El Concepto de Filosofía en Wittgenstein
K.T.Fann
(1969)
Cap V. La Transición
Tecnos, 2da. edición, Madrid, 1992.

{pag.62-75}


.../dice W/:

«Nosotros sólo podemos llegar a un análisis correcto mediante lo que podría llamarse la investigación lógica de los propios fenómenos, es decir, en cierto sentido a posteriori, y no conjeturando sobre posibilidades a priori. A menudo uno se ve inducido a preguntar desde un punto de vista a priori: ¿cuáles, finalmente, pueden ser las únicas formas de las proposiciones [elementales] ... Una forma [elemental] no puede preverse. Y sería sorprendente que los fenómenos ya no tuvieran nada que enseñarnos sobre su estructura».

El método puramente apriorístico del Tractatus es sometido a crítica y ahora recomienda (en cierto sentido) el método a posteriori de investigar los fenómenos reales del lenguaje. Este viraje en cuanto al método es lo que constituye la ruptura entre el primero y el último Wittgenstein. Un hecho interesante, raramente mencionado por los comentaristas, es que algunas semillas de la última filosofía de Wittgenstein estaban ya contenidas en sus pre-Tractatus Notebooks . Tal como, señalábamos anteriormente, tenía ciertas dudas sobre algunas de sus doctrinas básicas del Tractatus. Ni tan siquiera estaba seguro de su tesis principal, que afirma que la totalidad de las proposiciones es el lenguaje:

«¿Es una tautología decir: el lenguaje consiste en proposiciones? Parece que sí» (Nb., página 52)
Ni tampoco estaba seguro de la teoría figurativa:
«¡Por una parte, mi teoría de la representación lógica parece ser la única posible; por otra, parece contener una insoluble contradicción!» (Nb., p. 17)
Durante la composición del Tractatus creyó que debía haber «objetos», pero que el dar ejemplos de ellos no era trabajo del lógico. Sin embargo, escribió en los Notebooks:
«Nuestra dificultad consistía en que hablábamos de objetos simples, pero éramos incapaces de mencionar uno» (Nb., p. 68).
Por otra parte, hallamos observaciones como la siguiente:
«Yo sólo quiero justificar la vaguedad de las proposiciones ordinarias, porque puede justificarse» (Nb., p. 70); y «El modo de significar del lenguaje se refleja en su uso» (Nb., p. 82)
-una afirmación muy típica de las Investigations-. Algunas de estas ideas están contenidas, sin elaborar, en el Tractatus. En T., 6.211, hallamos una observación entre paréntesis: «(En filosofía, la pregunta '¿Con qué fin usamos tal palabra, tal proposición?', lleva siempre a resultados valiosos.)». Si se hubieran tomado en serio dichas observaciones, hubieran podido conducir a una filosofía muy distinta a la del Tractatus, ya que entraña claramente que debemos investigar el «uso real» del lenguaje (lo que constituye precisamente el énfasis principal de las Investigations).

De hecho, Wittgenstein siguió el método a priori llegando a los resultados del Tractatus. Black sugiere que los pensamientos de Wittgenstein estaban en constante flujo y que su posición fue intencionadamente «congelada» a fines de publicación. Tal explicación es errónea. Por lo que conozco sobre la vida y el carácter de Wittgenstein, no hay duda de que realmente creía haber resuelto todos los problemas filosóficos de importancia; por ello abandonó la filosofía. Las dudas expresadas en el Notebooks fueron suprimidas o resueltas cuando la publicación del Tractatus. Aparentemente, salieron a flote luego, en 1929, persiguiendo su mente atormentada. Los años que Wittgenstein empleó enseñando a niños de primera enseñanza pueden considerarse el factor más decisivo para la conformación de su última filosofía. La realidad de enseñar a niños a leer, escribir, calcular, etc., y la experiencia de compilar un diccionario para las escuelas primarias' deben haber contribuido a su última visión pragmática del lenguaje. ¿De qué otro modo se puede averiguar si un niño conoce el significado de una palabra sino observando cómo el niño usa tal palabra? ¿Y acaso la explicación del significado de una palabra a un niño no consiste precisamente en enseñarle el uso de esta palabra?   [*]

Los efectos de su experiencia pedagógica sobre su última filosofía son evidentes tanto en sus clases como en sus escritos. Una vez hizo notar que, para aclarar el significado de una palabra, es muy útil preguntarse a sí mismo:

«¿Como se aprende tal palabra?» «¿Cómo se las arreglaría uno para enseñar a usar tal palabra a un niño?».
En una conferencia de estética dijo: «Algo que siempre hacemos cuando discutimos una palabra es preguntar cómo se nos enseñó... ¿Cómo aprendimos 'soñé tal cosa'? Lo digno de resaltar es que nosotros no lo aprendimos porque se nos mostrara un sueño. Si usted se pregunta a sí mismo de qué modo un niño aprende 'fantástico', 'bien', etc., averigua que las aprende como cuasi-interjecciones»
En otro contexto, escribiendo sobre un tema similar, Wittgenstein pregunta:
«¿Estoy haciendo psicología infantil? Estoy estableciendo una conexión entre el concepto de aprendizaje y el concepto de significado»
. Sólo un maestro de escuela primaria hubiese podido pensar en establecer tal conexión. La consecuencia de tal conexión constituye un aspecto de gran importancia para su «nuevo método». Consideremos su tratamiento del siguiente problema tradicional:
Un hombre es un convencido realista; otro, un convencido idealista, y enseñan a sus niños en consecuencia. En materia tan importante como es la existencia o no existencia del mundo exterior no quieren cometer ningún error al enseñarlo a sus niños. ¿Qué se les enseñará a los niños? ¿Qué se les dirá que incluye la oración que ellos usan: ¿«Hay objetos físicos»? ¿Y su opuesta... ? A pesar de todo, el idealista enseñará a sus niños la palabra «silla», ya que, por supuesto, quiere enseñarles a hacer esto y aquello, por ejemplo, acercar una silla. En tal caso, ¿en qué estribará la diferencia entro lo enseñado a los niños educados de un modo idealista y los realistas?

También podemos preguntar: ¿Cuál será la diferencia entre lo que dicen los niños deterministas y los libertarios?, etc. Sin duda, Wittgenstein daría su asentimiento al dicho pragmático: una diferencia que no se nota no es realmente una diferencia. No sería exagerado decir que la visión del lenguaje desde una torre de marfil, propia del primer Wittgenstein, bajó a la tierra gracias a sus alumnos de la escuela primaria. Las circunstancias inmediatas de su cambio entre el Tractatus y las Investigations fueron debidas, en gran parte, a la crítica de Frank Ramsey Y Piero Sraffa, un economista italiano que enseñaba en Cambridge. En el prefacio a las Investigations, Wittgenstein reconoce la efectividad de la crítica que le obligó a «reconocer graves errores» en el Tractatus. Remite a discusiones relativas a esto en innumerables conversaciones con Ramsey durante los dos últimos años de su vida... » y a la sólida crítica que Sraffa «practicó, sin descanso, durante muchos años» sobre sus pensamientos; y reconoció: «Debo a este estímulo las ideas más consecuentes de este libro.» Dijo, según Von Wright, que sus discusiones con Sraffa le hacían sentirse como un árbol al que se habían cortado todas sus ramas. En ambos casos la crítica se reconoce simplemente sin indicación alguna de su carácter. Ya que no existen datos de tales discusiones, tan sólo podemos esbozar de qué tipo eran.

El tipo de crítica de Ramsey puede ser reconstruida a partir de sus ensayos póstumos, recogidos en un solo volumen. En Facts and Propositions, Ramsey dice:

«Debo enfatizar mi deuda al señor Wittgenstein, de quien se derivan mis opiniones en lógica. Todo lo que he dicho se debe a él, excepto las partes que tienen una tendencia pragmática que me parecen necesarias para llenar un bache en su sistema... Mi pragmatismo es... muy vago y no desarrollado. Creo que la esencia del pragmatismo consiste en que el significado de una oración debe definirse por referencias a las acciones hacia las que su aserto conduciría, o más vagamente aún., por sus posibles causas y efectos. De esto estoy seguro, pero de nada más definido»
. En su escrito Philosophy (1929), Ramsey dice:
«El peligro primordial de nuestra filosofía, dejando a un lado la indolencia y la estupidez, es el escolasticismo, cuya esencia consiste en tratar lo que es vago como si fuese preciso, tratando de encuadrarlo en una categoría lógica precisa. Un trazo típico de escolasticismo es la consideración witigensteniana de que todas nuestras proposiciones cotidianas están completamente en orden y de que es imposible pensar ilógicamente. La causa del escolasticismo se halla en el método de la Filosofía. «Construimos una lógica, y hacemos todos nuestros análisis filosóficos completamente inconscientemente, pensando siempre en los hechos y no en nuestra forma de pensar en ellos, decidiendo lo que queremos decir sin referencia alguna a la naturaleza de los significados» ". Un tal método lógico de análisis es insatisfactorio porque «en el proceso de clarificación de nuestro pensamiento tropezamos con términos y oraciones que no podemos elucidar mediante el socorrido procedimiento de definir su significado... [Pero] podemos explicar el modo en que se usan y en esta explicación nos vemos obligados a mirar no sólo los objetos de los que hablamos, sino también a nuestros estados mentales»
. En consecuencia, Ramsey recomienda que recobremos autoconciencia en filosofía -debemos prestar atención «al aspecto epistémico o subjetivo» del tema-. En contraste con el Tractatus, el examen de los conceptos epistemológicos y psicológicos el es de crucial importancia en las Investigations

De las observaciones arriba citadas, no es difícil ver en qué consistió la contribución de Ramsey a los últimos desarrollos de Wittgenstein. La tendencia decididamente pragmática en el trabajo del último Wittgenstein contrasta, en gran manera, con su visión teorética anterior. Su actitud pragmática tiene otras fuentes, a saber: William James. Los Principles of Psychology de James fue uno de los poquísimos libros que usó a modo de libro de texto en sus cursos. Drury cuenta:

«Wittgenstein tenía una gran admiración por James, Y las Varieties of Religious Experience fue uno de los pocos libros que insistió que debía leer»
. La razón de la admiración de Wittgenstein no es difícil de encontrar. Al comienzo de su segunda lección sobre The Varieties of Religious Experience, James escribe:
La mayor parte de libros sobre Filosofía de la Religión intentan comenzar con una definición precisa de cuál es su esencia»; y algo después dice: «La mente teorizante siempre tiende a la hipersimplificación de sus materiales. Tal es la raíz de todo el absolutismo y dogmatismo unilateral con que se han infectado tanto la filosofía como la religión. No caigamos inmediatamente en una visión unilateral de nuestro tema, sino por el contrario, admitamos abiertamente, desde el comienzo, que muy posiblemente no hallemos esencia alguna, sino muchos caracteres que pueden ser igualmente importantes para la Religión"; y en su primera lección dice: «Para comprender debidamente una cosa necesitamos verla a la vez fuera y dentro de su entorno», y «siempre lleva a la mejor comprensión del significado de una cosa el considerar, en otros contextos, sus exageraciones, perversiones, sus equivalentes, sustitutos y parientes, próximos»

Estas observaciones y sugerencias podrían insertarse en las Investigaciones sin producir extrañeza. El ataque de Wittgenstein al esencialismo, su noción de aires de familia, su uso de ejemplos extremos y su énfasis en las «circunstancias» son, sin duda, parientes próximos de las ideas de James. Los objetivos del ataque de James: la mente teorizante, la simplificación excesiva, la unilateralidad, el dogmatismo y la búsqueda de una «esencia» son precisamente las características del primer Wittgenstein.

El tipo de crítica de Sraffa no está claro, ya que no ha escrito nada sobre Wittgenstein ni sobre filosofía. La única cosa que sugiere algo sobre el tipo de crítica de Sraffa es una anécdota que Wittgenstein contó a MALCOLM. Según éste,

«un día... cuando Wittgenstein insistía en que una proposición y aquello que describe deben tener la misma 'forma lógica' y la misma 'multiplicidad lógica', Sraffa hizo un gesto típico de los napolitanos significando disgusto o desprecio, de cepillarse la parte inferior de la mejilla con un gesto hacia afuera con la punta de los dedos de una mano. El ejemplo de Sraffa produjo en Wittgenstein el sentimiento de que había un absurdo en su insistencia en que una proposición y aquello que describe debe tener la misma 'forma'. Ello le hizo poner en entredicho su idea de que una proposición debe ser literalmente 'una copia' de la realidad que describe».
Aunque esta crítica no constituye en sí misma un «contraejemplo» decisivo (pues según el Tractatus, el gesto no constituye una «proposición»), probablemente fue una serie de este tipo de contraejemplos concretos lo que hizo tambalear la idea de Wittgenstein de que el lenguaje siempre funciona de una misma manera. Lo importante del gesto antes descrito es su uso en circunstancias concretas. En contraposición con el Tractatus, donde estaba primordialmente interesado con el uso cognitivo del lenguaje, el últiMO Wittgenstein subrayó los aspectos expresivos tales como gestos, etc., cuyos significados son fijados por contextos sociales y situaciones concretas. A medida de que «el uso» va tomando más importancia, también lo hacen los que lo usan y en consecuencia la sociedad.

La contribución de Sraffa al desarrollo del último Wittgenstein debe ser más que su crítica «implacable», de otro modo Wittgenstein no hubiese dicho que debía al estímulo de Sraffa las ideas más importantes de las Investigations. Un vislumbre de la contribución positiva de Sraffa se puede detectar en su único libro publicado, Production of Commodities by Means of Commodities (Prelude to a Critique of Economic Theory). En este breve trabajo de Economía (100 pp.), Sraffa utiliza lo que Mays llamó «el método de la antropología especulativa», que Wittgenstein usa profundamente en sus lecciones y escritos. Sraffa comienza su investigación del proceso de producción con una sociedad imaginaria:

«Consideremos una sociedad extremadamente simple, que tan sólo produce lo suficiente para mantenerse a sí misma..., supongamos primero que sólo se producen dos mercancías... »
y después va construyendo formas más complejas, añadiendo gradualmente nuevas características. Este método, centro de toda la investigación de Sraffa, es bastante crucial en la última obra de Wittgenstein. El importante método de imaginar y construir «juegos lingüísticos» simples y complejos parece ser una adaptación del método de Sraffa. En el Blue Book, Wittgenstein escribe:
«En el futuro llamaré su atención una y otra vez hacia lo que denominar juegos de lenguaje. Son modos de utilizar signos más sencillos que los modos en que usamos los signos de nuestro altamente complicado lenguaje ordinario... El estudio de los juegos lingüísticos es el estudio de las formas primitivas del lenguaje o lenguajes primitivos... Cuando consideramos formas de lenguaje tan sencillas, desaparece la niebla mental que parece envolver nuestro uso ordinario del lenguaje... Vemos que podemos construir las formas complicadas partiendo de las primitivas mediante la adición gradual de formas nuevas» (B. B., p. 17).

A la luz de lo anterior la afirmación de Von Wright de que la última filosofía de Wittgenstein está «totalmente fuera de toda tradición filosófica» no debe tomarse sin restricciones. Ni tampoco podemos aceptar su afirmación de que, aunque la amistad entre Moore y Wittgenstein duró hasta la muerte del último, «no hay (ni) rastro de influencia de la filosofía de MOORE en Wittgenstein". En el prefacio a sus Principia Ethica (obra leída por Wittgenstein) Moore escribe:

Me parece que en Etica, al igual que en los demás estudios filosóficos, las dificultades y desacuerdos, de los que está lleno su historia, se deben principalmente a una causa muy simple, a saber: el intento de responder a cuestiones, sin descubrir primero a qué cuestión se desea responder. No sé hasta qué punto se eliminaría esta fuente de error si los filósofos trataran de descubrir a qué pregunta están tratando de dar respuesta antes de lanzarse a responderla; pues el trabajo de análisis y distinción es, a menudo, muy difícil; podemos fracasar en nuestro intento de hacer el descubrimiento necesario aunque nos lo propongamos decididamente. Pero... si se hiciera tal intento, desaparecerían muchas de las dificultades y desacuerdos más conspicuos de la filosofía. De todos modos, los filósofos están tratando de probar constantemente que 'sí' o 'no' responden a preguntas 27 para las que ninguna de ambas respuestas es correcta... .

La idea de MOORE de «cuestionar la pregunta» a través de un análisis cuidadoso y la distinción del uso ordinario y su persistente defensa del sentido común están, a su vez, visiblemente presentes en el último trabajo de Wittgenstein. Es cierto que más tarde Wittgenstein criticó la «defensa del sentido común» de Moore por «infantil», pero admitió que era una idea importante, ya que destruyó soluciones prematuras de los problemas filosóficos. También es cierto que más tarde criticó el análisis -el método común a Russell, el primer Wittgenstein y los positivistas lógicos; pero valoraba el método de distinción-, que sólo Moore practicaba entre todos los filósofos británicos de esa época. Malcolm cuenta que Wittgenstein

«observó que si alguien intentaba hallar exactamente las palabras precisas para expresar una sutil distinción de pensamiento, definitivamente MOORE era la mejor persona a quien consultar»
. En el Tractatus, el único método de Wittgenstein era el «análisis lógico» que heredó de Russell, pero el método central de las Investigations podría propiamente llamarse el método de las diferencias. En vez de buscar las similitudes mediante el análisis, ahora se concentra en desvelar las diferencias por medio de la distinción. De hecho pensó en usar como un lema para las Investigations una cita del Rey Lear: «Te enseñaré diferencias». Hay otra fuente importante, raramente mencionada por los comentaristas. Los trabajos de Heinrich Hertz fueron siempre una fuente de inspiración para Wittgenstein -una deuda que reconoció tanto en sus primeros como en sus últimos escritos. En la introducción a sus The Principles of Mechanics, Hertz escribe:
A juzgar por las afirmaciones que se oyen con cansina frecuencia de que la naturaleza de la fuerza aún es un misterio, parece haber buena evidencia para creer que uno de los mayores problemas de la física consiste en la investigación de la naturaleza de la fuerza, y así sucesivamente. De igual modo se acomete a los teóricos de la electricidad preguntándoles por la naturaleza de la electricidad. ¿Por qué la gente nunca pregunta por la naturaleza del oro o por la velocidad? Se me ocurre que la diferencia debe estribar en lo siguiente: Con los términos «velocidad» y «oro», conectamos gran número de relaciones con otros términos; y entre tales relaciones no hallamos contradicciones que nos resulten embarazosas. Por ende estamos satisfechos y no formulamos más preguntas. Pero alrededor del término «fuerza» y «electricidad» hemos acumulado relaciones que no se pueden reconciliar entre sí. Tenemos vaga conciencia de ello y queremos aclarar las cosas. Nuestro confuso deseo halla su expresión en la confusa pregunta acerca de la naturaleza de la fuerza o de la electricidad. Pero lo que queremos en realidad no es una respuesta a tales preguntas. No es hallando nuevas relaciones y conexiones entre las cosas ya conocidas y de tal forma reduciendo quizá su número. Cuando se eliminen tan dolorosas contradicciones no se habrán contestado las preguntas acerca de la naturaleza de la fuerza, sino que nuestras mentes, libres ya de sus molestias, cesarán de formular preguntas ilegítimas... Estamos convencidos... de que los defectos existentes son sólo defectos en cuanto a la forma, y que puede evitarse toda confusión e incertidumbre mediante una ordenación adecuada de las definiciones y notaciones y mediante el debido cuidado en cuanto al modo de expresión...
Esta larga cita se da aquí porque la concepción de la naturaleza de los problemas en filosofía de la ciencia de Hertz Y el método de solución (o más bien de disolución) que sugiere parece ser exactamente igual al de Wittgenstein en relación a la filosofía en general. Wittgenstein también consideró los problemas filosóficos como «molestias» causadas por relaciones contradictorias que hemos acumulado alrededor de ciertos términos clave tales como «conocimiento», «mente», «causa» y otros. Para su solución no se requiere el conocimiento de más hechos nuevos, sino «adecuada disposición de los que ya se conoce, así como el debido cuidado en su expresion».

Se pueden mencionar aquí otras posibles influencias sobre Wittgenstein. Además de Hertz, sus autores científicos favoritos eran Maxwell, Boltzmann, y especialmente el psicólogo Otto Weininger. Tenía en gran estima" los aforismos de George Lichtenberg y estaba familiarizado con el trabajo de Fritz Mauthner sobre la crítica del lenguaje. Es bien sabido que Wittgenstein no había leído sistemáticamente los clásicos de la filosofía. Pero leyó a Spinoza, Hume Y Kant. Y es significativo el hecho de que leyera gustoso a Platón, cuyo método filosófico es sorprendentemente parecido al del propio Wittgenstein. Sin embargo, eran de mayor importancia para él autores situados entre la filosofía y la religión: San Agustín, Pascal, Kierkegaard, Dostoiesky Y Tolstoy. Comienza las Investigations con una cita de las Confesiones de San Agustín (a quien leía en latín) no porque pudiera hallar las ideas expresadas allí en los escritos de otros filósofos, sino porque

las ideas deben ser importantes si mente tan grande las mantuvo
. En una ocasión dijo a un amigo que consideraba a Kierkegaard el mayor filósofo del Siglo XIX. De igual importancia para Wittgenstein fueron probablemente Karl Kraus y Adolf Loos, dos de sus distinguidos contemporáneos vieneses. La sustancial afinidad de sus ideas con las de dos autores aparentemente tan distintos se pone de manifiesto en la declaración de Kraus:
«Todo lo que Adolf Loos y yo -él materialmente y yo verbalmente- siempre hemos intentado decir es que hay una diferencia entre una urna y un bacín»
Hay otro factor que puede contribuir a comprender la transición. El primer Wittgenstein filosofaba en solitario, y los resultados eran emitidos en monólogos. Leyendo el Tractatus se tiene la sensación de que sus proposiciones deben ser aceptadas sin cuestionarlas. Su tono suena como el de un hombre poseído por la verdad. Carnap nos cuenta que cada declaración de Wittgenstein, incluso conversando, «nos parecía una obra de arte recién creada o una revelación divina». Por otra parte, la última filosofía surgió de discusiones y clases en las que empleaba el método socrático. Wittgenstein solía hacer hincapié en que su método no podía ser aprendido escuchando sus clases, la discusión era esencial. Consecuentemente las Investigations adoptan forma de diálogo.

He dibujado y documentado algunas de las fuerzas que contribuyeron al desarrollo del último Wittgenstein con el propósito de resaltar el contraste entre el Tractatus y las Investigations. No estaría de más recordar el consejo de Wittgenstein de que las Investigations «sólo pueden verse correctamente en contraste con y contra el fondo de mi viejo modo de pensar». Comprender y apreciar este contraste es ya de por sí haber captado el espíritu de las Investigations.

 

CAP. VI. EL RECHAZO DEL ANALISIS

El período que va desde su vuelta a Cambrigde hasta 1932, fue para Wittgenstein un período de continuado desarrollo y lucha. Sus pensamientos se reflejan en las Philosophische Bemerkungen y en las notas de Moore: Wittgenstein's lectures in 1930-33. Hacia 1933 había ya rechazado la concepción del lenguaje propia del Tractatus -la teoría figurativa del lenguaje al igual que la teoría de las funciones veritativas-. El Cuaderno Azul (N. del T.) de 1933-34 testifica su total transición entre su obra temprana y una filosofía radicalmente nueva que culmina con las Investigations.

El último Wittgenstein llegó a considerar el método y las doctrinas del Tractatus como un paradigma de filosofía tradicional. A lo largo de sus últimos escritos, los presupuestos y opiniones del Tractatus serán los objetivos centrales de su ataque, y, por tanto, es necesario comprender las críticas específicas al Tractatus contenidas en sus últimos trabajos. El Tractatus intentaba explicar «cómo es posible el lenguaje». Las proposiciones ordinarias son vagas, pero sirven a nuestros propósitos, ya que, según el primer Wittgenstein, realmente son lo suficiente claras y distintas. Esto se demostró a través del Análisis. Toda proposición puede ser analizada en un conjunto de proposiciones elementales, compuestas por nombres que se refieren a objetos simples. Se creía que debía existir un «análisis último», con el que todas las proposiciones se descompusieran en proposiciones elementales. Esta opinión vino a ser atacada inmediatamente después de su vuelta a la filosofía. En 1931, en conversación con Schilick y Waismann, Wittgenstein dijo:

"Mucho más peligroso (que el dogmatismo) es otro error que igualmente invade todo mi libro: la noción de que existen cuestiones cuyas respuestas se descubrirán en fecha posterior (reconozco que no podemos hacer conjeturas a priori acerca de las formas de las proposiciones elementales), pero pensé, sin embargo, que en algún momento posterior sería posible dar una lista de las proposiciones elementales. Solo recientemente me he librado de este error. En aquella época escribí en el manuscrito de mi libro, aunque no fue impreso en el Tractatus: «la solución de las cuestiones filosóficas nunca debe llegar en forma de sorpresa. En filosofía nada puede ser descubierto». Sin embargo, yo mismo no entendía esto con suficiente claridad y cometí el error que criticaba».
Según MOORE, Wittgenstein dijo en una de sus primeras clases que en lo que debió cambiar más de opinión fue en lo referente a las proposiciones elementales y su conexión con las funciones veritativas. Comenzó señalando que no había dado ningún ejemplo de proposición elemental y que este hecho indicaba que algo marchaba mal, aunque era difícil decir qué era. Por aquel entonces consideraba absurdo hablar de análisis último, pero no formuló críticas específicas hasta la composición de las Investigations. En las Investigations, Wittgenstein no sólo critica los presupuestos básicos de] Tractatus, sino que también discute el tipo de consideraciones que llevaron a ello. Uno de los presupuestos básicos del Tractatus es que toda proposición tiene un sentido determinado o definido que puede ser claramente establecido (T., 3.251). ¿Por qué parece necesario que toda proposición debe tener un sentido definido?
"Podríamos decir que el sentido de una proposición puede dejar esto o aquello abierto, pero la proposición debe, sin embargo, tener un sentido definido. Un sentido indefinido no sería en absoluto ningún tipo de sentido; esto es como decir: una frontera indefinida no es frontera en absoluto. Quizá uno piense: Si yo digo: «He encerrado perfectamente al hombre en la habitación -sólo queda una puerta abierta»- en tal caso no lo he encerrado; su estar encerrado es un engaño. Uno se siente inclinado a decir: «Usted no ha hecho nada» (tener una cerca con una abertura es como no tener ninguna). ¿Pero es cierto? (P. I., § 99).
Que toda proposición debe tener un sentido definido, era un presupuesto que el primer Wittgenstein heredó de Frege. Frege mantiene que un concepto vago no es un concepto, al igual que un área con límites confusos no puede, de ninguna manera, llamarse área. Wittgenstein observó que esto posiblemente signifique que no podemos hacer nada con ella. Pero
«¿acaso una fotografía borrosa no es de algún modo un retrato de una persona? ¿Es siempre preferible sustituir una fotografía borrosa por otra nítida? ¿Acaso no es una borrosa la que a menudo necesitamos?» (P. I., § 71).
Wittgenstein ahora se da cuenta de que su anterior parecer sobre las proposiciones
«no era el resultado de una investigación, era un requisito» (P. I., § 107).
Su concepción del lenguaje requería que toda proposición tuviera un sentido definido. Esta era una idea preconcebida sobre las proposiciones que impedía una visión clara,
«como unas gafas sobre nuestra nariz a través de las que vemos todo lo que miramos. Nunca se nos ocurre quitárnoslas» (P. I., § 103). Debemos quitarnos las gafas y deshacernos de las ideas preconcebidas, «cambiando todo nuestro modo de examen (podríamos decir: debemos girar el eje de referencia de nuestro examen tomando como centro nuestras necesidades reales)» (P. I., § 108).
¿Qué hallamos al deshacernos de las ideas preconcebidas? Según Wittgenstein, hallamos que los hechos del lenguaje no se conforman a nuestro requisito a priori.
«Cuanto más estrechamente examinamos el lenguaje real, más agudo se hace el conflicto entre él y nuestros requisitos» (P. I., § 107). Hallamos que en el lenguaje real muchas proposiciones son vagas, inexactas e indefinidas, pero sirven perfectamente para nuestros propósitos.
«Si digo a alguien 'estate de pie por ahí', ¿acaso no puede tal indicación funcionar perfectamente? ¿Y no sería posible que cualquier otra no funcionara?» (P. I., § 88).
Alguien puede criticar esta indicación por «imprecisa», ¿pero qué significa«imprecisa» en este contexto? Ciertamente no significa «inusable». ¿Cómo sería una indicación «precisa»? Son concebibles varios modos de aclarar una orden de este tipo, por ejemplo: Traza una línea con la tiza alrededor del área indicada. Pero una línea tiene grosor y, por tanto, un hilo de color sería incluso más preciso. ¿Pero a qué obedece, en tales circunstancias, el esforzarse en incrementar la precisión? ¿Acaso el motor no está funcionando en vacío?, comenta Wittgenstein.

Ademas, «impreciso» y «preciso» son términos relativos. «Impreciso» se emplea como un reproche, y «preciso», como alabanza. Enunciados de precisión o imprecisión se hacen en relación a un objetivo o patrón dentro de un campo dado (o un juego de lenguaje). Lo que es impreciso logra su objetivo de forma menos perfecta que lo que es más preciso. No se ha establecido un único ideal (o patrón absoluto) de precisión. Lo que es considerado preciso para una receta de cocina puede ser considerado terriblemente impreciso en la preparación de una receta médica. No tiene sentido criticar al cocinero por no lograr rivalizar con los patrones de precisión del farmacéutico.

Intimamente conectado con la suposición de que toda proposición debe tener un sentido definido está la suposición de que el proceso de análisis hace claro y explícito el sentido de una proposición. El método de análisis era absolutamente esencial a toda la doctrina del Tractatus. Es perfectamente correcto considerar al primer Wittgenstein como un filósofo «analítico», y su filosofía fue muy acertadamente clasificada de «analítica», junto a la de Russell, Moore Y los Positivistas. Sin embargo, en la actualidad se está sometiendo a severa crítica la noción de análisis. Supongamos que digo: «Mi escoba está en el rincón.» ¿Se trata realmente de un enunciado sobre un palo de escoba y un penacho? Es cierto que la escoba consta de dos partes, ¿pero alguien dice: a) «La escoba está en el rincón», realmente quiere decir, b) «El palo de la escoba está en el rincón, el penacho está en el rincón y el palo de la escoba está unido al penacho»? Wittgenstein responde de modo peculiar:

"Si preguntamos a alguien si quería decir esto, probablemente diría que no había pensado específicamente en el palo de la escoba ni en el penacho en absoluto. Y ésta sería la respuesta correcta, ya que no quería hablar ni del palo ni del penacho en particular. Supongamos que en vez de decir tráeme la escoba dijera: « iTráeme el palo de la escoba y el penacho que está adosado a él! » ¿No es acaso la respuesta adecuada? ¿Quiere la escoba? ¿Por qué lo dice de forma tan rara?" (P. I., § 601).
Los filósofos analíticos quieren llamar a b) una forma «más analizada» de a) en el sentido de que b) expresa más claramente el significado de a). Esto, como Wittgenstein señala, nos obliga a pensar que la primera es la forma más fundamental y que si tan sólo tenemos la forma no-analizada nos perdemos ese análisis. Pero, considerando el problema desde otro punto de vista, ¿no podríamos decir que un aspecto del problema se pierde también en la forma «analizada»? (P. I., § 6 3).

Wittgenstein indica que es cierto que algunas veces los malentendidos

«se pueden evitar sustituyendo una forma de expresión por otra; puede llamarse a esto un 'análisis' de nuestras formas de expresión» (P. I., § 90)
Así, pues, el análisis es útil en algunos casos. Sin embargo, podemos inclinarnos a pensar que las formas «más analizadas» de una expresión pueden ser analizadas una y otra vez hasta llegar a un «análisis último» en el que la expresión es totalmente clarificada y su vaguedad eliminada.
«Podríamos decirlo así: eliminamos malentendidos haciendo más precisas nuestras expresiones; pero en este caso puede parecer como si nos moviéramos hacia un estado especial, el estado de precisión total; como si esto fuera el objetivo real de nuestra investigación» (P. I., § 91).
Aquí Wittgenstein se refiere claramente a su creencia anterior de que nuestras expresiones cotidianas estaban esencialmente no-analizadas, y que el sentido de cada expresión podría ser completamente desmenuzado en términos de «proposiciones elementales». La creencia en un «análisis último» está íntimamente conectada con el presupuesto del Tractatus de que la distinción entre lo simple y lo complejo es absoluta; que una cosa es, fuera de todo contexto, y sin restricciones, simple o compleja. El objetivo del análisis es descomponer las proposiciones compuestas que describen un hecho complejo, en las proposiciones más simples (o elementales) que describen los hechos más simples (o atómicos). Se asumía que la proposición más simple consistía en nombres que denotaban cosas absolutamente simples -los «objetos» de Wittgenstein y los «individuos» de Russell (P. I., § 46) 6 , que son las Partes más simples constitutivas de la realidad. Y ahora, Wittgenstein pregunta:
«¿Cuáles son las partes simples constitutivas de una silla? ¿Los trozos de madera de la que está hecha? ¿Las moléculas o los átomos?» Y responde:
«'Simple' significa no-compuesto. Y aquí la cuestión estriba ¿en qué sentido es 'compuesta? No tiene ningún sentido hablar, en términos absolutos, de las 'partes simples de una silla'» (P. I., § 47).

«Simple» y «compuesta», al igual que «preciso» e «impreciso», son términos relativos. En cierto contexto una cosa puede llamarse simple y en otro contexto la misma cosa puede considerarse compuesta. En un sentido podemos decir que un tablero de ajedrez está compuesto de 32 cuadros blancos y 32 negros, y en este sentido podemos considerar al tablero de ajedrez «compuesto», y a los cuadros, «simples». Pero en otro contexto podemos desear describir al tablero de ajedrez siendo, compuesto de los colores blanco y negro y por un sistema de cuadros. ¿Y acaso es simple el color de un cuadro, o está formado de blanco puro y de amarillo puro? Además, ¿es simple el blanco puro o es el resultado de los colores del arco iris?

La cuestión es la siguiente: la simplicidad y la complejidad no son cualidades absolutas inherentes a la cosa misma. Usamos las palabras «simple» y «compuesto» en un gran número de acepciones en relación con diferentes contextos. Preguntar «¿es compuesto este objeto?» fuera de todo contexto o fuera de un juego de lenguaje concreto, recuerda a un niño que debe decir si los verbos de ciertas oraciones están en activa o en pasiva, y que se exprime el cerebro sobre la cuestión de si el verbo «dormir» es activo o pasivo (P. I., § 47). Wittgenstein considera que el hablar de las cosas en términos absolutos fuera de todo contexto es el defecto típico de los filósofos.[*]

«A la cuestión filosófica: ¿Es la imagen visual de árbol compuesta, y cuáles son sus partes constitutivas?»
La respuesta correcta es: «Depende de lo que usted considere 'compuesto'» «(Y esto, por supuesto, no es una respuesta, sino el rechazo de una pregunta)» (P. I., § 47).
Wittgenstein acaba de rechazar claramente la significatividad de hablar sobre «objetos» absolutamente simples, la existencia de «proposiciones elementales» y la noción de un «análisis» último. Para él, el «análisis» ya no es el método filosófico fundamental. En otra parte ridiculiza al analítico, como alguien que intenta encontrar a la auténtica alcachofa arrancándole, una a una, sus hojas[*] (B. B., p. 125; también, P. I., § 164). Es sorprendente comprobar que Wittgenstein, a pesar de su rechazo claro y firme del análisis, es generalmente catalogado como un filósofo «analítico». Sea lo que fuere, el último Wittgenstein ha dejado de ser un filósofo analítico.

Las notas con los textos de las citas deben consultarse directamente en el libro
[*] El destacado no está en el texto original.

 

FIBVLAE  
(lat.: broche, vínculo, enlace)

Otros textos relacionados:

Bibliografía de y sobre:  Wittgenstein

Fragmentos del Tractatus Tractatus

 

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