ENTREVISTA A HARVEY KEITEL ("WOMAN" NÚMERO 36) ESPECIALISTA EN ENCARNAR A PERSONAJES BRUTALES Y EXTREMOS, A ESTE ACTOR CA- RISMÁTICO LO VEREMOS PRONTO EN EL FILME "SMOKE" COMO UNA PERSONA NORMAL. EN EL ÚLTIMO FESTIVAL DE "CANNES" TAMBIÉN TRIUNFÓ CON SU INTERPRETACIÓN EN "LA MIRA- DA DE ULISES", DEL GRIEGO ANGELOPOULOS. Existe una forma de presentar el sufrimiento y la violencia que tiene senti- do; y también una manera de hacerlo rebanando cabezas que resulta estúpida, afirma Harvey Keitel respecto a la cuestión a la cual su nombre parece estar cinemátograficamente tan unido. En efecto, su impacto en filmes brutales como "Reservoir Dogs" y PULP FICTION significa ahora que, cuando se descuelga con algo tan normal, en comparación, como "Smoke", los críticos se sientan a comentar su aparición en un papel nada extravagante. El actor encabeza un reparto de primera categoría, que incluye también a William Hurt, en un drama entretenido pero serio con un buen potencial comer- cial. Se trata de una historia ambientada en Brooklyn en la que la extrencidi- dad se encuentra discretamente presente durante toda la película. Keitel es el encargado de un estanco, y durante los últimos catorce años ha fotografiado la esquina de su calle a la misma hora todos los días, y justo desde la misma po- sición. El talante monótono y predecible de su vida y la de Hurt -un novelista de talento que sufre un bloqueo creativo desde la muerte de su esposa- se ve ame- nazado cuando el antiguo amor de Keitel se presenta pidiendo ayuda con su pro- blemática hija. Antes de empezar el rodaje de "Smoke", Keitel y Hurt participaron en un ex- traño ritual chino: como augurio de buena fortuna, los miembros del reparto se reunieron al alba del primer día para comer cerdo asado. La costumbre, traída de China por el director, Waine Wang, se basa, según explica, "en la creencia china de que cuando se rueda una película, las almas de los que la hacen son llevadas hasta el cielo; el sacrificio es un gesto de reintegración". EL CLUB DEL MILLÓN. La creciente cotización de Keitel -bromea respecto a que por fin ha entrado en el club del millón de dólares- proviene de su inconfundible dedicación a cada proyecto. Por ejemplo, en "La muerte en directo", una parábola de ciencia-ficción si- tuada en la desolación de los arrabales de Glasgow, su virtuosismo y su metó- dica dedicación al personaje impresionaron al director, Bertrand Tavernier, quien asegura que nunca había visto una atención tan detallada. Abel Ferrara, director de "Teniente Corrupto", resume: "Tipos como Harvey Keitel y Cristopher Walken están en el límite, justo en el límite. Y están ahí fuera sin red. Algunos críticos afirman que el teniente de Keitel -que prefiere liquidar a los sospechosos y robarles el dinero para mantener su hábito al "crack" antes que resolver los casos- constituye un retrato sin precedentes de un hombre en las simas de la degradación, hasta un nivel nunca visto con anterioridad en las pantallas. Pero Keitel, siempre dispuesto a defender sus personajes cinematográficos, explica: "trata sobre la dificultad del viaje a través de la vida, la dificul- tad de vivir sin pecado. Este hombre sufre, está atormentado. Su vida es un vacío". Pero, hasta donde se está preparado para llegar en la descripción de ese pe- cado? "Aquella jeringa era de verdad, se lo aseguro. Clavársela en el cuerpo es como un acto de autoviolación. Pero me encontraba preparado para llegar ca- si a cualquier parte por este guión. Cuando lo leí, fue como conocer a un tipo que sabes que se convertirá en tu amigo. Keitel nació en Brooklyn, en 1947. Su padre regentaba un puesto de refrescos y su madre era camarera. Él medita sobre la pobreza de su educación y hace un razonamiento: "Lo que no te mata te hace más fuerte". A los diecisiete años, después de ser expulsado del colegio por absentismo, se alistó a los "marines" y ascendió a cabo, y a menudo habla de la influencia espiritual que la disciplina militar ha tenido en su vida. INICIOS CON MARTIN SCORSESE. En sus primeros años de intérprete se ganó la vida como estenógrafo judicial. Contestó a un anuncio de Martin Scorsese en un periódico del gremio, y éste lo elogió de inmediato para "Who´s that knocking at my door?" (1968) y más tarde para "Malas calles" (1973). Ningún otro director advirtió el potencial de Keitel, y entre 1968 y 1975 sólo hizo tres filmes de Scorsese, una escasez de trabajo que el actor percibió como "humillante". Hubo un momento en el que Keitel pensó que la vida de actor estaba fuera de su alcance, a causa, sobre todo, de un tartamudeo que le ha costado mucho su- perar. Aún hoy le acompaña en todos los rodajes un logopeda personal. Este inconveniente puede explicar su renuncia a manifestarse sobre sus tra- bajos o su vida en general. Pero una película que continúa desatando su entu- siasmo es la polémica "La última tentación de Cristo", dirigida por Scorsese en 1989, en la que interpreta el papel de Judas: "Amplió mi experiencia de lo espiritual más que cualquier otro trabajo anterior" asegura Keitel. Desde entonces, ha venido estudiando las religiones orientales con gran fer- vor. "Como el filo de una cuchilla es la senda, difícil de atravesar; eso di- cen los poestas". "Siempre me había preguntado que significaría esta cita de los "upanisads" -cuenta el actor-, pero desde que hice "Teniente corrupto" ya lo sé". Al teniente le llega una suerte de redención después de que una monja perdo- ne a sus violadores en lugar de denunciarlos; pero después prosiguen escenas de un escalofriante poder psicológico que llevan a preguntar cómo es posible para un actor identificarse con un personaje así. "No sé cómo lo hago -responde Keitel después de meditarlo un rato-. Pero cuando he actuado por dinero en alguna de esas porquerías de moda de Hollywood ha sido el único momento en que me he preguntado a qué coste espiritual lo ha- bía hecho". Y añade: "Uno de los grandes problemas de nuestra civilización es la forma en que intentamos evitar el sufrimiento. Queremos evitarlo con pasión mataríamos por ello. Pero Marty (Scorsese) se atreve a explorar esas zonas de conflicto ético y espiritual sobre las que necesitamos aprender. Los dos somos creyentes y hemos experimentado los mismos conflictos religiosos. Él es cató- lico y yo, judío, pero ambos pertenecemos a la iglesia que lucha por lo que está bien. Es más un código moral personal que una religión formal". VIOLENCIA Y CONFLICTO. Ante la ilusión que a menos derramamiento de sangre ganarían un público más amplio y una mayor cotización en su carrera, el actor defiende su historial: "Yo hago películas sobre personas en conflicto, en el caos. Nunca he hecho filmes violentos. Bueno, no diré "nunca", porque podría necesitarlo algún día para pagar el alquiler". "Un filme violento es el que desnuda las tetas de una mujer por el mero he- cho de enseñarlas -prosigue-, en lugar de contener una cierta significación. Existe una forma de presentar los conflictos de nuestra sexualidad con un gran significado, y también una forma de sexualidad explícita que carece de cualquier sentido. Se pueden presentar el sufrimiento y la violencia de una manera expresiva, o al contrario, ir cortando cabezas de forma estúpida". Por "Thelma y Louise", una de las casi veinte películas que ha hecho durante los últimos seis años, obtuvo una nominación para los "oscars", y también está ahí su labor en la exitosa "El piano". La directora de esta última, Jane Campion, ahoga una risa al recordar su labor con Keitel: "Lo encontré muy tí- mido, vulnerable y comprometido -dice Campion-. Creo que el guión reflejaba cosas que en aquel momento estaban sucediendo en su vida. Él deseaba la opor- tunidad de expresar una aproximación más vulnerable a la masculinidad. Alguien con la paciencia de perseguir a una mujer de esa forma es toda una fantasía femenina. No sé si hay hombre así en realidad". Fuera de la pantalla, el personaje romántico de Keitel es... bueno, un poco salvaje. El actor mantuvo una relación con la protagonista de su película de 1993, "Snake eyes". ¿Su nombre? Madonna. Los enterados aseguran que Madonna se quedó prendada del vehemente Keitel en el plató de la película, después de que él insistiera en que sus escenas de amor fueran "tan realistas como fuera posible". Madonna comentó a sus amigos que "Snake eyes" era el primer filme en el que ella había actuado realmente bien, y todo gracias a Harvey.