?
La libertad de comunicación favorece el conocimiento. Pero también es una evidencia que la tentación totalitaria continúa siendo una realidad, incluso cuando la verdad es bien conocida por todos. Todavía hoy, nazismo y comunismo, por ejemplo, continúan siendo medidos con muy distinto rasero. Y esa diferencia de criterio, esa negativa a aceptar la realidad de los crímenes comunistas, nos plantea serios problemas culturales.
¿Podría explicar en qué consiste su concepto de «totalitarismo más favorecido», que usted desarrolla en su libro, para establecer un paralelismo de fondo entre comunismo y nazismo?
Hace más de diez años que se hundió la URSS, víctima de su putrefacción interna, y no derrotada militarmente por sus adversarios, como ocurrió con el nazismo. Muchos pensaron, naturalmente, que el más espectacular fracaso político de la historia humana suscitaría una reflexión crítica en el seno de la izquierda socialista, sobre la validez misma del socialismo. Pues bien, ocurrió lo contrario. Tras un instante de confusión, la izquierda, comunista y no comunista, lanzó una impresionante flota de justificaciones retrospectivas, sacando una consecuencia cómica: lo que verdaderamente quedaría refutado, con la historia del siglo XX, no sería el comunismo, sino el liberalismo... A partir de ahí, el terrorismo intelectual de izquierdas sacó una consecuencia inmediata, prohibiendo comparar los dos grandes totalitarismos del siglo XX, el comunismo y el nazismo. Decretando que está totalmente prohibido constatar la identidad de sus métodos, el paralelismo de sus crímenes, la similitud de sus proyectos económicos totalitarios, su fijación anti-liberal.
TOTALITARISMO Y LIBERTAD
¿En qué medida ese concepto de «totalitarismo más favorecido», del que continúa beneficiándose la utopía comunista, puede ser una amenaza para nuestras libertades?
De una manera muy simple. El terrorismo intelectual que se deriva de ese concepto y esa práctica intelectual continúa utilizándose de manera corriente en el mundo de la cultura. En la polémica cotidiana, los métodos totalitarios han impregnado los comportamientos de la izquierda intelectual, desde hace ochenta años que, incluso en ausencia del modelo soviético, continúan operando del mismo modo. Le cuento un ejemplo... «Liberation» ha dado noticia de mi libro con un artículo más bien favorable, pero el autor del artículo deseaba distanciarse de mi persona, y llega a decir que Revel escribe una tontería, afirmando que François Hollande, primer secretario del PS, tiene una «mentalidad, una cultura, de corte soviético»... Ahora bien, la verdad es que yo no he dicho ni escrito eso, ni mucho menos. Lo que yo digo, en mi libro, es que cuando salió el «Libro negro del comunismo», en 1997, François Hollande dijo, textualmente, que «la salida de ese libro es una manera indirecta de ayudar a la extrema derecha de Le Pen»... Tengo que recordar, ante esa afirmación, que once historiadores colaboraron en la redacción de ese libro, que trabajaron durante cinco años para escribir una obra de setecientas páginas, un trabajo histórico, un inventario, muy preciso... decir que todo ese trabajo ha sido realizado para ayudar a la extrema derecha, a mi modo de ver, es un razonamiento típicamente stalinista, en ese punto preciso y concreto. La izquierda francesa, y la izquierda de otros lugares, continúa utilizando cada día esos procedimientos manipuladores y falsificadores. Incluso en los países donde no hubo partidos comunistas fuertes, como los EE.UU., o Inglaterra.
¿Hay un paralelismo de fondo entre los nostálgicos de una utopía comunista pura y los nostálgicos de una cierta Europa ultra-conservadora, en el mejor de los casos ?
No creo en ese posible paralelismo. La Europa ultraconservadora y ultranacionalista no es una utopía, justamente. Mientras que la fuerza del comunismo es la de una utopía. Y, en verdad, las utopías no se consideran nunca refutadas por la realidad. Siempre se me responde: «Oiga, no juzgue usted el socialismo por las aplicaciones prácticas que se han hecho en su nombre». Yo me limito a constatar que, a pesar de la aparición, regularmente, de partidos de extrema derecha, la lógica de la construcción política de Europa va en el sentido de la apertura. En ese terreno, también somos víctimas del terrorismo intelectual. No me parece sensato atribuir a la xenofobia la necesidad de subrayar los problemas que plantea la inmigración. La inmigración siempre crea problemas, sobre todo cuando está incontrolada. Mire usted lo que ha ocurrido en España, en El Ejido... En España, no hay partido de extrema derecha, y los obreros del campo no piensan en Franco, ni en Hitler, ni mucho menos. Su comportamiento es la consecuencia negativa de una inmigración mal controlada. Decir que la inmigración sólo es viable si está bien controlada, no es ser un xenófobo, sino todo lo contrario. Cuando se intenta subrayar ese problema de fondo, el terrorismo intelectual desentierra la acusación de racismo.
EL CASO HAIDER
¿No se siente usted inquieto ante el fenómeno Haider y su extrema derecha, en Austria?
Por supuesto que me inquieto. El fenómeno Haider es perfectamente indeseable. Y subrayado esto, Haider no tiene nada que ver con los totalitarismos de entreguerras, con partidos apoyados por una fuerza militar considerable. Hasta ahora, Haider no ha dicho nunca que deseaba suprimir la democracia, mientras que Hitler y Mussolini, por ejemplo, estaban por el principio mismo de la democracia. En lugar de comparar a Haider, o Le Pen, a condenables e indeseables situaciones y personajes del pasado, sería más sensato reflexionar sobre las causas de esos fenómenos. Austria, por ejemplo, está socialmente angustiada, porque está en primera línea de la apertura de Europa al Este, y no puede hablarse de racismo, porque los europeos del este son blancos, como nosotros. Mucha gente votó a Haider para echar a la oligarquía burocrática. Bueno. Le recuerdo una evidencia: las elecciones austríacas tuvieron lugar en octubre, el gobierno se ha formado en febrero... durante todos esos meses, los conservadores intentaron negociar con los socialistas un plan de reformas, para reducir los déficits públicos y el gasto del Estado, reformar la seguridad social, las jubilaciones, como ocurre por todas partes. Durante todos esos meses, los socialistas austríacos se negaron a aceptar las reformas de fondo, porque los socialistas austríacos están prisioneros de los grandes sindicatos, corporatistas, que garantizan todo tipo de privilegios a sus miembros, y no quieren saber nada de reformas. Durante todos esos meses, ¿qué hicieron los gobiernos socialistas europeos? Los socialistas europeos descubrieron el peligro Haider cuando ya era demasiado tarde. Tras ese comportamiento irresponsable, de toda Europa, hoy, todo el mundo se lanza contra Austria, pero, al mismo tiempo, nos cruzamos de manos ante el genocidio que Moscú continúa perpetrando en Chechenia. Nos escandaliza, justamente, la amenaza Haider, pero nos cruzamos de brazos ante el genocidio ruso en Chechenia.
¿Por qué, a su modo de ver, los socialdemócratas han adoptado muchas de las formulaciones y la práctica liberal, el liberalismo, se impone como modelo económico universal, con infinitos matices, pero estallan, al mismo tiempo, movimientos no se si ultra-conservadores o ultra-izquierdistas, como el movimiento anti-mundialización liderado, en Francia, por un campesino que se llama José Bové, y que en México encarna el movimiento de Chiapas, denunciando, al unísono, las plagas del ultra-capitalismo?
LOS INTELECTUALES DE CHIAPAS
A mi modo de ver, se trata de otra consecuencia, patética, de la negativa socialista a sacar todas las consecuencias del hundimiento y el fracaso del comunismo, víctima de su propia corrupción totalitaria... En Chiapas hay una población india incontestablemente pobre y marginada con respecto al capitalismo de Estado impuesto por el PRI. Pero, fíjese, no son ellos, los indios, los que hablan contra el liberalismo: son los intelectuales venidos de México, el subcomandate Marcos y sus amigos, imponen su retórica antiliberal a la revuelta de Chiapas. Al mismo tiempo, como ocurre siempre, con las acciones de los nostálgicos del comunismo, ha engendrado resultados totalmente contrarios a los objetivos proclamados. Esa retórica ha reforzado el monopolio estatal del PRI.... En Francia,la retórica anti-liberal de José Bové y sus amigos es una cosa muy distinta. Como siempre, el Diablo son los EE.UU. Pero ¿quiénes sufren del proteccionismo francés y europeo ?... los países pobres y en vías de desarrollo, y, en particular, las agriculturas de América Latina. Como es habitual, el resultado de esas presiones es sencillamente perverso. Como en Chiapas, en Seattle, se ha conseguido lo contrario de lo que se decía defender: la gran conferencia mundial de Seattle tenía por objetivo abrir un poco los mercados agrícolas, y, como eso no se ha conseguido, quienes han ganado son las grandes economías proteccionistas y subvencionadas de los países ricos, conservando sus privilegios. En Seattle y Europa, los manifestantes anti-liberales gritan que han conseguido evitar que los países ricos impongan sus reformas a los países pobres. Gran miseria. Las reformas que se trataba de imponer eran el pago de salarios mínimos garantizados, e impedir el trabajo de los niños. Menudo triunfo para la izquierda: conseguir que no se prohíba el trabajo infantil, y conseguir que no se paguen salarios mínimos.
NUEVAS FORMAS DE TIRANÍA
¿Ante el fracaso de las grandes experiencias totalitarias del siglo XX, nazismo y comunismo, ¿cree que está garantizado para siempre el progreso de la libertad y las libertades, en la nueva civilización planetaria?
No. El progreso de la libertad no está garantizado, ni mucho menos. Pueden aparecer, en cualquier momento, nuevas formas de totalitarismo, con nuevos y distintos disfraces, que pueden imponerse de manera imprevista e inquietante. Eso siempre puede ocurrir. ¿Quién hubiera podido preveer, hacia 1900, que habría, en Europa, el comunismo, el fascismo y el nazismo? Desde 1815, desde el fin de las guerras de Napoleón, Europa parecía caminar hacia una democratización progresiva y regular, en todo el continente. La regresión, formidable, de Europa, tras la primera guerra mundial, es un fenómeno imprevisto y trágico. A nosotros nos toca ser muy precavidos. Con nuevos pretextos, inéditos, pueden emerger nuevos procesos totalitarios. Con el pretexto de proteger a a los más débiles, como ya ha ocurrido, tantas veces, a lo largo de la historia, en nombre de la justicia, pueden imponerse, en cualquier momento, nuevas formas de tiranía o dictadura. Fíjese usted que, hoy, los adversarios de la libertad y el liberalismo se encuentran, al mismo tiempo, a la extrema izquierda y a la extrema derecha. Los extremos se tocan en ese terreno esencial. Contra la libertad, contra la apertura de fronteras, contra la lógica liberal de la construcción política de Europa.