LIBRO DE LOS RITOS
I

Lourdes Rensoli Laliga

Madrid, 1994

 

 

"El hombre noble cultiva las virtudes

según el mandato del Cielo:

los ritos conforman la base de su vida"

 

Confucio

 

 

 

"Aquel que nos revela el sentido de nuestro

misterioso viaje interior debe ser un

extranjero, de otra creencia y de otra raza"

 

Mircea Eliade

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A todos aquellos que por raza,

lugar de nacimiento

o sentido de la vida

se sienten como "otros"

o son considerados como tales,

porque viven más plenamente

el esencial destierro del hombre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ORACULO

A Mircea Eliade

 

Leed aquí el sentido de todas las ofrendas,

los rituales y tiempos más justos y propicios,

buscad aquí la esencia que encubren los indicios

dispersos a lo largo de innumerables sendas.

 

Encontraréis los puntos donde al cabo confluyen

oraciones y cantos, intuiciones y enigmas,

donde nacen poderes, aureolas y estigmas

y dogmas y preceptos exhaustos se diluyen.

 

Descansad unas horas en mis frases amigas,

deteneos al borde de mis bullentes ondas,

descifrad las sentencias, historias y cantigas

 

surgidas de los aires, de los mares y frondas,

que la razón amansan y palian su fatiga

y al corazón devuelven la esperanza más honda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LIBRO DE ANANGA

 

 

"car en la fin, ce m'est advis,

fera Amour de moi martir,

je n'en puiz pas autre partir"

Guillaume de Lorris

Roman de la Rose

Mi corazón clama con fuerza por la casa de mi amante. El camino abierto y el albergue de un techo le son lo mismo a aquella que ha perdido a su esposo. Mi corazón no halla alegría en nada, mi pensamiento y mi cuerpo están fuera de sí. Su palacio tiene un millón de entradas, pero hay un vasto océano entre él y yo. ¿Cómo cruzarlo? Infinito es el camino.

Querido amigo, levanta el velo ahora, pues ésta es la noche del amor.

Dice Kabir: "¡Escúchame! Mi corazón

está ansioso por encontrar a mi amante: estoy sin sueño en mi lecho.

Acuérdate de mí cuando despunte el alba."

Kabir

 

 

 

 

 

OTRO

A ti, el día de nuestro reencuentro, tras siglos

 

¿Quién eres tú, persona,

ser humano que acecha bajo sus accidentes?

Quizás máscara, bruma, quizás nadie,

moldeado por dedos de color impreciso,

pero aun así me aguardas y me envuelves

en tu constante, tu implacable enigma.

Tus mil rostros

superan a los ángeles,

bendito seas por ello.

¿Qué darte? ¿cómo hablarte del tenue

amnios en que nacimos

en puntos tan diversos?

Enemigo tan propio, tan ajeno,

misterio que preside la danza de los astros

junto al trono de Dios,

amado impenetrable,

no quiero que me escuches,

no me dejes hablar, muestra tu rostro,

muestra las cicatrices

que la matriz eterna te ha dejado.

Tu halo

se ha impregnado del mío, lo ha copiado

imitando el proceso celular de la vida.

Nunca sabré quién eres,

hermano, semejante, mi verdugo,

destello del jamás, ambos instantes

de su implacable juego.

29 de diciembre de 1993

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SAMBHOGAKAYA

Hombre lejano,

hombre que me contempla desde todos

los confines del mundo,

hombre de montañas

y naturaleza áspera y agreste,

guardas en tus ojos rasgados

todos los matices del tiempo

y la fruición única,

irrepetible

del instante.

Tu piel tiene el color

suavemente curtido de los dioses, con tintes

de milenarios cantos, con música inahaprensible

para oídos ajenos.

Tu cuerpo

es la obra perfecta de la serenidad, y tu mirada,

el aura de esa música

irradiada en un enigma que invita

a escapar del lazo de los sentidos

mientras lo tiende en un gesto donde bullen,

renovadas hasta el infinito,

las tentaciones.

Hombre silencioso,

hombre de presencias

que se enredan en la carne,

tus pies saben que yerran

en busca del sendero

reservado a los Bienaventurados,

confusos, perdidos, sin más guía

que un saber antiguo disuelto en tu sangre,

cuyo latido me envuelve,

me deja sin fuerzas,

me hace desfallecer en la nostalgia

suprema de otra dimensión,

de la anulación de toda

barrera carnal.

Hombre de hablar sonoro,

de tonos y cadencias,

tus ojos rasgados

han acariciado incansables mis pechos,

los han hecho brotar

una y otra vez como frutos nuevos

que se dejan picar por los pájaros.

Bebe de ellos tu vino,

toma de ellos la ofrenda

que has de llevar al templo

al final de cada estación,

busca en ellos la fuerza

que hace girar el molinillo de oraciones,

 

 

porque también el amor

y la piedad supremos

--bien lo sabe tu estirpe- tienen sus cimientos y raíces

en el cuerpo firme y tibio

en el cual nos arrobamos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y NO SE QUE DETALLES

 

 

Frente a tus ojos doblo mi cabeza,

agonizo en tus pasos y en tus horas

y no sé qué detalles se me escapan

cuando intento ocuparme

de historias cotidianas o proyectos,

o quizás de ficciones que te opaquen

y me ofrezcan a cambio promesas engañosas

o todo aquello que desean muchos.

Sé que te estoy viviendo hasta los límites

de esta feminidad que me devora

y casi toco sus cerrados huertos

imprecisos, perdidos en acasos.

Esta feminidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GLU BZHAS (canción)

A la luz de la luna fluye el agua

y su murmullo calma mis afiebrados sueños,

estás ausente y toda la floresta

quiere hablarme de ti.

Las flores del almendro se agitan sigilosas,

un pétalo ha caído entre mis dedos,

su perfume llega hasta mi memoria

donde está dibujado tu semblante.

El cielo se engalana con las aves nocturnas,

el canto de los grillos acompaña sus sombras,

al borde del estanque, repitiendo tu nombre

paso la noche en vela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HAI KUS

En tu vuelo

apenas me rozaste,

te soñé un nuevo rostro.

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Por las montañas

el viento trae llantos imposibles:

son tus lluvias.

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Tus pasos se perdieron

por los desfiladeros del Himavat:

eran plegarias rítmicas.

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El tigre saltaba sobre el ciervo.

Su silueta

quedó en el cielo como un verso antiguo.

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Quedó un perfume apenas en mi cámara

y presentí

que eras tú entre dos sueños.

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Tu murmullo

oprimió mis sentidos

como algo que tememos preguntar.

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Se mueven tras las vidas fuerzas incomprensibles,

una de ellas

te engendró en mi memoria.

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Me ha visitado anoche

nuestra amiga querida,

brillabas tras sus ojos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TODAS IBAMOS A SER REINAS

A Gabriela Mistral

Niñas entonces,

sonrosadas caritas del engaño,

jugamos a vivir y a la aventura,

al amor, a la muerte, a la tristeza.

Nunca un rayo de sol pudo turbar el ímpetu

de los años primeros, porque todas

íbamos a ser reinas.

Hoy retorno:

sólo yo lo he logrado.

Llevo sobre mis sienes la corona,

en las manos el cetro

y sus púas acarician diariamente la sierpe

que roe mis entrañas.

Las otras se marcharon al cumplirse su tiempo,

el mundo las renueva ante mis ojos

y contemplo entre todas, sentada junto al mar, estremecida,

henchida de un dolor desconocido

a la nueva heredera del reino de la noche.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AL CABO

Llega la primavera y tú agonizas,

y mi aliento no logra devolverte

ni una sola razón, ni aun un destello

de motivos y fines. ¿Por qué tuve

que volar tan despacio,

quizás con demasiada luz y sombra?

Mi retoño es pequeño para tu hambre inmensa, inesperada,

para tus ojos tristes por el dolor y el miedo,

para tus engañosos estallidos,

tan helados

que me arrancan las lágrimas.

Sé que de nada vale mi ternura

pero te la regalo

como el Cielo

nos regala sus dones

con las flores, las lluvias, el azul insondable

de esta obstinada y pobre primavera

que agita nuestra sangre.

Volver el rostro, ¿a dónde? Si reclaman mis señas,

calladlas, por favor, amigos fieles,

nadie debe saber que me he perdido

entre ondas de humo.

Tú elegiste,

yo también elegí. ¿O acaso alguien

eligió por nosotros?

Sólo sé que me aguardan nuevas mutilaciones,

que me llevo conmigo mis tristezas

y tus ojos tan negros, brillándome en la sombra,

brillándome en la sombra de esta ciudad tan grande.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LLEVARTE A RAS DEL TIEMPO

No finjas, no permitas que el azar te condene

a míseros remedos

sin prisa por morir, en sus caminos

cansados de aguardar que desfallezcas.

No te libres de mí, ¿qué lograrías?,

prolongarme sin más, desdibujarme

y trazarme a tu modo.

No cierres tu memoria, es imposible,

has de vivir en mí, yo he de llevarte,

llevarte a ras del tiempo, a ras de los olvidos,

a ras de los latidos exhaustos de mi carne,

pasearme en tus sueños, quizás en los avisos

tenues de las veladas

cuando nos disponemos a volar hacia el Eros,

cuando las fantasías nos coronan de flores

con el olor que deja la caricia en los sexos

y nos llena las manos de neblina

porque es sólo una sombra el otro cuerpo.

Yo he de estallar en ráfagas de brisa

que estremezcan tu piel y te recuerden

que han quedado los besos envueltos en la música

de cada movimiento fugaz, en el anhelo

de la proximidad, en el rechazo

al clamor primordial: treguas, colores

en la sutil belleza de los labios

mordidos sin clemencia, sin apresar el fruto

ni saborear el jugo de los amaneceres,

temerosos de hallarnos, de mirarnos

y no reconocernos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NIÑO

¿Vendrás por fin, mi niño, mi alegría?

¿te tendré entre mis brazos?

¿beberás la esperanza de mis senos?

¿me enseñarás la risa del instante?

La angustia se agazapa entre los años

perdidos en tu busca

y no sé si hallaré tu cuerpecillo

en mis entrañas tristes, maltratadas

por guerras incesantes, por el hado

que intentó destruirnos a ti y a mí, mi niño.

Escúchame, no duermas

hasta que yo te cuente la historia de Gaiferos,

el sino de Abenámar,

las proezas de Krishna,

o te entone olvidadas cantinelas

sobre Elsa y Lohengrin.

Pero llora, reclama mi presencia,

no sea que la espera se haga eterna

y se seque mi vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GOVINDA

I

 

Languidece Radhika.

Caídos sus adornos,

sus ojos se marchitan

sin vislumbrar el rostro del amado

que danza en la floresta. Los recuerdos

de su historia de amor sólo provocan

el insomnio más largo.

Krishna, a lo lejos, lleva en su semblante

los rayos de la luna, que ilumina,

aun en la soledad y el abandono,

las mejillas de Radha.

 

II

 

"Mi amiga más querida, ya no existen

ni fuerza ni alegría.

El se burla de mí. Nada le importa

que he dejado mi casa, mis parientes,

olvidado mi honor, al escuchar un día

el mágico sonido de su flauta.

Soy una hoja de hierba entre sus manos,

soy el agua que baña sus miembros adorables,

soy el loto que brota de su frente,

¿qué harías por mí, pastora, compañera,

para que regresara?"

III

 

"Señor Krishna, me postro ante tu eterna

majestad, ante el sol de los tres mundos,

dígnate oirme, dios de nueve máscaras,

Radhika se consume, su mirada no brilla,

su rostro palidece. Inspira compasión

a quien consigue traspasar su puerta

cerrada a todas horas, porque el mundo

se resume en tu nombre

donde la oscuridad cae vencida.

Devuélvele la luz con tu presencia

mientras no sea demasiado tarde."

 

 

 

 

 

 

IV

 

 

"Radhika, la de senos que se rozan,

la de amplias caderas como bimbas,

la que lleva en sus labios el sabor del amrita

y en la piel el del soma,

mírame aquí, a tus plantas,

bríndame el néctar que en tu boca nace.

Mi amor es infinito, con mil rostros,

puede multiplicarse sin dejar de ser uno.

Vivo dentro de ti, surgí a tu sombra

y moriré contigo.

No existiría yo sin ti, perfecta

figura de la maya,

juntos hemos pasado siete veces

por el reino del cambio

antes de reencontrarnos en el bosque

donde me diste toda tu hermosura

en forma corporal. Yo soy la clave

de misterios y enigmas, y tu nombre

es uno de mis pasos."

"¿Por qué has dado tu amor, Señor del loto,

a las demás pastoras?

¿quizás me has despreciado

para llevarme al reino de la muerte

donde Kala confunde pensamientos y gestos?

No tengo más aliento que tu música,

más alegría que el giro de tu danza.

Sin duda alguna falta terrible he cometido

en vidas anteriores

que ahora pago sufriendo

al verte entre los brazos de las gopis

burlándote de mí."

 

V

 

"Radhika, mi elegida entre las bellas,

tus ojos no me engañan,

la dulce languidez que te recorre

es mi propio reflejo,

mi apariencia mortal está contigo

como siempre lo ha estado mi ser último.

Abandónate a mí. ¿A qué le temes,

si juntos perpetuamos la creación y damos

a cada criatura su energía y su tiempo?"

 

 

 

 

 

 

 

"Haz de mí lo que quieras, tú, bienaventurado,

divinidad eterna resumida

en la sílaba Om.

Mi pecho es el cristal que multiplica

la luz que de ti emana

como yo misma soy una palabra

de tus sagrados sutras."

Los trinos del kokila,

los elefantes ebrios por el mada

acompañan la fiesta de Ananga, las abejas

fecundan los azokas.

Todo revive, el mundo se renueva

por el fulgor de Hari, confundido

con el cuerpo de Radha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CARTA A MI AMANTE

Por sobre el mundo

 

Aunque no soy como ellos,

yo también creí un día que las hadas

y las princesas de los cuentos

eran, sin variación, de ojos azules

y cabellos de oro, quizás alguna vez negros

como los tuvo Blancanieves,

cuyo nombre la ponía

fuera de toda duda.

En mi infancia

me extasié cada tarde

al pasar por la tienda de un viejo anticuario;

en el escaparate, me aguardaban

casi desafiantes, las estampas

de los Orbis Terrarum: los antípodas,

hiperbóreos, australes, criaturas humanas

de Hibernia o del Catay,

a veces apoyados en las manos,

a veces con dos rostros, uno de ellos

en el vientre, con rasgos imposibles

y misteriosas cifras

al pie de cada ilustración.

¿Sabes?, me deslumbraban

aunque les temía un poco, ¿a qué negarlo?

y aun así soñaba con visitar sus reinos y sus selvas.

Nala, Rama, Simbad, y el adorable

Sandokán fueron revelaciones. No tenían

la blanca piel de Arturo o de Lohengrin.

Pasé meses indagando

quién los había armado caballeros

hasta que mis mayores

tuvieron el cuidado de explicarme

que no eran caballeros, que nunca lo serían,

que eran sólo leyendas de países remotos

a los que no se llega.

Yo amaba a Sandokán, y llegué a odiar

a los ingleses, que lo perseguían sin clemencia

y temblé por la suerte de Mariana

hurtada de su lado tantas veces.

No sé si te contaron

similares historias en tu infancia,

no sé si las creíste,

si alguna vez te hablaron de hadas buenas

o de amigos leales

de tipo anglosajón, mediterráneo, eslavo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy nos han convertido el mundo y los sociólogos

en imágenes mutuas del otro,

y hacen carrera hablando y escribiendo muchas cosas

que no tienen que ver con nuestras vidas.

Por ésto, por tantos absurdos,

no me esquives a causa de mi piel y mis ojos,

mira sólo mi cálida feminidad despierta ante tu sombra,

total presentimiento de tu hálito.

Mira sólo

que soy una promesa de ternura

y este amor, bendecido por el Cielo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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