Dirección: Danny Boyle.
Países: Reino Unido, USA y Holanda.
Año: 2002.
Duración: 112 min.
Interpretación: Cillian Murphy (Jim), Naomie Harris (Selena), Brendan Gleeson (Frank), Christopher Eccleston (Mayor Henry West), Megan Burns (Hannah), Alex Palmer (Activista), Bindu De Stoppani (Activista), Jukka Hiltunen (Activista), David Schneider (Científico), Leo Bill (Jones).
Guión: Alex Garland.
Producción: Andrew Macdonald.
Música: John Murphy.
Fotografía: Anthony Dod Mantle.
Montaje: Chris Hill.
Diseño de producción: Mark Tildesley.
Dirección artística: Mark Digby, Patrick Rolfe y Dennis Schnegg.
Vestuario: Rachael Fleming.
Estreno en Reino Unido: 1 Nov 2002.
Estreno en España: 18 Julio 2003.










       Ver “28 Días Después” es ver dos películas de terror. Una cuyo argumento es la lucha por la supervivencia entre los pocos hombres que quedan y los “infectados”, (que no “zombies”, ya que no se arrastran como tales, si no que persiguen a sus posibles víctimas con una asombrosa agilidad, que no hace más que añadir puntos de tensión a la película), cuyos sangrientos y freáticos regurgitares pueden hacer a los hombres ser parte del infierno del que tratan de huir.

       En contrapartida, la otra forma de terror, “hombres matando hombres”, donde podemos disfrutar por momentos de la fría mirada que demuestran los ojos del protagonista cuando la lucha por la supervivencia ya no es sólo con los infectados.

       Las cámaras digitales utilizadas para dar más realismo hacen que algunos momentos se reste calidad a la imagen. Fíjense en las gotas de lluvia de algunos planos (¿postproducción o efecto de la cámara digital?) que pueden dar pié a un peculiar toque del trabajo de fotografía.

       Si el terror es mantener al espectador en tensión con sobresaltados picos que desembocan en un momentáneo alivio del sistema nervioso, esta es una película de terror. Las extenuantes persecuciones por las calles inglesas recuerdan a “Trainspotting”. El terror al más mínimo contacto con los infectados por temor al contagio (como sienten muchas personas con enfermedades como el SIDA), los nervios de acero en situaciones límite que sólo otorgan a personas del montón el instinto de supervivencia, y el frío ansia de matar de quien no se esperaría más que una rotunda respuesta de pacífica insumisión, ante una llamada a filas, son algunos de los temas que tratan de darle fondo a la película.


Javier Suárez.


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